El fundador de Waya, la billetera virtual que crece entre los trabajadores independientes, cuestionó el “vicio de prestar caro”

Leonardo Ferrucci, empresario con más de dos décadas de trayectoria en el sector financiero, advirtió que la morosidad de familias y pymes es una crisis “en parte autogenerada” por las altas tasas de interés. También defendió el rol de las billeteras virtuales como herramientas de inclusión financiera.

Viernes, 31 de julio de 2026 17:07

El endeudamiento y la morosidad de las familias y las pequeñas y medianas empresas volvieron a instalarse en el centro de la agenda pública. En un contexto en el que miles de trabajadores y emprendedores recurren al crédito para afrontar sus gastos cotidianos, una voz surgida desde el propio sistema financiero cuestionó las condiciones en las que se otorgan los préstamos y apuntó contra las altas tasas de interés.

La inflación bajó pero las tasas siguieron altas. Buena parte del problema se explica por el vicio de prestar caro. Es una crisis en parte autogenerada, sostuvo Leonardo Ferrucci, empresario del sector financiero y fundador de Waya Wallet, durante una entrevista en la señal de streaming Ahoraplay, al referirse al crecimiento de la morosidad vinculada con los préstamos personales y las tarjetas de crédito.

La declaración cobra especial relevancia porque Ferrucci no proviene del ámbito de las organizaciones de defensa de los consumidores ni se presenta como un dirigente opositor al sistema financiero. Por el contrario, su mirada crítica surge desde el interior de una actividad en la que acumula más de dos décadas de trayectoria, tanto en Argentina como en Estados Unidos.

Una deuda que crece entre familias y pymes

La preocupación por el endeudamiento viene creciendo en los últimos meses y afecta especialmente a los sectores con menores ingresos y a quienes tienen dificultades para acceder al crédito formal en condiciones favorables.

Según un reciente estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), difundido en redes sociales por la diputada nacional Julia Strada, la deuda promedio per cápita de las personas morosas con el sistema bancario alcanza los 3 millones de pesos. Si se consideran tanto las deudas bancarias como las no bancarias, el promedio se ubica en torno al millón y medio de pesos.

El informe también relevó la cantidad de morosos en distintos distritos del país. La provincia de Buenos Aires concentra aproximadamente 2,2 millones de personas en esa situación, seguida por Córdoba, con unos 500.000 casos; Santa Fe, con 400.000; y la Ciudad de Buenos Aires, con alrededor de 340.000.

A este escenario se sumaron otros estudios que pusieron el foco en el impacto social del endeudamiento. Una investigación de la consultora QSocial reflejó el cansancio de una parte importante de la población frente a esta problemática, mientras que un informe elaborado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro) señaló que cuatro de cada diez jubilados contrajeron deudas durante los últimos dos años.

El fenómeno atraviesa así a distintos sectores sociales y productivos, desde jubilados y trabajadores asalariados hasta familias y pequeños emprendimientos que utilizan el crédito como una herramienta para sostener el consumo o la actividad económica.

La mirada desde el sistema financiero

En este contexto, Ferrucci planteó una crítica al funcionamiento del mercado crediticio y cuestionó la persistencia de tasas elevadas incluso después de la desaceleración de la inflación.

Su diagnóstico apunta a una dinámica que, según explicó, termina profundizando las dificultades de quienes ya tienen problemas para cumplir con sus obligaciones. El costo elevado del financiamiento genera cuotas más difíciles de afrontar y puede derivar en una espiral de endeudamiento y morosidad.

Para el empresario, se trata de un problema que no debería analizarse únicamente desde la responsabilidad individual de quienes toman un préstamo, sino también desde las condiciones bajo las cuales se ofrece el crédito.

La discusión adquiere especial importancia en un escenario donde una parte de los trabajadores independientes y de la economía informal encuentra dificultades para acceder a productos financieros tradicionales. En muchos casos, la falta de historial crediticio o de ingresos formalmente registrados funciona como una barrera de entrada al sistema.

Waya y el desafío de la inclusión financiera

Ferrucci es fundador de Waya Wallet, una billetera virtual que busca desarrollar herramientas financieras adaptadas a las necesidades de los trabajadores independientes y de sectores que suelen quedar fuera de los circuitos tradicionales.

Desde esa experiencia, el empresario reivindicó el potencial de las nuevas herramientas digitales para ampliar el acceso a los servicios financieros.

Las billeteras, bien empleadas, son un acelerador de la inclusión social. Pix, en Brasil, es un ejemplo por la positiva”, explicó Ferrucci durante el diálogo con el periodista especializado Carlos Burgueño, al referirse al sistema de pagos digitales desarrollado en el país vecino.

La referencia a Pix apunta a un modelo que logró masificar los pagos electrónicos y facilitar las operaciones financieras entre personas, comercios y pequeños emprendimientos. Para Ferrucci, experiencias de este tipo muestran que la tecnología puede contribuir a reducir las barreras que enfrentan quienes trabajan por cuenta propia o desarrollan actividades económicas de menor escala.

En esa línea, también cuestionó las dificultades que enfrentan los pequeños emprendimientos para ingresar al sistema financiero formal.

Si en vez de ponerle barreras de acceso al sistema a los pequeños emprendimientos los ayudáramos a entrar, subiría la recaudación, se podrían bajar impuestos y el PBI podría subir 3 o 4 puntos, afirmó.

El vínculo con los trabajadores independientes

La mirada de Ferrucci también se relaciona con su actual trabajo de asesoramiento a la Organización Latinoamericana de Trabajadores Independientes (OLTI), una entidad que busca representar a un universo creciente de personas que desarrollan su actividad por fuera de las estructuras tradicionales del empleo asalariado.

En este sector se encuentran trabajadores por cuenta propia, emprendedores, monotributistas y personas que generan sus ingresos a través de distintas actividades independientes. La falta de acceso a herramientas financieras adecuadas es uno de los obstáculos que enfrentan para consolidar sus proyectos y mejorar sus condiciones laborales.

El debate sobre la inclusión financiera aparece así estrechamente vinculado con la discusión sobre el futuro del trabajo. Mientras millones de personas recurren a nuevas modalidades de empleo y generación de ingresos, las herramientas financieras y digitales se convierten en un factor cada vez más relevante.

Para Ferrucci, el desafío pasa por evitar que la falta de acceso al crédito formal termine empujando a los trabajadores y pequeños emprendimientos hacia opciones de financiamiento más costosas y difíciles de sostener.

En ese escenario, el crecimiento de la morosidad vuelve a encender las alarmas y abre una discusión que excede al sistema financiero: cómo garantizar que el crédito sea una herramienta para el desarrollo y no termine convirtiéndose en un nuevo factor de exclusión y endeudamiento para las familias, los jubilados y quienes viven de su propio trabajo.