La decisión de la multinacional Bunge de cerrar su plante de fertilizantes ubicada en Campana sigue generando preocupación en esa localidad bonaerense, por el impacto en la economía local. El ingreso de la planta que la compañía cerró la semana pasada impidiendo así el ingreso del personal del turno noche. Horas después, la compañía notificó al sindicato sobre su decisión de parar la producción. Según las estimaciones, además de los 140 operarios y otros empleados de la firma –que se enteraron por un código QR de la situación –que se perderán, hay más de 100 de forma indirecta que se verán afectados, sumando unos 250 puestos destruidos. Presentaron un proyecto en la legislatura de la provincia de Buenos Aires para buscar una alternativa a la situación de la empresa.
La decisión empresarial de la multinacional Bunge pone en riesgo alrededor de 250 puestos de trabajo, entre empleados directos y personal tercerizado e indirectos. El pasado 26 de octubre, la firma informó el cese de las actividades productivas en su establecimiento ubicado sobre la Ruta Nacional 9, a la altura del kilómetro 79,4. La medida fue recibida con sorpresa por los trabajadores, quienes denunciaron que la decisión se informó sin previo aviso y al finalizar una jornada laboral habitual. Desde la representación sindical también habían señalado que el ingreso de fertilizantes importados, junto con los costos de los insumos y la energía, incidió en la decisión empresarial. Por su parte, Bunge justificó el cierre a partir de una combinación de factores estructurales, entre ellos las limitaciones tecnológicas y de infraestructura de la planta, las dificultades de abastecimiento y los cambios en las condiciones del mercado.
La dimensión del conflicto excede a los trabajadores directamente contratados por la compañía. Mientras la empresa informó que la medida alcanza a 110 empleados directos, el sindicato químico y petroquímico de Zárate-Campana estima que los puestos afectados ascienden a unos 250 al incluir al personal tercerizado de seguridad, limpieza, mantenimiento y otros servicios. La planta llevaba más de cinco décadas de actividad industrial y contaba con instalaciones especializadas en la elaboración de fertilizantes líquidos, entre ellos tiosulfato de amonio y tiosulfato de potasio.
Proyecto
Ante la preocupación que genera en Campana esta realidad, la diputada bonaerense de Fuerza Patria, Soledad Alonso, presentó un proyecto en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires para manifestar su preocupación por el cierre de la planta. Alonso cuestionó especialmente las circunstancias en las que se comunicó el cierre y las consecuencias que tendrá sobre cientos de familias de Campana y localidades cercanas. “No puede resultar indiferente que trabajadores que desarrollaron sus tareas con normalidad reciban, al finalizar una jornada laboral, la noticia de que su fuente de ingresos podría desaparecer y que el establecimiento donde se desempeñaban dejaría de producir”, sostuvo la legisladora.
Uno de los principales cuestionamientos de Alonso estuvo dirigido a las consecuencias de la política de apertura comercial sobre la industria nacional. La diputada advirtió que la decisión de Bunge podría implicar el reemplazo de la producción local por fertilizantes importados, particularmente provenientes de China. “No se trataría de un producto que deja de comercializarse ni de una demanda que desaparece, sino de producción nacional que sería sustituida por producción extranjera, dejando trabajadores argentinos sin empleo”, señaló. En ese sentido, cuestionó la falta de instrumentos destinados a garantizar condiciones de competitividad para las empresas que producen en el país y advirtió sobre los efectos de la desregulación comercial en el entramado industrial.
Sorpresa
Claudio Román, delegado general de la planta, aportó más detalles sobre cómo se desarrollaron las horas previas al anuncio. Según su reconstrucción, las dificultades para conseguir azufre habían llevado a la empresa a evaluar una extensión de la parada de mantenimiento, mientras buscaba un proveedor alternativo. Los trabajadores entendían que contaban con un plazo para resolver ese problema y retomar la actividad.
“Como no tenían azufre, iban a hacer una parada de planta. En vez de hacerla en 12 horas, la iban a hacer en ocho, porque tenían tiempo. Tenían entre 60 y 90 días para conseguir un proveedor de azufre”, relató Román. Sin embargo, mientras los empleados avanzaban con las tareas de mantenimiento, llegó una comunicación que cambió por completo el escenario. “Hicimos la parada de planta, estábamos reparando los equipos y, de un día para el otro, hicieron una reunión y de cero a cien vinieron a notificar que la planta no era rentable, que la planta cerraba”, contó. Román agregó que, durante esa reunión, los representantes de la compañía les indicaron que debían seguir los trámites de liquidación escaneando un código QR. Según su testimonio, después de comunicar la decisión les impidieron continuar con sus tareas y colocaron un candado en el portón de acceso.