El 86,6% de los argentinos necesitan dos o más empleos para llegar a fin de mes y el 62% tomó deuda para cubrir gastos básicos

Un informe de Zentrix Consultora revela el fuerte deterioro de los ingresos de los hogares: el 87,4% afirma que su salario pierde frente a la inflación, mientras crece el recurso al crédito para cubrir alimentos, tarifas y otros gastos esenciales.

Lunes, 03 de agosto de 2026 15:47

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de julio expuso un deterioro profundo de la situación económica de los hogares: el 87,4% considera que sus ingresos no le ganan a la inflación, dos de cada tres argentinos agotan su dinero antes o durante el día 20 del mes y el 61,9% se endeudó en los últimos seis meses. Más de la mitad de quienes tomaron deuda lo hicieron para cubrir gastos básicos.

El salario pierde contra la inflación

El punto de partida del deterioro es la pérdida de poder adquisitivo. Según el relevamiento, el 87,4% de los encuestados considera que sus ingresos no logran superar la inflación. La percepción atraviesa incluso al electorado oficialista: el 73% de quienes votaron al Gobierno reconoce que sus ingresos perdieron frente a los precios, mientras que entre los votantes opositores esa proporción alcanza el 97,1%.

La diferencia entre ambos grupos aparece más vinculada a la interpretación política del fenómeno que a su existencia. Mientras algunos lo consideran parte del costo de una transición económica, otros lo leen como una consecuencia directa de las políticas implementadas por el Gobierno de Javier Milei. Sin embargo, el deterioro del poder de compra es una experiencia extendida entre distintos sectores de la sociedad.

El dato adquiere mayor relevancia en un contexto en el que la inflación desaceleró respecto de los niveles registrados durante la crisis de 2023 y comienzos de 2024. Para los hogares, sin embargo, la baja de la velocidad de aumento de los precios no implica necesariamente una recuperación de los ingresos. El problema central continúa siendo la pérdida acumulada del salario frente al costo de vida.

Dos de cada tres argentinos llegan sin dinero al día 20

La consecuencia más concreta de esta situación aparece en el calendario. El 66% de los argentinos se queda sin dinero antes o, como máximo, para el día 20 del mes. Apenas el 9,3% afirma llegar a fin de mes con capacidad de ahorro.

La situación es todavía más crítica entre los jóvenes. En la franja de 18 a 39 años, el 85,5% asegura que ya no tiene ingresos disponibles al llegar al día 20. En el grupo de 40 a 59 años, el porcentaje se reduce al 60,6%.

El escenario plantea una modificación profunda de las prioridades económicas de los hogares. En lugar de pensar en el ahorro o en proyectos de largo plazo, una parte importante de la población debe resolver cómo cubrir los últimos días del mes una vez agotados sus ingresos.

El dato también permite comprender por qué el endeudamiento se convirtió en una herramienta cada vez más utilizada para sostener el consumo cotidiano.

El crédito dejó de financiar proyectos y pasó a cubrir necesidades básicas

El 61,9% de los encuestados afirmó haber tomado algún tipo de deuda durante los últimos seis meses. Pero el destino de esos préstamos muestra la gravedad de la situación.

El 53,7% de quienes se endeudaron lo hizo porque sus ingresos no alcanzaban para cubrir los gastos básicos. En cambio, apenas el 11,5% tomó deuda para comprar bienes durables, una categoría asociada tradicionalmente a la planificación y al progreso económico de las familias.

La diferencia refleja un cambio en el uso del crédito: para una parte importante de los hogares, ya no funciona como una herramienta para acceder a una vivienda, un vehículo o bienes de mayor valor, sino como un mecanismo para llegar a fin de mes.

La situación presenta además un fuerte componente generacional. Entre los jóvenes de 18 a 39 años, el 35,8% recurrió a prestamistas o financieras informales para obtener crédito. Entre los mayores de 60 años, ese porcentaje cae al 7%.

El dato muestra que quienes tienen menor respaldo patrimonial y menor capacidad de ahorro son también quienes presentan una mayor exposición a mecanismos de financiamiento informal, generalmente asociados a condiciones más costosas y riesgosas.

La deuda se transforma en una trampa

El problema no termina cuando las familias consiguen acceder al crédito. El desafío posterior es poder devolverlo.

Entre quienes tomaron deuda, el 28,9% afirma que le cuesta mucho pagarla, mientras que el 12% reconoce haberse atrasado en algún pago y otro 6,4% directamente asegura que no puede cumplir con sus obligaciones.

En este contexto, el 55% considera que las tasas de interés son tan elevadas que el crédito termina convirtiéndose en una "trampa".

La dinámica configura un círculo difícil de romper: la pérdida de poder adquisitivo obliga a recurrir al crédito para cubrir gastos básicos, pero el costo financiero de esa deuda reduce todavía más los ingresos disponibles durante los meses siguientes.

La percepción de la economía personal y del país

El deterioro económico también impacta en la manera en que la sociedad evalúa su situación. El 42,8% tiene una valoración negativa de su economía personal, pero la percepción empeora cuando la mirada se dirige al conjunto del país: el 61,8% evalúa negativamente la situación económica nacional.

La diferencia de casi 20 puntos muestra que el malestar no se limita a situaciones individuales. Para una mayoría, la pérdida de ingresos, el endeudamiento y las dificultades para llegar a fin de mes forman parte de un problema estructural que afecta al conjunto de la sociedad.

En paralelo, el 53,9% de los argentinos se ubica a sí mismo dentro de la clase baja o media-baja. La autopercepción también representa un cambio significativo en una sociedad que históricamente construyó buena parte de su identidad alrededor de la pertenencia a la clase media.

El pluriempleo, la deuda utilizada para cubrir gastos básicos y la imposibilidad de llegar a fin de mes modifican las expectativas de amplios sectores y profundizan la sensación de descenso social.

La desconfianza sobre los datos del INDEC

El informe también relevó la percepción sobre las estadísticas oficiales de inflación. El 67,1% de los encuestados considera que el índice publicado por el INDEC no refleja la evolución de los precios que experimenta en su vida cotidiana. Apenas el 29,6% confía en que el dato oficial representa lo que sucede con los precios.

La percepción está directamente vinculada con la experiencia de los hogares. Para quienes observan que sus ingresos se agotan antes del día 20 y que deben recurrir al endeudamiento para comprar alimentos o pagar servicios, la desaceleración de la inflación no necesariamente se traduce en una mejora de su situación.

La inflación puede crecer a un ritmo menor y, al mismo tiempo, los precios continuar aumentando. Si los salarios no acompañan ese proceso, la pérdida acumulada de poder adquisitivo permanece.

Este escenario representa uno de los principales desafíos para el Gobierno de Javier Milei, que convirtió la desaceleración de la inflación en uno de sus principales ejes de gestión. La percepción social muestra que la reducción del índice no alcanza por sí sola para generar una mejora en el humor económico.

Para los hogares, el objetivo final no es solamente que los precios aumenten más lentamente, sino recuperar la capacidad de compra perdida y volver a llegar a fin de mes sin recurrir al crédito.

Corrupción, salarios e incertidumbre económica, entre las principales preocupaciones

El ranking de preocupaciones muestra que la situación económica ocupa un lugar central en las inquietudes de la sociedad.

La corrupción aparece primera, con el 48,8% de las menciones. Sin embargo, inmediatamente después se ubican los ingresos y salarios, con el 46,9%, y la incertidumbre económica, con el 41,6%.

Más atrás aparecen el desempleo, con el 29,1%, y las tarifas de los servicios públicos, con el 26,8%.

De esta manera, cuatro de las cinco principales preocupaciones identificadas por los encuestados están relacionadas de manera directa o indirecta con la situación económica.

El relevamiento muestra así una sociedad atravesada por una crisis de ingresos que excede el problema de llegar a fin de mes. La pérdida de poder adquisitivo empuja a millones de personas hacia el endeudamiento, mientras que el crédito utilizado para cubrir necesidades básicas amenaza con convertirse en un nuevo factor de deterioro.

El resultado es un círculo cada vez más difícil de romper: salarios que pierden frente a los precios, ingresos que se agotan antes del día 20, hogares que necesitan más de un empleo para sostener su nivel de vida y familias que recurren a préstamos para pagar gastos esenciales.

En ese contexto, la deuda dejó de ser para muchos argentinos una herramienta para progresar y se convirtió en el último recurso para sobrevivir hasta fin de mes.