El endeudamiento se convirtió, según advierten desde la Asociación Civil Conductores de Aplicaciones Unidos de la República Argentina (ACCAURA), en una de las caras más graves de la precarización que atraviesan los trabajadores de plataformas. Los choferes que utilizan aplicaciones como Uber y Didi deben afrontar con sus propios ingresos todos los costos vinculados con la herramienta que les permite trabajar: el vehículo.
En diálogo con AR|12, Pablo Alejandro León, referente de ACCAURA, describió la situación que atraviesan muchos conductores y aseguró que, ante la imposibilidad de acceder a créditos bancarios y la necesidad de mantener los autos en funcionamiento, algunos terminan recurriendo a préstamos informales. “En el peor de los casos, tienen que pedirle un préstamo al tranza del barrio”, afirmó.
Según planteó el dirigente, el problema se profundizó porque los trabajadores de plataformas no son reconocidos laboralmente por las aplicaciones y, en muchos casos, quedan fuera del circuito financiero tradicional. De acuerdo con su descripción, esto los lleva a buscar alternativas en billeteras virtuales, fintechs, casas de préstamos y prestamistas particulares, con tasas de interés que pueden alcanzar niveles extremadamente elevados.
Endeudarse para poder seguir trabajando
La situación también había sido expuesta días atrás por El Destape, donde León explicó que los conductores no suelen endeudarse para comprar un vehículo nuevo, sino para reparar y mantener el que ya tienen. Cubiertas, desperfectos mecánicos, reparaciones de motor y otros gastos pueden representar montos que los trabajadores no logran afrontar con sus ingresos cotidianos.
“La pregunta ‘¿quién da préstamo?’ se volvió una postal repetida en los chats entre nosotros”, describió León al medio.
Desde ACCAURA sostienen que el problema está relacionado con la propia dinámica del trabajo en plataformas. Según la organización, el conductor debe asumir de manera individual los principales costos y riesgos de la actividad: pone el vehículo, paga el combustible, el seguro y el mantenimiento, afronta la depreciación de la unidad y absorbe las consecuencias de cualquier caída en sus ingresos.
En ese contexto, una avería puede significar mucho más que un gasto inesperado: puede implicar directamente la imposibilidad de trabajar.
“Cambiar cubiertas, reparar una falla mecánica, resolver una rotura de motor o afrontar gastos de mantenimiento ya no son costos excepcionales, es algo de todos los días, de la supervivencia cotidiana. Si estás 10 o 12 horas arriba del auto todos los días a la larga empieza a fallar”, sostuvo León.
El referente de ACCAURA agregó que buena parte de los conductores utiliza sus ingresos diarios para cubrir sus necesidades básicas y no logra generar un ahorro que permita afrontar las reparaciones. “La mayoría de los conductores vive al día. Lo que recauda lo usa para subsistir. No hay margen para separar una parte y cubrir los gastos futuros del auto. Cuando aparece una reparación, muchos no tienen otra salida que pedir prestado”, señaló.
Préstamos con tasas de hasta 700%
Según las denuncias de la asociación, la falta de acceso al sistema bancario tradicional empuja a los trabajadores hacia opciones de financiamiento de alto costo. De acuerdo con lo planteado por ACCAURA, algunas billeteras virtuales y plataformas de crédito pueden ofrecer préstamos con tasas que superan el 400% anual y, en determinados casos, alcanzar hasta el 700%.
El mecanismo, según explican, genera un círculo de endeudamiento: el trabajador necesita dinero para reparar su vehículo, toma un crédito para volver a trabajar y luego debe destinar parte de sus ingresos futuros a cancelar esa deuda, mientras continúa afrontando los gastos cotidianos de la actividad.
“Recurren a familiares, prestamistas particulares, casas de préstamos, billeteras virtuales o plataformas de crédito de consumo. El trabajador no pide plata para invertir o crecer: pide plata para arreglar el auto y poder volver a salir a trabajar”, afirmó León.
Desde la organización también alertaron sobre la existencia de conductores que recurren a prestamistas informales ante la falta de alternativas. En esos casos, según describieron, las condiciones de los préstamos y los mecanismos de cobro pueden ser todavía más opacos.
Una problemática que también alcanza a los repartidores
La situación planteada por ACCAURA tiene puntos de contacto con las denuncias realizadas por trabajadores de reparto que utilizan plataformas digitales. Según la asociación, en esos casos también se observa una dinámica en la que el trabajador debe asumir los costos de la actividad y recurrir al endeudamiento para sostener su fuente de ingresos.
Los representantes de los conductores cuestionan además que el acceso a determinados créditos pueda estar relacionado, según sus denuncias, con variables vinculadas al funcionamiento de las propias plataformas, como el puntaje del trabajador, la cantidad de horas conectado, la aceptación de determinados viajes o pedidos y la disponibilidad para tomar servicios.
Desde ACCAURA compararon esta dinámica con formas de dependencia laboral y plantearon que se trata de una modalidad en la que el trabajador queda atrapado en un ciclo de deuda y trabajo.
“Es una versión digital de un mecanismo muy antiguo: trabajar para pagarle a quien te mantiene endeudado”, sostuvieron desde la organización.
La advertencia de los conductores vuelve a poner el foco en uno de los aspectos más cuestionados de la economía de plataformas: mientras las aplicaciones presentan la actividad como una forma flexible de generar ingresos, los trabajadores aseguran que son ellos quienes absorben los principales costos y riesgos. Cuando el auto se rompe y no hay ahorros suficientes para repararlo, la única alternativa para muchos puede ser endeudarse, incluso a tasas que, según denuncian, pueden llegar hasta niveles de 700% anual.