El plan que Peabody había anticipado al explicar su crisis ya se concretó. La histórica marca de electrodomésticos dejó de producir en la Argentina, trasladó toda la maquinaria de su fábrica, redujo drásticamente su estructura laboral y ahora apuesta a un modelo basado en la comercialización de productos importados y parte de la producción realizada en Paraguay.
La transformación quedó confirmada en los últimos informes incorporados al concurso preventivo de Goldmund S.A., la sociedad controlante de Peabody. La sindicatura constató que la planta ubicada en La Tablada ya no cuenta con capacidad instalada para fabricar y que toda la maquinaria fue trasladada a un depósito en San Martín.
Al mismo tiempo, las oficinas administrativas fueron mudadas a una nueva sede sobre la avenida Cabildo, en la Ciudad de Buenos Aires. En los hechos, la empresa abandonó su esquema industrial y concentró su actividad en la comercialización de productos y el servicio postventa.
Todo ocurre mientras la compañía intenta reestructurar un pasivo que ronda los $40.000 millones y enfrenta a más de 350 acreedores.
De 350 trabajadores a apenas 111
El achicamiento de Peabody también se refleja con claridad en la cantidad de trabajadores.
En 2023, la compañía llegó a contar con alrededor de 350 empleados. Cuando se abrió el concurso preventivo, la dotación ya se había reducido a 158 trabajadores.
Pero la reducción continuó durante el proceso concursal. En mayo se produjeron 10 desvinculaciones, principalmente entre empleados comprendidos en el convenio de la UOM. En junio, en tanto, se concretaron otros 12 retiros voluntarios, que implicaron un desembolso cercano a los $89 millones.
De esta manera, la compañía terminó junio con apenas 111 trabajadores: 47 menos que al momento de la apertura del concurso.
La sindicatura también dejó asentado que la empresa no incorpora nuevos empleados desde octubre de 2025.
El dato muestra la profundidad del proceso de reconversión de Peabody: de una compañía con una importante estructura industrial y cientos de trabajadores a una firma mucho más reducida, enfocada principalmente en la comercialización y el servicio postventa.
Una producción cada vez más dependiente de las importaciones
El abandono de la fabricación nacional no comenzó con el traslado de las máquinas. El cambio de modelo de negocios ya se había iniciado durante 2025, cuando Goldmund comercializó más de 700.000 unidades, aunque menos de la mitad correspondía a productos fabricados por la propia compañía.
La tendencia se profundizó durante 2026. Hasta el momento de la presentación judicial, Peabody llevaba comercializadas 83.676 unidades y más de la mitad de los productos vendidos provenían del exterior.
De esta manera, la importación de productos terminados de Asia fue ganando espacio frente a la producción local hasta convertirse en uno de los pilares del nuevo esquema de negocios.
La transformación se produce en un contexto de fuerte presión sobre la industria nacional de electrodomésticos, con empresas que enfrentan una mayor competencia de productos importados y un mercado interno debilitado.
La apuesta por producir en Paraguay
El giro hacia un modelo con menor producción argentina también incluye a Paraguay.
Durante los meses previos al concurso, el presidente de la compañía, Dante Choi, fue uno de los empresarios que cuestionó públicamente las condiciones que atravesaba la industria nacional. Entre otros aspectos, criticó el ingreso de productos importados con presunta subfacturación, el crecimiento del mercado informal y las dificultades que enfrentaban los fabricantes locales para competir.
Ese diagnóstico también quedó plasmado en el expediente judicial.
La empresa atribuyó parte de su deterioro financiero a las restricciones para importar durante el régimen de SIRA, a la acumulación de créditos fiscales que posteriormente quedaron licuados tras la devaluación de diciembre de 2023 y a la posterior apertura del mercado.
Según la explicación presentada por Goldmund, ese nuevo escenario favoreció el ingreso de productos a precios que la empresa consideró muy difíciles de afrontar para la producción local.
En ese contexto, la compañía avanzó con la relocalización de parte de su producción hacia Paraguay. En su presentación judicial sostuvo que producir allí resulta entre un 30% y un 35% más económico que hacerlo en la Argentina, debido a menores costos laborales, beneficios fiscales y una carga tributaria inferior.
Choi incluso había anticipado que, mientras esas condiciones no se modificaran, la empresa no proyectaba retomar la fabricación en el país.
Las ventas se desplomaron en junio
La reconversión tampoco logró frenar el deterioro comercial.
Los últimos informes de la sindicatura muestran que durante junio las ventas de Peabody tuvieron un fuerte retroceso. El total pasó de $2.813,7 millones en mayo a $1.335,9 millones en junio, lo que representa una caída superior al 52% en apenas un mes.
La facturación siguió una tendencia similar: descendió de $3.439,6 millones a $1.634,6 millones.
La propia empresa reconoció ante la sindicatura el impacto de la fuerte competencia sobre los precios. Según informó el gerente de Comercialización, "en los últimos seis meses se ha reducido a la mitad el precio promedio" de los productos, una situación que, según explicó, fue forzada por el mercado y tuvo un impacto directo sobre la facturación.
La caída de la actividad también repercutió en las compras. Durante junio, Peabody destinó $1.830,3 millones a la adquisición de mercadería, por debajo de los $2.579,3 millones registrados durante mayo.
Una empresa cada vez más lejos de la industria nacional
Los informes incorporados al concurso preventivo muestran así el resultado de un proceso que comenzó con el deterioro de la producción local y terminó con el abandono de la capacidad industrial.
Peabody ya no fabrica en su planta de La Tablada. La maquinaria fue retirada y trasladada a un depósito en San Martín, mientras la compañía reorganizó sus oficinas y redujo su estructura laboral a menos de un tercio de la que tenía en 2023.
Al mismo tiempo, incrementó el peso de las importaciones y trasladó parte de su producción a Paraguay.
El proceso se desarrolla mientras la compañía intenta alcanzar una salida para una deuda cercana a los $40.000 millones y negocia con más de 350 acreedores.
El caso de Peabody vuelve a poner en el centro de la escena el impacto que la apertura de las importaciones y la caída del consumo tienen sobre la industria nacional. Una marca que durante décadas tuvo producción propia en la Argentina ahora atraviesa un proceso concursal con una estructura mucho más reducida y un modelo de negocios en el que la fabricación local dejó de ocupar el lugar central.