El mercado laboral argentino atraviesa un proceso de deterioro que va más allá de la destrucción de puestos de trabajo privados registrados. Los datos oficiales muestran que, bajo el actual modelo económico, también se volvió más difícil acceder al empleo formal y permanecer en él. La fragilidad laboral alcanzó su nivel más alto de la década y 8 de cada 10 desocupados que consiguieron trabajo durante 2026 lo hicieron en la informalidad. La magnitud del deterioro queda expuesta al analizar la permanencia de los trabajadores registrados. De cada 100 asalariados privados registrados durante el primer trimestre de 2025, apenas 76 continuaron en esa condición un año después, según un informe realizado en base a datos del INDEC.
El indicador es incluso peor que durante la crisis de 2018-2019, cuando la permanencia alcanzaba al 79 por ciento, y representa una caída frente al 80 por ciento registrado entre 2024 y 2025. La pérdida de empleo formal también se refleja en las cifras acumuladas. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se destruyeron más de 235 mil puestos asalariados privados registrados, una caída del 3,7 por ciento, según datos de la Secretaría de Trabajo. La contracción supera a la registrada durante la crisis de 2018-2019, cuando el empleo privado formal había retrocedido 2,7 por ciento.
A esta reducción se sumaron más de 70 mil empleos públicos, equivalentes a una caída del 2,1 por ciento, y más de 20 mil puestos de trabajo en casas particulares, que disminuyeron un 4,5 por ciento. En contraste, la única categoría que mostró crecimiento fue el monotributo, con 150 mil nuevos registros.
Dimensiones del problema
El fenómeno adquiere una dimensión diferente porque ocurre incluso en un contexto de crecimiento de la actividad económica. El problema, entonces, no es solamente la cantidad de puestos formales que desaparecen, sino la calidad de los empleos que surgen como alternativa.
Los datos de transición laboral son contundentes. Entre los trabajadores que quedaron desocupados durante 2024-2025, uno de cada dos consiguió algún tipo de empleo durante 2026. Sin embargo, el 80 por ciento de quienes lograron reinsertarse lo hizo en el mercado informal, mientras que apenas el 20 por ciento consiguió ingresar nuevamente a un puesto registrado. La transformación también modificó la estructura del mercado laboral. Entre el primer trimestre de 2024 y comienzos de 2026, la participación del empleo asalariado privado registrado sobre el total de ocupados cayó de 32,4 a 30,5 por ciento.
Cuestión salarial
En el mismo período, los asalariados informales aumentaron su participación de 26,4 por ciento a 27,2 por ciento, mientras que los trabajadores por cuenta propia pasaron del 25 por ciento al 28 por ciento. Según un documento de la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia, el peso de los asalariados informales alcanzó un máximo de los últimos 20 años. El proceso de informalización también habría contenido parcialmente el aumento del desempleo: la desocupación pasó del 6,9 por ciento en el primer trimestre de 2023 al 7,8 por ciento entre enero y marzo de 2026, un incremento de 0,9 puntos porcentuales. En paralelo, la tasa de actividad apenas avanzó de 48,3 por ciento a 48,6 por ciento en tres años, sin una mejora equivalente del empleo formal ni del poder adquisitivo.
Para los economistas, esto refleja la necesidad de muchos hogares de sumar fuentes de ingresos para compensar el deterioro de sus ingresos. Así, incluso si la economía crece, la generación de puestos de calidad no acompaña ese proceso. Y, en este escenario, un mercado interno estancado aparece como un escenario que, según el análisis de Banco Provincia, incluso podría resultar optimista.