La crisis del consumo vuelve a golpear a una marca tradicional de la gastronomía argentina. Solo Empanadas, la cadena que se hizo popular a fines de la década de 1990 con sus campañas publicitarias en las calles y que llegó a construir un importante entramado de franquicias, atraviesa una nueva crisis financiera y solicitó nuevamente la apertura de un concurso preventivo de acreedores.
La empresa acumula actualmente 231 cheques rechazados por un total de $1.032.723.382,18 y registra deudas bancarias por alrededor de $3.845 millones con Banco Nación, Santander, Banco Provincia, Galicia, Macro y Supervielle. Una parte significativa de esas obligaciones ya se encontraba en categorías de alto riesgo de incumplimiento.
El nuevo capítulo de la crisis se produce en un contexto marcado por la fuerte retracción del consumo interno y por las dificultades que atraviesan numerosas empresas que dependen del mercado doméstico. La caída del poder adquisitivo y el menor nivel de gasto de los hogares, en el marco de las políticas de ajuste y recesión implementadas por el gobierno de Javier Milei, impactaron especialmente sobre actividades vinculadas al consumo cotidiano, entre ellas la gastronomía y el comercio.
Para Solo Empanadas, el deterioro de la demanda se sumó a una estructura financiera que ya había quedado fuertemente comprometida por las inversiones realizadas durante su proceso de expansión.
Una marca que llegó a tener más de 200 locales
Solo Empanadas nació en 1999 y tuvo su mayor crecimiento durante los primeros años de la década del 2000, cuando desarrolló una estrategia de expansión basada en el sistema de franquicias.
La marca se hizo conocida por sus campañas publicitarias y por la presencia de sus locales en distintas ciudades del país. Las tradicionales imágenes de sus "empanadas bailarinas" se convirtieron en una de las características distintivas de una cadena que buscaba instalarse en el mercado gastronómico con una propuesta de rápida expansión.
Según la información difundida por la propia compañía, actualmente cuenta con una red de más de 200 sucursales distribuidas entre la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Santa Fe, Rosario y Mar del Plata.
La empresa también avanzó en la incorporación de nuevos formatos y productos. Entre ellos se encuentra una línea de alimentos congelados, pensada como una herramienta para facilitar la apertura de nuevos puntos de venta y ampliar los canales de comercialización.
Sin embargo, el crecimiento proyectado no logró consolidarse en un contexto económico cada vez más adverso.
El consumo cayó y las franquicias dejaron de crecer
Uno de los factores centrales que complicaron la situación de la empresa fue la retracción del consumo, especialmente durante 2024, cuando el fuerte ajuste aplicado por el Gobierno nacional provocó una caída de la actividad económica y una reducción del gasto de los hogares.
El modelo de negocio basado en franquicias depende directamente de la capacidad de consumo de la población. Cuando las familias reducen sus gastos, los locales gastronómicos se encuentran entre los primeros sectores en sentir el impacto, ya que los consumidores priorizan productos esenciales y recortan aquellos considerados prescindibles.
A esa situación se sumó la caída en el ritmo de apertura de nuevas franquicias, que había sido uno de los motores de expansión de la compañía.
El escenario se volvió todavía más complejo por el aumento de las tasas de interés y de los costos de los servicios públicos. En una empresa que había recurrido al crédito bancario para financiar inversiones de infraestructura, el encarecimiento del financiamiento representó una presión adicional sobre sus cuentas.
La combinación de menor consumo, caída en la apertura de nuevos locales y aumento de los costos terminó deteriorando la capacidad de la compañía para cumplir con sus obligaciones.
Una inversión millonaria que terminó aumentando el endeudamiento
Divaflo SRL, la sociedad que actualmente administra la marca, atribuyó parte de sus dificultades financieras a la decisión de trasladar su planta industrial para acompañar el crecimiento que había experimentado el negocio.
La fábrica original había quedado pequeña frente al aumento de la demanda, la expansión de la red de franquicias y la incorporación de nuevas líneas de productos. Por ese motivo, la empresa avanzó con una mudanza a una planta de aproximadamente 4.000 metros cuadrados ubicada en Villa Lynch, partido de San Martín.
El proyecto demandó una inversión mucho mayor a la prevista originalmente. Una parte fue afrontada con recursos propios y otra mediante préstamos bancarios.
Durante una primera etapa, la compañía logró sostener el pago de sus compromisos financieros. Sin embargo, el cambio en las condiciones económicas se produjo antes de que la inversión pudiera generar los resultados esperados.
El endeudamiento acumulado comenzó entonces a pesar sobre una estructura empresarial que, al mismo tiempo, enfrentaba una caída en el nivel de actividad y una menor demanda.
La situación se agravó con obligaciones vinculadas al pago de salarios, impuestos y proveedores, que se sumaron a los compromisos bancarios asumidos para financiar la expansión.
Segunda crisis y un nuevo concurso preventivo
El actual proceso representa la segunda crisis de este tipo que atraviesa la marca.
El antecedente se remonta a 2009, cuando Franquicias Argentinas S.A., la sociedad encargada de desarrollar la red de locales, solicitó la apertura de un concurso preventivo. Un año después, en 2010, la Justicia declaró su quiebra.
Luego de permanecer varios años fuera del mercado, Solo Empanadas regresó en 2021, de la mano de Divaflo, que impulsó un proceso de relanzamiento de la marca en plena pandemia.
La compañía logró reabrir algunos locales y reconstruir parte de su red comercial, pero nunca consiguió recuperar el nivel de expansión y popularidad que había alcanzado durante su primera etapa.
Ahora, la empresa vuelve a recurrir a la Justicia para intentar reestructurar sus compromisos y evitar una nueva quiebra.
230 cheques rechazados y una deuda millonaria
El escenario financiero que enfrenta la compañía quedó reflejado en la magnitud de sus obligaciones.
Según los registros citados en el expediente, Solo Empanadas acumula 231 cheques rechazados por más de $1.032 millones. A eso se suma una deuda bancaria que supera los $3.800 millones, distribuida entre varias de las principales entidades financieras del país.
El volumen de la deuda expone la profundidad de una crisis que combina factores propios de la compañía con un contexto económico particularmente adverso para las empresas orientadas al consumo interno.
La situación también vuelve a poner bajo la lupa el impacto que tiene la recesión sobre las pequeñas y medianas empresas y sobre los negocios que dependen del gasto cotidiano de las familias.
En los últimos años, la política económica del gobierno de Javier Milei estuvo marcada por un fuerte ajuste del gasto, caída de la actividad y una contracción del consumo que afectó a numerosos sectores. Para las empresas que, como Solo Empanadas, necesitan un mercado interno activo para sostener sus ventas y expandir su red comercial, el cambio de escenario significó un golpe particularmente fuerte.
En ese contexto, la cadena que alguna vez construyó un verdadero emporio de franquicias y se hizo reconocida por sus "empanadas bailarinas" enfrenta ahora un complejo proceso judicial para intentar ordenar sus cuentas.
El Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N° 11 del Departamento Judicial de General San Martín, a cargo de Marcelo Escola, dispuso la apertura del concurso preventivo de Divaflo SRL, según consta en un edicto publicado en el Boletín Oficial de la provincia de Buenos Aires.
El cronograma del proceso establece que la sindicatura deberá presentar el informe individual el 27 de octubre y el informe general el 11 de diciembre. Además, se fijó una audiencia para el 24 de junio de 2027, mientras que el período de exclusividad finalizará el 1° de julio del próximo año.
Hasta entonces, la empresa tendrá la posibilidad de presentar una propuesta para sus acreedores dentro del proceso judicial y buscar una salida que le permita reestructurar sus compromisos.
El futuro de la marca dependerá ahora de su capacidad para atravesar este proceso y de que el mercado interno pueda recuperar el nivel de consumo necesario para sostener un modelo de negocio que durante décadas tuvo a la expansión de las franquicias como uno de sus principales motores.