Casi 6 de cada 10 votantes de La Libertad Avanza en 2025 afirman que su salario no le gana a la inflación

Son datos de un reciente estudio realizado por el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora. En materia electoral, sostuvo que Milei y Kicillof mejoran en septiembre, pero ninguno rompe la barrera del 30 por ciento a un año de la elección.

Lunes, 05 de octubre de 2026 16:55


Los problemas económicos parecen estar mermando el entusiasmo de los argentinos, que en general están pesimistas respecto del futuro inmediato. El punto de partida es un clima social dominado por la incertidumbre, asegura el reciente informe del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de septiembre, que muestra una sociedad que define su posición en medio de estas dudas: el 57,4 por ciento se declara pesimista sobre el futuro del país. En ese marco, la aprobación de Javier Milei sube a 35,2 por ciento y la imagen positiva de Axel Kicillof llega a 38,2 por ciento, mientras el voto seguro de ambos se ubica en el 28,3 y el 27,1 por ciento, en un tablero donde el crecimiento de cada uno depende del voto que hoy todavía no tiene.

Además, el 57,4 por ciento de los argentinos se declara pesimista sobre el futuro del país y el 34,3 por ciento optimista. La brecha entre presente y expectativa es parte del cuadro: el 39,3 por ciento evalúa mal su situación económica personal, pero el 61,5 por ciento califica mal la del país, de modo que el malestar se proyecta más sobre el horizonte colectivo que sobre la experiencia propia. Las principales preocupaciones son los ingresos y salarios (50,1 por ciento) y la incertidumbre económica (49,8 por ciento), seguidas por el desempleo (40,9 por ciento), la corrupción (39,6 por ciento) y las tarifas de servicios públicos (35,2 por ciento). La inflación, en cambio, ocupa el último lugar entre diez temas, con el 12,7 por ciento.

Esa jerarquía convive con una desconfianza persistente hacia el dato oficial. El 67,1 por ciento cree que la inflación publicada por el INDEC no refleja lo que percibe en su vida cotidiana y el 30,6 por ciento opina que sí; en agosto, el 65,8 por ciento no creía el dato del organismo oficial. A su vez, el 81,8 por ciento sostiene que su salario no le gana a la inflación, frente al 81,2 por ciento el mes anterior. Que la inflación sea la última preocupación y que la gran mayoría sienta que el salario no alcanza no es una contradicción: sugiere que el índice y la experiencia miden cosas distintas. El INDEC informa cuánto suben los precios cada mes; los hogares comparan su ingreso con el nivel de precios acumulado, y una desaceleración de la inflación no se vive, por sí sola, como una recomposición.

Crisis de salarios  

El voto ordena esa percepción, pero no la elimina. Entre quienes votaron al oficialismo en 2025, el 59,1 por ciento afirma que su salario no le gana a la inflación (61,2 por ciento en agosto) y el 31,8 por ciento que sí; entre los votantes opositores, los porcentajes son 97 y 0,8 por ciento, respectivamente. Hay, entonces, dos lecturas del mismo fenómeno: casi un tercio del electorado oficialista siente que su ingreso acompaña, algo prácticamente inexistente en el campo opositor, pero seis de cada diez de esos mismos votantes tampoco perciben recomposición. La percepción tiene, además, un correlato en el calendario del bolsillo: los ingresos del 59,6 por ciento de la clase baja no alcanzan más allá del día 15 y los del 83,3 por ciento se agotan a más tardar el día 20, mientras que el 61,9 por ciento de la clase alta llega a fin de mes y ahorra.

La aprobación de la gestión de Javier Milei llegó al 35,2 por ciento en septiembre, frente al 32,2 por ciento de agosto y al 31,4 por ciento de julio, su registro más alto desde marzo. La desaprobación, sin embargo, también subió, del 54,1 al 56,8 por ciento: lo que se achicó es el sector que no tomaba posición, que pasó del 13,3 al 8,1 por ciento. El saldo entre quienes aprueban y desaprueban prácticamente no cambió (-21,6 puntos, contra -21,9 en agosto) y, desde abril, la aprobación se mueve en una banda de menos de cuatro puntos, entre el 31,4 y el 35,2 por ciento. La imagen personal del Presidente acompaña el movimiento: 34,9 por ciento de positiva y 58,5 por ciento de negativa, frente a una positiva de 32,7% en agosto.

La estructura del respaldo, además, se mantiene. La aprobación llega al 58,8 por ciento en la clase alta, al 39,9 por ciento en la media y al 19,8 por ciento en la baja, donde la desaprobación alcanza el 72,9 por ciento. La clase ordena de manera consistente la evaluación económica y la política: la situación del país es considerada negativa para el 42,9 por ciento de la clase alta, para el 56,5 por ciento de la media y para el 70,7 por ciento de la baja. La edad, en cambio, separa. Los jóvenes de 18 a 39 años son quienes peor evalúan la economía del país (69,1 por ciento la considera negativa, contra 57,4 por ciento entre los mayores de 60) y, al mismo tiempo, quienes más aprueban al Presidente: (42,5 por ciento, frente a 30,3 por ciento entre los de 40 a 59 años y 34 por ciento entre los mayores de 60), y quienes mejor lo valoran en imagen, con un 50,9 por ciento de positiva. Es un dato que sugiere que, entre los más jóvenes, el juicio sobre el Gobierno responde menos al balance del presente que a la expectativa y a la identificación política.

Panorama electoral

En tanto, Axel Kicillof llega a septiembre con el 38,2 por ciento de imagen positiva, dos puntos más que en agosto (36,2 por ciento), y el 53,6 por ciento de negativa. Como en el caso de Milei, la mejora del gobernador se produce a costa del tramo intermedio: la imagen regular bajó de 12,6 a 8,1 por ciento. Kicillof queda así en su nivel más alto desde mayo, a pocos puntos de los registros de abril y mayo (40,2 y 39,9 por ciento) y cerca de los 40 puntos. Su perfil es el espejo del presidencial. La imagen positiva de Kicillof es de 17,4 por ciento en la clase alta, de 30,4 por ciento en la media y de 49,3 por ciento en la baja; de 45,1 por ciento entre las mujeres y de 30,7 por ciento entre los varones; y sube con la edad, de 34 por ciento entre los jóvenes a 40 por ciento entre los mayores de 60. Allí donde Milei encuentra su mejor respaldo, el gobernador encuentra su límite, y viceversa. Esa simetría indica que ambos expresan los dos polos de un mismo clivaje, social, etario y de género, más que una competencia por los mismos votantes.

Myriam Bregman es la única dirigente con balance positivo de su imagen: 44,2 por ciento de positiva contra 43 por ciento de negativa, una diferencia que queda dentro del margen de error y que debe leerse como equilibrio y no como ventaja. Su particularidad aparece en el voto: solo el 12,7 por ciento la votaría seguro, pero otro 32,8 por ciento declara que podría hacerlo, la mayor reserva de voto blando de todo el tablero, concentrada en la clase baja (43,3 por ciento) y entre las mujeres (41,8 por ciento).

Patricia Bullrich registra 36,7 por ciento de imagen positiva y 52 por ciento de negativa, con un patrón etario opuesto al del Presidente: su imagen positiva sube del 28,7 por ciento entre los jóvenes al 44,2 por ciento entre los mayores de 60, y su voto seguro es casi inexistente en el tramo joven, donde el 41,8 por ciento dice que podría votarla, en tanto que entre los mayores el 24,6 por ciento seguro la votaría. También depende más de la clase: 61,5 por ciento de imagen positiva en la clase alta y 23,7 por ciento en la baja, con un voto seguro de 43,9 por ciento en el estrato alto, por encima del de Milei en ese mismo segmento (36,8 por ciento). El oficialismo, en otras palabras, muestra dos electorados con perfiles distintos: uno joven, en torno al Presidente, y otro mayor y de mayores ingresos, en torno a Bullrich.

OTRAS NOTICIAS
ÚLTIMAS NOTICIAS