La industria del calzado atraviesa una de sus peores crisis. Con las ventas en caída libre, el avance de las importaciones y un mercado interno cada vez más reducido, las fábricas que todavía resisten apelan a liquidaciones extremas para conseguir efectivo y afrontar los gastos corrientes. Zapatos, sandalias y zapatillas se ofrecen desde los $5.000, aunque los propios empresarios saben que difícilmente puedan reponer la mercadería a esos valores. La prioridad es reunir dinero para pagar salarios, alquileres, servicios y deudas.
El deterioro productivo se profundiza con el ingreso masivo de calzado importado. Durante 2025 llegaron al país 51,7 millones de pares, un 37,8% más que en 2024, de acuerdo con los datos oficiales citados por el sector. La oferta extranjera presiona sobre los precios y desplaza a la producción nacional, mientras algunas marcas de indumentaria incorporan sandalias y zapatillas a sus catálogos para compensar la caída de sus ventas tradicionales.
El resultado es una industria cada vez más reducida. En los últimos años cerraron 240 fábricas y se perdieron alrededor de 10.000 puestos de trabajo. Hoy quedan menos de 6.000 trabajadores del calzado en todo el país, según el relevamiento de la Unión de Trabajadores del Calzado de la República Argentina (UTICRA).
Una crisis que también golpea a las marcas
La caída del consumo y las dificultades para sostener los costos fijos también alcanzaron a las cadenas comerciales. Viamo se encuentra en concurso de acreedores, después de pasar de la fabricación a la importación y cerrar 19 de sus 25 locales. Mary & Joe, que llegó a tener 32 sucursales, bajó la persiana de su último comercio y también cerró su fábrica.
En las últimas horas se conoció, además, que Se Ve S.A., propietaria de la marca Clara Barceló Shoes, solicitó la apertura de un concurso preventivo por deudas financieras cercanas a los $415,9 millones.
La firma había comunicado en julio, a través de sus redes sociales, que no iba a liquidar su colección y que prefería sostener precios coherentes durante toda la temporada. Sin embargo, hace tres días anunció descuentos de hasta el 60%, un 15% adicional pagando por transferencia y hasta 12 cuotas sin interés para compras superiores a los $200.000.
El escenario refleja la desesperación de empresas que necesitan transformar sus stocks en efectivo para sostener sus estructuras. En muchos casos, liquidar significa vender por debajo de los márgenes necesarios para garantizar la continuidad de la producción.
Remates para sostener los salarios
Uno de los casos más ilustrativos es el de Lito Albano, creador de la cadena Luna Chiara. La marca llegó a tener 23 locales y una planta con 100 operarios, donde fabricaba los productos que comercializaba. Hoy apenas conserva cinco sucursales y 15 trabajadores en la línea de producción.
En su local de la calle Carlos Pellegrini 847, en Morón, ofrece miles de pares de calzado femenino, de distintos modelos y talles, con precios que arrancan en los $5.000. Hay sandalias y zapatillas desde ese valor y una mayor variedad a partir de los $10.000. Según explicó el empresario al portal BAE Negocios, se trata de productos de primera calidad, sin fallas.
"Necesito vender para poder pagar sueldos y gastos. Ya casi no fabrico. No sabés lo mal que la estamos pasando. Todo esto es una pesadilla", describió Albano. Y agregó: "Estoy liquidando todos los pares para juntar algo de plata, pero sé que no voy a poder reponer la mercadería".
El empresario explicó que acumuló stock por la falta de consumo y que tuvo que reducir los márgenes al mínimo para conseguir ventas. Aun así, aseguró que con esos precios comercializa apenas la mitad de lo que vendía en 2023.
La situación lo llevó a organizar un grupo de WhatsApp con unos 450 empresarios pymes y proveedores de la industria del calzado. De ese espacio surgieron movilizaciones en la zona de Lomas del Mirador, en La Matanza, con la participación de trabajadores del sindicato y representantes de la Cámara de la Industria del Calzado. La iniciativa derivó en un "zapatazo solidario" en Plaza de Mayo, donde fabricantes regalaron cientos de pares para visibilizar la crisis. Ahora preparan una Marcha Federal para el próximo 19 de noviembre.
"Vino Javier Milei y nos mató"
Otro de los empresarios que participó de la entrega de calzado frente a la Casa Rosada fue Leonardo Hammud. Su marca llegó a contar con 27 locales, 70 empleados en la fábrica y otros 38 en los comercios. La caída de las ventas lo obligó a cerrar 19 sucursales: actualmente conserva dos locales propios y seis franquiciados. En su fábrica quedan apenas 12 operarios y cuatro trabajadores en los comercios.
En sus negocios liquidó botas de símil cuero a $15.000 y ofrece sandalias a $20.000. "La venta me cayó a la mitad, pero el problema es que no para de caer. Vino Javier Milei y nos mató, nos partió al medio. Shein y Temu nos arruinaron. Es muy difícil trabajar así. Los comerciantes no venden nada", afirmó Hammud en diálogo con BAE Negocios.
El empresario reconoció que tampoco sabe si podrá reponer la mercadería y explicó que la decisión de regalar zapatos en Plaza de Mayo estuvo atravesada por "la desesperación y la bronca" ante la situación que atraviesa el sector.
La crisis también se traduce en deudas y problemas financieros. "Toda esta situación te genera un bajón muy grande. Me atrasé con el pago de impuestos y me embargaron las cuentas, es muy difícil fabricar zapatos hoy. Estamos a un paso de desaparecer", advirtió.
UTICRA alerta por la pérdida de puestos y la reducción de jornadas
Desde el sindicato del calzado describen un panorama que va mucho más allá de los cierres de establecimientos. El secretario general de UTICRA, Agustín Amicone, señaló que las empresas no solamente despiden personal, sino que también reducen las jornadas laborales para intentar sostener sus operaciones.
"No solamente se producen despidos, sino también hay reducción de jornadas de trabajo. Donde se trabajan cinco días se trabajan cuatro; si se trabajaban nueve horas se trabajan seis", explicó el dirigente.
Amicone dimensionó el retroceso de la actividad con un ejemplo de la provincia de Córdoba: "La industria del calzado a finales de los '70 tenía 8.000 trabajadores, ahora tiene 300. Hoy nos quedan menos de 6.000 trabajadores del calzado en todo el país".
El dirigente también advirtió sobre la elevada informalidad laboral y recordó que la fábrica de calzado más importante de la Argentina se encuentra en Tucumán y cuenta con unos 500 trabajadores. Entre los casos más graves mencionó el cierre de las dos plantas de DASS, en Coronel Suárez y Eldorado, Misiones.
"La importación pega duro y todo es como un dominó, se caen las fichas y se va cayendo todo", graficó.
Desde UTICRA también apuntaron a la política de precios de los comercios y reclamaron una mayor responsabilidad de los distintos eslabones de la cadena. "No son las fábricas las que ponen el precio final del calzado, son los comercios. Los empresarios, fabricantes y comerciantes deben pedir que no se marque a más del 100%", planteó Amicone.
Mientras las importaciones ganan terreno y el consumo no repunta, las fábricas nacionales achican sus estructuras, reducen turnos y liquidan mercadería para conseguir liquidez. Lo que alguna vez fue una industria con miles de puestos de trabajo y marcas con presencia en todo el país hoy sobrevive con planteles mínimos y una incertidumbre creciente. Para muchos fabricantes, rematar zapatos a precios de saldo dejó de ser una estrategia comercial: es la última alternativa para intentar pagar los sueldos y no bajar definitivamente las persianas.