Para 25 despedidos de Lipo que les adeudan las indemnizaciones, la realidad es más ácida que el caramelo: “Hace una semana que estoy comiendo pan con mate”

El caso expone la vulnerabilidad de los trabajadores frente a los despidos y el incumplimiento de las obligaciones patronales: familias sin ingresos suficientes, pérdida de cobertura médica y reclamos por indemnizaciones impagas, mientras la fábrica sigue en actividad. Una postal de la precarización laboral que golpea a quienes sostuvieron durante años la producción.

Miércoles, 28 de octubre de 2026 17:12


La crisis laboral en la histórica fábrica de caramelos Lipo, ubicada en Lanús, golpea de lleno a las familias de los trabajadores despedidos. Son 25 empleados que reclaman el pago de las indemnizaciones y de salarios adeudados, mientras denuncian la falta de respuestas de la empresa. En declaraciones a C5N, expusieron las dificultades económicas, sanitarias y familiares que atraviesan desde que quedaron en la calle.

Uno de los testimonios más crudos fue el de Cristian, de 53 años, quien trabajó durante dos décadas en la fábrica. Despedido sin cobrar lo que le corresponde, hoy intenta sostenerse haciendo viajes con su moto a través de una aplicación, aunque una úlcera en el pie le impide trabajar con normalidad.

“Nos tiraron a la calle de un día para el otro, no nos pagaron nada”, relató el trabajador, quien también denunció amenazas y aseguró que los responsables de la empresa no se presentan a las audiencias vinculadas con los reclamos laborales.

“Tengo una semana comiendo pan con mate”, contó Cristian, al describir la situación que atraviesa. Según explicó, depende de la ayuda de su madre, de 70 años, y de su hija, de 27, para afrontar los gastos cotidianos.

El trabajador paga $300.000 de alquiler, además de los servicios y otras obligaciones que se acumulan ante la falta de ingresos estables. “No podemos pagar impuestos ni alquiler”, advirtió. Y cuestionó las dificultades para conseguir otro empleo en un contexto de caída de las oportunidades laborales.

“Trabajamos por $15.000 o $20.000 por día, es una fortuna hacerlo y es para comer nada más”, sostuvo sobre los ingresos que puede obtener mediante las aplicaciones. A esa situación se suman las deudas financieras: Cristian contó que una deuda de tarjeta de crédito que originalmente era de $2 millones llegó a los $10 millones.

Dos décadas de trabajo y un despido sin indemnización

Cristian ingresó a Lipo a los 37 años y esperaba continuar trabajando hasta su jubilación. Sin embargo, aseguró que durante los últimos años también empeoraron las condiciones laborales dentro de la fábrica.

“Estaba trabajando en limpieza, pasé a trabajar sin guantes, sin insumos; nos hacían ir a comprar la lavandina y el detergente a otra cuadra y le hacían poner agua”, denunció. También señaló que dejaron de retirar la basura con regularidad.

El reclamo, remarcó, no es un pedido de ayuda económica, sino la exigencia de que se cumplan las obligaciones laborales. “Todo lo que queremos es lo nuestro, nada más; no pedimos que nos regalen nada, solamente lo nuestro porque nos lo merecemos y lo ganamos nosotros”, afirmó.

Cristian explicó que cuenta con representación legal, pero cuestionó que la empresa no se presente a las audiencias. Además, perdió la cobertura de su obra social y ya no puede atenderse por la úlcera que padece.

En su testimonio, también denunció que los responsables de la firma continúan asistiendo diariamente a la planta. La fábrica no cerró y sigue operando, aunque el trabajador aclaró que, al momento de la entrevista, algunas actividades estaban frenadas por falta de insumos.

Familias sin cobertura médica y deudas salariales

La situación alcanza a trabajadores con décadas de antigüedad y familias que dependían de sus ingresos y de la cobertura médica asociada al empleo.

Rubén, quien llevaba 29 años en la fábrica, fue despedido hace cuatro meses y todavía no consiguió otro trabajo. Según denunció, la empresa mantiene deudas salariales y no completó la liquidación de lo adeudado. “No hay respuestas para los compañeros despedidos, solamente maltrato”, sostuvo.

Valeria, empleada desde 2002, también denunció que fue despedida sin recibir ningún pago y que la empresa habría inventado causas para justificar su desvinculación. Su situación es especialmente delicada: dos meses antes había fallecido su esposo y tiene una hija con discapacidad que necesita medicación. “Me dieron de baja la obra social”, relató.

Otro caso es el de Esteban, quien trabajó durante 23 años en Lipo y fue despedido junto con su esposa, que tenía 25 años de antigüedad. La pareja tiene dos hijos con autismo y perdió la cobertura médica familiar.

“No les importó nada. Nos echaron a los dos”, expresó Esteban, quien ahora trabaja con su auto a través de una aplicación para generar ingresos, mientras acumula deudas vinculadas con la atención de salud de su familia. “Los chicos se quedaron sin cobertura”, lamentó.

Los testimonios reflejan el impacto que tiene la pérdida repentina del empleo cuando las indemnizaciones no se pagan y las familias quedan sin ingresos ni cobertura sanitaria. Para quienes trabajaron durante décadas en la empresa, el reclamo es concreto: cobrar lo adeudado y recibir la compensación que les corresponde por ley.

Denuncian salarios fraccionados y falta de aumentos

La incertidumbre también alcanza a quienes continúan trabajando en la planta. Un empleado de Lipo denunció que sus compañeros despedidos quedaron en la calle sin cobrar las indemnizaciones y sostuvo que se trata de una modalidad que se repite en distintas empresas.

“Es una desidia. Los dejaron en la calle sin pagar las indemnizaciones correspondientes”, afirmó en diálogo con C5N.

El trabajador también señaló que los salarios del personal que permanece en la fábrica se pagan de manera fraccionada, con entregas semanales en lugar de un pago completo, y que no reciben aumentos. A esto se suma una merma en las ventas, aunque aclaró que, desde su perspectiva, no se trata de una caída abrupta.

Mientras los despedidos reclaman que se regularicen las deudas salariales y se paguen las indemnizaciones, la situación en Lipo expone el deterioro de las condiciones laborales y las consecuencias que la falta de respuestas empresariales tiene sobre las familias.

“Es terrible levantarse un día sin un peso en el bolsillo y que te vengan los impuestos”, resumió Cristian. Después de 20 años de trabajo, su reclamo es el de los otros 24 despedidos: que la empresa cumpla con sus obligaciones y deje de postergar el pago de lo que les corresponde.

 

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