Un reciente informe del Centro CIFRA, entidad vinculada a la CTA de los Trabajadores, advirtió que el Salario Mínimo, Vital y Móvil acumula “una fuerte pérdida real” y dejó de funcionar como “referencia de ingresos”. El deterioro también se refleja en la comparación con alimentos, transporte y la línea de pobreza, según la entidad. El reporte se conoció en el marco del inicio de un plan de lucha de las tres centrales obreras, que piden que se reabra el Consejo del Salario, espacio que define los valores del ingreso base, y que lleva meses de inacción. Cuando se llame a esa mesa de discusión, los gremios marcharán para poyar sus reclamos.
Según los datos relevados por CIFRA, el salario mínimo “acumula una caída superior al 40 por ciento en su capacidad de compra desde el inicio de la gestión de Javier Milei”. El dato vuelve a poner en foco el deterioro de los ingresos laborales y su impacto sobre las condiciones de vida de los hogares. Actualmente, el salario mínimo se ubica en 376.600 pesos. De acuerdo con el relevamiento, si ese ingreso hubiera acompañado la evolución de la inflación desde 2015 sin perder poder adquisitivo, debería ubicarse en torno a los 955 mil pesos.
El informe señala que el deterioro inicial se produjo por “el fuerte impacto inflacionario de los primeros meses de la actual administración, con un retroceso cercano al 30 por ciento, y que esa pérdida no fue recuperada”. Por el contrario, el salario mínimo registró nuevas contracciones mensuales en términos reales. El deterioro del salario mínimo, la suba de las canastas básicas y la pérdida de referencias salariales consolidan un escenario de “mayor fragilidad para los ingresos, incluso en un contexto de desaceleración de algunos indicadores de precios”.
Sin referencia
CIFRA advirtió que el Salario Mínimo, Vital y Móvil perdió peso como referencia dentro del mercado laboral. En junio de 2016 equivalía al 37,2 por ciento del salario promedio registrado del sector privado, mientras que en la actualidad representa apenas el 16,6 por ciento de esa remuneración.
Para superar la línea de pobreza, se necesitaron más de cuatro salarios mínimos, ya que la canasta básica total se ubicó en torno a 1,5 millones de pesos. Ese comportamiento se dio en un contexto en el que la canasta básica total aumentó 2,2 por ciento en junio y acumuló una suba superior a la del índice general de precios en lo que va del año.
Comparación
La pérdida también se observa en consumos básicos. Hace diez años, una hora de salario mínimo alcanzaba para comprar un kilo de pan. Actualmente, se requieren dos horas y media de trabajo para acceder al mismo producto. En el caso de la carne picada, el informe marca que se pasó de necesitar dos horas de trabajo a casi seis horas.
La comparación con el transporte público muestra una tendencia similar. En 2016, un viaje de ida y vuelta en subte podía pagarse con 15 minutos de trabajo medido por salario mínimo. Hoy, para cubrir ese mismo gasto, se necesitaría trabajar 1 hora y 41 minutos. El deterioro del ingreso mínimo también queda expuesto frente a las canastas básicas. En junio, la canasta básica alimentaria para una familia tipo de cuatro integrantes alcanzó los 690 mil pesos, por lo que el salario mínimo cubrió apenas cerca de la mitad de ese monto.
Según estimaciones del Departamento de Economía de la Universidad Nacional Torcuato Di Tella, la pobreza urbana se ubicó en 31,6 por ciento durante el semestre enero-junio. La proyección implica un aumento respecto del semestre anterior y alcanza a unos 9,4 millones de personas en hogares urbanos pobres.