Inminente quiebra de La Suipachense: se profundiza la crisis del sector lechero

Luego de 70 años, la empresa láctea está al borde del cierre, luego de un fallo judicial contrario. Así, aumentan las empresas del rubro en situación dramática. Para el gremio ATILRA, el gobierno nacional “debe buscar la solución”.

Jueves, 26 de febrero de 2026 11:37

La empresa láctea La Suipachense, con más de siete décadas de trayectoria en la provincia de Buenos Aires, quedó oficialmente en “estado de quiebra” tras la resolución del Juzgado Civil y Comercial 7 de Mercedes. La noticia marca un nuevo capítulo en la profunda crisis que atraviesa el sector lechero argentino y afecta directamente a 140 trabajadores, que quedaron sin empleo tras meses de incertidumbre. Ante esto, desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina (ATILRA) se afirmó que “escuchar esta alarma y buscar la solución es tarea de quien gobierna”, y alertó sobre la crisis que atraviesa la industria láctea.

La compañía operaba bajo la razón social Lácteos Conosur S.A., controlada por el grupo venezolano Maralac, que en los últimos años también estuvo involucrado en la administración de otras firmas del rubro con dificultades similares. Antes de su colapso, la planta había llegado a procesar hasta 250 mil litros diarios de leche, posicionándose como un actor relevante dentro de la producción regional. Sin embargo, la caída fue progresiva: la falta de actividad, los conflictos laborales y la imposibilidad de cumplir compromisos financieros aceleraron el desenlace.

El fallo judicial estableció la inhabilitación definitiva de la firma y dispuso la inhibición general de bienes. Además, se dictó la inhabilitación de Jorge Luis Borges León, responsable de la administración, quien incluso deberá solicitar autorización judicial para salir del país mientras avanza el proceso de liquidación. Esta decisión busca garantizar que permanezca a disposición para la investigación de posibles irregularidades en la gestión. La parálisis productiva fue uno de los factores más determinantes. Durante tres meses, la planta permaneció completamente detenida, sin generar ingresos ni cumplir con el plan de acción que la Justicia había solicitado para intentar revertir la situación. En paralelo, los trabajadores realizaron protestas y acampes frente al establecimiento, acompañados por vecinos de Suipacha y Chivilcoy, ante la falta de respuestas y el temor creciente a perder sus fuentes de trabajo.

Crisis sectorial

El caso de La Suipachense no es aislado. La industria láctea argentina arrastra un escenario complejo, con empresas de larga trayectoria que enfrentan presiones internas y externas. En los últimos meses, otras compañías importantes como Sancor, ARSA y Verónica también experimentaron dificultades severas, contribuyendo a un clima de creciente preocupación en el sector. Los datos recientes del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) muestran caídas tanto en las ventas como en el consumo. En diciembre de 2025, el volumen comercializado fue un 0,4 por ciento menor al del mes anterior y un 1,1 por ciento inferior en la comparación interanual. Aunque el acumulado anual cerró con un incremento del 5,2 por ciento, ese repunte no alcanzó para revertir la fuerte contracción registrada en 2024, cuando el consumo de lácteos se desplomó un 9,7 por ciento.

A este panorama se suma la advertencia del Movimiento CREA, que señala que la sobreoferta y las restricciones para exportar han generado una presión adicional sobre los precios, llevando a muchas industrias a vender productos a valores poco competitivos. Las existencias de lácteos se encuentran un 9,6 por ciento por encima de los niveles del año previo, un dato que profundiza la fragilidad del mercado.

Alerta sindical

Ante esta realidad del sector lechero, el gremio ATILRA fijó postura. En declaraciones periodísticas, su secretario general Héctor “Etín” Ponce señaló que “la industria láctea argentina atraviesa un proceso de reconversión y concentración -en una marcha no siempre lineal- que se lleva puesto las estructuras obsoletas con las cuales la industria se venía manejando desde hace décadas”. En ese sentido, explicó que “la concentración provoca naturalmente la desaparición de los emprendimientos de menor envergadura, y la tecnología expulsa continuamente trabajadores de la industria”.

Frente a este panorama, afirmó: “Entender estos procesos y anticipar sus movimientos nos permite avizorar la forma de acomodar las cargas para tratar de evitar en la medida de lo posible el cierre de plantas industriales y acudir al rescate de la mayor cantidad de puestos de trabajo”. Aclaró además que “la situación no es exclusiva ni excluyente de nuestra actividad, ya que son varios los sectores industriales afectados por cuestiones similares, donde incide también lógicamente la situación económica del país, sin atribuirle responsabilidades a un solo gobierno en particular”.