Las voces de los despedidos de todo el país llegaron al Congreso: “Estamos pasando hambre”

En una cumbre organizada en la cámara de Diputados, cesanteados de diversas empresas dieron testimonio de la angustia y la incertidumbre que se vive cuando se pierde el trabajo. Cómo sobreviven, en especial en localidades donde el cierre de una planta es una “sentencia de muerte”.

Miércoles, 23 de septiembre de 2026 11:11


Representantes de despedidos de distintos puntos del país se reunieron en el Congreso para dar testimonio de las enormes dificultades que deben afrontar quienes pierden su trabajo. Convocados por la comisión de Economía de la cámara de Diputados, que preside la legisladora Julia Strada,  estos trabajadores hablaron de la crítica situación que atraviesan luego de casi tres años de gobierno libertario. Dieron su testimonio cesanteados de Granja Tres Arroyos, Pampa Energía, Cerámicas ILVA,  metalúrgica Vaspia, entre otros. También estuvieron representados los empresarios, a través de varios referentes, incluyendo muchos pymes.  

En la jornada hablaron unos 20 expositores, que dieron cuenta del drama de los despidos masivos. “Cuando Granja Tres Arroyos cerró en Capitán Sarmiento, no solo nos quedamos en la calle mil doscientos trabajadores: empezaron a bajar las ventas en los comercios, hubo gente que no pudo seguir pagando su alquiler, muchos tuvieron que empezar a pedir dinero prestado. Hoy el 80 por ciento del pueblo está endeudado, porque de Granja Tres Arroyos dependían trabajadores directos e indirectos; hablamos de transportistas, de criadores, de servicios tercerizados”, dijo Ezequiel Centurión, uno de los despedidos de Granja Tres Arroyos.

Los despedidos que hablaron en Diputados le pusieron una dimensión humana a los números. Casi todos los que hablaron vienen de ser obreros calificados, gente que hasta hace poco tenía buenos ingresos, sobre todo estables, que pudieron hacerse su casa o alquilar, comprarse un auto, elegir la educación de los hijos. Pero en los dos últimos años lo perdieron todo. “La situación es alarmante porque no existe otra fuente de trabajo. Y no pasa solo en nuestra ciudad: hubo despidos en Arrecifes, San Antonio de Areco, Carmen de Areco, Viña… Tampoco ahí la gente tiene dónde encontrar otro trabajo”, agregó Centurión.

Más testimonio

Muchos de los que hablaron llegaron del interior del país. “Estamos pasando hambre”, dijeron varios. Otros hablaron de las crisis de ansiedad que atraviesan por no saber cómo van a mantener a sus familias. Y es que la mayoría no consigue reinsertarse en un empleo formal. “Los que pueden están haciendo Uber o Didi, pero la ciudad es chica y terminamos chocándonos entre nosotros”, resumió uno de los invitados.

Esto empezó en 2024, cuando nos bajaron un once por ciento los sueldos”. “Primero eliminaron los premios y a fin de año nos pagaron el aguinaldo en cuotas. Después pasamos a cobrar en cuotas la quincena”. “Nos pagaban el sueldo en diez cuotas”. “Con tal de no perder el trabajo, aceptamos perder el presentismo”, contaron, por ejemplo, varios trabajadores de Granja Tres Arroyos.

Una despedida de Rosario agregó que en su empresa -una importante compañía de logística- junto a sus compañeros llegó a trabajar dos meses gratis, esperando salir adelante. Igualmente, quedaron en la calle. Los despedidos hoy subsisten con los bolsones de comida que les acerca el sindicato o la municipalidad.

Cierres masivos

Los datos sobre los cierres en la industria argentina parecen parte de una película de terror. En lo que va del gobierno de Javier Milei, 4158 empresas industriales bajaron la persiana, con lo que el sector perdió más de 100 mil puestos de trabajo. Así lo señala el más reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre la situación del empleo. El centro de estudios advirtió que la caída en la producción industrial entre 2023 y 2025 es tan grave que la Argentina hoy tiene “el segundo peor desempeño industrial del mundo”. Por debajo de Argentina solo está Hungría.

Hablaron también los empresarios industriales. “Yo pagaba seis millones de pesos de luz en la fábrica de San Martín; de repente, de un día para otro, empecé a pagar sesenta millones de pesos. Pagaba diez millones de gas y pasé a pagar ochenta. Para poder seguir compitiendo con la ropa importada, tuve que bajar los precios. Es decir que me bajaron los precios y me subieron los gastos: es imposible mantener la empresa así. La luz no se puede pagar, el consumo es un desastre y la competencia es desleal, porque con las importaciones. Entra todo muy barato, muy barato, con reglas de juego diferentes, porque viene todo subvencionado. Todos los productos que vienen de China tienen el gas subvencionado, la luz subvencionada”, planteó Gabriel Corigliano, empresario textil de San Martín.

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