Se profundiza la caída del empleo en blanco en la Argentina de Milei: en mayo, 2.265 personas por día perdieron su trabajo

En total, ese mes hubo 70.217 trabajadores menos que en abril y se registró una reducción de 2.371 empresas. En los primeros cinco meses de 2026 cerraron 8.025 unidades productivas y se perdieron 113.897 puestos de trabajo registrados.

Viernes, 14 de agosto de 2026 17:03

La caída del empleo registrado volvió a profundizarse en mayo y dejó un saldo preocupante para el mercado laboral argentino: 70.217 trabajadores menos que en abril, lo que equivale a 2.265 empleos formales perdidos por día. Al mismo tiempo, el sistema contabilizó 2.371 empresas menos en apenas un mes, con especial impacto en actividades como el comercio y la industria manufacturera.

Los datos surgen de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y permiten dimensionar el deterioro del empleo en blanco durante la gestión de Javier Milei. En los primeros cinco meses del año, entre altas y bajas, se produjo una reducción neta de 8.025 empresas y la desvinculación de 113.897 trabajadores registrados.

El retroceso no se limita a mayo. La cantidad de empleadores cubiertos por el sistema de riesgos del trabajo pasó de 489.749 en diciembre de 2025 a 481.724 en mayo de 2026. En abril eran 484.095, por lo que solamente en un mes desaparecieron del registro 2.371 unidades productivas.

Menos empresas y menos trabajadores

La evolución del empleo formal también muestra una caída sostenida. En diciembre de 2025 había 9.559.457 trabajadores registrados dentro del sistema de riesgos del trabajo. Cinco meses después, la cifra se ubicó en 9.445.560, es decir, 113.897 trabajadores menos.

El dato de mayo representa una profundización de una tendencia que viene desde el inicio de la actual gestión.

Si se toma como referencia noviembre de 2023, mes utilizado como base para evaluar la evolución durante el Gobierno de Milei, el sistema registraba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores.

En mayo de 2026, las cifras habían descendido a 481.724 empresas y 9.445.560 trabajadores.

Esto implica una reducción del 6% en la cantidad de empleadores y del 4,2% en el número de trabajadores respecto de noviembre de 2023.

En términos absolutos, durante esos 30 meses se produjo una caída neta de 30.633 empleadores o unidades productivas, mientras que el número de trabajadores cubiertos por el sistema se redujo en 411.613 personas.

La SRT denomina “unidades productivas” a las entidades, empresas u organismos públicos o privados que reúnen a una o más personas trabajadoras y producen bienes o servicios. Se trata de las unidades alcanzadas por el sistema obligatorio de seguro de riesgos del trabajo.

La industria y el comercio, entre los sectores más afectados

La reducción de empresas registrada durante mayo tuvo particular impacto en el comercio y la industria manufacturera, dos sectores claves para la generación de empleo formal.

La evolución de los últimos años muestra un fuerte retroceso de la cantidad de empresas. En noviembre de 2023 había 512.357 empleadores. Luego de una caída pronunciada durante buena parte de 2024, el número llegó a 499.682 empresas en diciembre de ese año.

La baja se produjo en un contexto marcado por la devaluación, la caída del consumo y el ajuste impulsado por el Gobierno nacional. Entre los sectores más afectados estuvieron la construcción, debido a la paralización de la obra pública y privada, el empleo estatal y distintas ramas de la industria manufacturera.

Si bien posteriormente el ritmo de caída se desaceleró, durante 2025 volvieron a crecer los cierres netos y la tendencia continuó durante los primeros meses de 2026.

El problema también está en la falta de nuevas empresas

Los datos no solamente reflejan el cierre de unidades productivas existentes. Uno de los principales problemas que aparecen detrás de la caída del stock empresarial es la escasa creación de nuevas empresas.

Según especialistas, una parte importante de los establecimientos que desaparecen corresponde a firmas con menos de tres años de antigüedad. Son empresas que no logran afrontar los costos de las inversiones y gastos iniciales en un escenario caracterizado por la contracción del consumo.

A esto se suma un cambio en la estructura productiva: algunas unidades dejaron de fabricar bienes para dedicarse a comercializar productos importados. Esa transformación permite mantener determinada actividad comercial, pero implica una reducción significativa de los puestos de trabajo necesarios.

También se registra el cierre de empresas medianas y grandes, la implementación de retiros voluntarios y una menor generación de puestos asalariados.

En paralelo, una parte del escaso empleo nuevo se canaliza mediante el monotributo o directamente hacia la informalidad, modalidades que no forman parte del universo de trabajadores cubiertos por el sistema de riesgos del trabajo como asalariados.

“La escasa creación de firmas”

La propia Secretaría de Trabajo puso el foco sobre la denominada “natalidad empresarial”, es decir, la creación de nuevas unidades productivas.

Un aspecto crítico de esta evolución es el rol de las aperturas y los cierres de empresas. La contracción en el stock de empresas no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas”, señaló el organismo.

En ese sentido, el diagnóstico oficial advierte que el problema no se limita a la cantidad de empresas que cierran, sino a la dificultad para que aparezcan nuevos emprendimientos capaces de reemplazarlas.

Esta asimetría revela que el problema estructural de la dotación empresarial reside en la escasa creación de firmas, la cual no alcanza a compensar la salida natural de empresas del sistema”, agregó la Secretaría de Trabajo.

Y concluyó: La pérdida de unidades productivas se explica fundamentalmente por un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que por una aceleración atípica en los ceses de actividad”.

Un mercado laboral cada vez más precarizado

La caída de los trabajadores registrados tampoco puede analizarse únicamente a partir de los despidos directos. Detrás de la reducción de 411.613 trabajadores desde noviembre de 2023 aparecen distintos procesos que modifican la estructura del mercado laboral.

Entre ellos se encuentran la reducción del empleo formal tanto en el sector privado como en el público, el crecimiento de la informalidad y el aumento de trabajadores que desarrollan sus actividades bajo el régimen de monotributo.

Esto último resulta particularmente relevante porque una persona que abandona una relación de dependencia para pasar a facturar como monotributista deja de formar parte de las estadísticas de trabajadores asalariados registrados y del universo que contabiliza el sistema de riesgos del trabajo bajo esa modalidad.

De esta manera, la pérdida del empleo en blanco combina cierres de empresas, menor creación de nuevas unidades productivas, reducción de dotaciones, retiros voluntarios y transformación de puestos asalariados en modalidades más precarias.

El dato de mayo vuelve a encender las alarmas: mientras desaparecieron 2.371 empresas en un solo mes, más de 70.000 trabajadores dejaron de estar registrados. La tendencia deja en evidencia un mercado laboral en el que cada vez cuesta más sostener las empresas existentes y, al mismo tiempo, generar nuevas fuentes de empleo formal.