Cuando Mariana BerbegliaTuron decidió ingresar al mundo de las ferias, recuperando la tradición familiar que había iniciado su abuelo, lo hizo pensando en un cambio para sus hijos. A su puesto de Florencio Varela la llevó esa vocación heredada, el amor por una actividad muchas veces estigmatizada, pero que ayuda a sostener a millones de familias. Allí se encontró con los problemas diarios que enfrenta un puestero y decidió dar un paso más: organizar al sector. Así comenzó a trabajar en el Sindicato Único de Trabajadores Feriantes de la República Argentina (SUTFRA), que hoy lidera luego de sortear dos intervenciones y ganar las elecciones, en momentos en que llegaba al poder Javier Milei. Esa coincidencia no fue inocua, ya que el modelo libertario empujó a muchas personas a la actividad, en busca de una salida a la situación actual.
“La feria es un amperímetro de la situación del país”, admite, ya que las crisis suelen llevar a esos pasillos a puesteros y compradores. Esto fue un enorme desafío para ella y el gremio, ya que se deben enfrentar prejuicios y situaciones complejas, y dar respuesta a reclamos permanentes. Eso no parece amedrentar a esta licenciada en Administración de Empresas, madre de cuatro hijos, que está al frente de una entidad internacional, la Organización Latinoamericana de Trabajadores Independientes (OLTI), que recibió el reconocimiento del Parlasur y la OIT.
Berbeglia Turon recibió a Data Gremial en la sede porteña de SUTFRA para hablar de la realidad del sector. En su despacho, una foto con el Papa Francisco recibe a los visitantes. “En ese momento Francisco me dijo: ‘Vos seguí, que vas a llegar’”, recordó. Además, la tradicional foto de Evita completa el escenario. “Siempre fue una referencia para mí”, dijo sobre la líder del peronismo. Actualmente, la dirigenta intercala su tiempo entre el gremio, la actividad en las 62 Organizaciones Peronistas y la familia. Porque proyectos sobran. Además de buscar la formalización del sector, SUTFRA quiere crear junto con la billetera virtual Waya un fondo de impacto para ayudar a la gente frente al endeudamiento extremo que sufre, con préstamos más económicos. Y quiere estar presente en cada lugar donde hay una feria. “Cuando el sindicato está, el mafioso se intimida”, aseguró.
- Comencemos por el final, la actualidad de los trabajadores feriantes. Entiendo que SUTFRA tiene unos 40 mil afiliados, ¿cómo está la realidad del sector en la era Milei?
-La realidad es que cada vez hay más feriantes porque, al haber menos trabajo, la gente se va volcando a las ferias, que son un amperímetro de la situación del país. Me lo dijo alguna vez el ministro (de Trabajo bonaerense, Walter) Correa: cuando hay mucha gente en las ferias es porque el país está peor. Me pasa que, al recorrer un lugar, verlo lleno y decir “qué bueno que estén vendiendo”, pero te muestran un puestero y te dicen: “Ese era comerciante, ese otro tenía una pyme”. En este contexto, lo que vemos es que la gente en general y el feriante en particular están muy endeudados, porque literalmente la plata no alcanza. Y esto pasó porque muchas billeteras virtuales acompañaron ese endeudamiento extremo. No sé si está bien o mal, pero eso pasa.
- Ustedes están trabajando con Waya, una billetera pensada para incorporar a la formalidad a muchos sectores, incluyendo los feriantes.
-Nosotros proponemos, junto con Waya, armar un fondo de impacto para ayudar a la gente a salir del endeudamiento, con préstamos más económicos y, además, que tengan un perfil productivo. Un feriante puede ser emprendedor, pero además queremos que pueda comprar su mercadería a menor costo, por ejemplo. Este fondo está pensado para ser armado con filántropos y gente que esté interesada en sacar adelante el país.
Además, nuestro objetivo como sindicato es que esa gente sea incluida, y para eso queremos enseñar educación financiera y tributaria. Y para incluirte te tenés que formalizar; si no, quedás en el medio. Por eso la billetera tiene un clic llamado “Mi contador”, que permite educar a la persona sobre cuestiones tributarias, como sacar el monotributo.
No hay feriante que te diga que le gusta trabajar en la informalidad.
- A partir de esta idea tuvieron algunos problemas con los movimientos sociales.
- Nosotros les decimos a los movimientos sociales que deberían estar para las personas que no tienen ninguna actividad y, una vez que tienen una, por ejemplo, feriante, debe intervenir el gremio para que les podamos dar derechos y evitar que los exploten o los maltraten, como pasa en muchos predios, donde vienen los mafiosos a extorsionarlos y obligarlos a que les paguen para trabajar. Nuestra idea es acompañar a esa gente para que sepa que tiene derechos y también obligaciones.
Rompiendo mitos
- ¿Cómo se sale a pelear contra la idea de que en las ferias se evade, se lava dinero, que no hay leyes si se quiere?
- Nosotros decimos que hay un mundo de las ferias en color y otro blanco y negro. Lo principal es estar con la gente, acompañarlos, escuchar sus problemáticas, que muchas veces no están a simple vista. Para eso queremos tener un espacio del gremio en cada feria, porque cuando el sindicato está, el mafioso que representa todos esos mitos se intimida.
Tenemos herramientas como gremio, porque estamos reconocidos legalmente, para hablar con las autoridades y que te acompañen en esa lucha. En General Rodríguez, por ejemplo, empezamos con el intendente una campaña para acompañar a la gente a que se pueda incluir, formalizar. Una campaña educativa que vaya fortaleciendo ese proceso.
Hoy hay un cambio que no se puede tapar: ante tanta informalidad, deben crecer los oficios. El Ministerio de Capital Humano hace capacitaciones, pero vas a las ferias y la gente no lo sabe. No está bien comunicado. Para eso debemos estar como sindicato, para llevar esos beneficios a la gente, porque somos quienes estamos en contacto permanente.
- ¿Qué instrumentos legales o normativos se necesitan para poder acompañar este ingreso a la formalidad? En su momento se pensó en el monotributo, pero terminó permitiendo que muchas empresas dejen de registrar a sus empleados?
- El monotributo es una herramienta inclusiva, pero desde que se hizo nadie la acompañó en el proceso y se terminó usando para no formalizar. Hecha la ley, hecha la trampa. Además, en la Argentina el monotributo se pensó para quienes prestan servicios, sobre todo profesionales liberales. Lo que no existe es un monotributo para la persona que se está incluyendo en el mercado laboral.
Lo que planteamos nosotros es una herramienta entre el monotributo social, que no es inclusivo, y el profesional y de servicio. Llamalo social inclusivo si querés, pero que le permita a un trabajador como el feriante facturar más sin tener una categoría muy alta.
ARCA confunde facturar con trabajar. Un feriante en La Salada puede facturar 10 millones de pesos porque vende mucho en volumen, pero de ganancias por ahí le quedan 500 mil pesos. A ese feriante hay que acompañarlo también, porque es un emprendedor, un vendedor, que forma parte de ese 50 por ciento que está en lo que se llama la economía popular.
Un caso se dio en La Salada, donde la intervención ordenó formalizar a todos los puesteros. El 100 por ciento se hizo monotributista categoría A, pero a fin de año los recategorizaron a la F. La persona se asusta porque no está acostumbrada a pagar tanto y deja de facturar, o se da de baja y vende en negro.
Por eso decimos que hay que crear un monotributo que se vaya ajustando, que dure unos años y que, sobre todo, los deje facturar. Si de los cinco millones de informales, unos tres son feriantes, podrían ser formalizados y cambiamos el PBI del país.
- ¿Qué falta para avanzar con esto, voluntad política?
-Eso nos preguntamos nosotros. En Ciudad de Buenos Aires, donde se hicieron muchas cosas bien, pasó que luego se abandonó un poco el proceso y en las ferias empezaron a aparecer otra vez los mafiosos, como en Parque Centenario. Todo eso se puede evitar con el sindicato como ente contralor y dándole herramientas a la persona para que se defienda de eso. Por eso destacamos lo de Waya, desarrollada por Leonardo Ferrucci a partir de las necesidades del feriante.
- Es inevitable, cuando se habla de ferias, pensar en La Salada. ¿Cómo está la realidad de los tres complejos?
-Hoy las tres ferias están intervenidas y hay algunos intereses para que no estemos. El interventor de Punta Mogotes está bien predispuesto, hemos realizado acciones en conjunto; en Urkupiña se acercaron feriantes a nosotros y, en el resto, nada.
Lo que puedo decir es que todos nuestros feriantes están registrados, usan la aplicación y ganan plata. Acompañar eso es muy importante. Hoy esos pasos se están dando en otros lugares, como La Matanza, donde vamos a abrir una seccional similar a General Rodríguez, para poder capacitar.
La idea en La Matanza es poder formalizar a los feriantes de Villa Celina, que los quieren sacar y mandar a la calle. El objetivo es ir entrando en todos los municipios. En algunos lugares es más fácil y en otros, para nada. Y no tiene que ver con el color político de los distritos.
Mirada regional
- Se suele decir que, con el 50 por ciento de la economía en negro, la Argentina se “latinoamericanizó”. ¿Coincide con esta mirada, teniendo de primera mano las experiencias de otros países?
- No es que la Argentina se está “copiando” de los países de la región. El mundo entero está pasando a la informalidad o al trabajo independiente. Lo que hay que hacer es aggiornarse a esta realidad, incluso la CGT, por ejemplo, para trabajar más en conjunto, porque hay otras formas de tener trabajo.
No podemos decir que o sos de los movimientos sociales o sos un empleado, porque no es verdad. Hay un gris gigantesco en el medio y no los acompaña nadie. Estaría bueno que se entienda que hoy, entre el empleado en relación de dependencia y el independiente, hay algo que es un gris. Hay que buscarle una palabra. En la Ley de Bases se puso la palabra “colaborador”; por ahí se puede usar eso para empezar a darle derechos a esos millones y no quedarnos en lo que era antes.
La inclusión en el mundo es algún tipo de formalización; por ahí no es bajo relación de dependencia. Este es el trabajo que estamos haciendo con la OLTI. En Paraguay estamos trabajando con el Gobierno para ver cómo podemos ayudar para que haya algún tipo de formalización.
No tengo dudas de que, si trabajamos en conjunto, podrían lograr la inclusión de millones de personas y cambiaría el PBI del país. Bajaríamos la informalidad, acompañando a la gente para que pueda crecer.
- Por muchos años se acusó a los gremios tradicionales y a la CGT de dar la espalda a la economía popular. ¿Cómo es la relación con ellos siendo un gremio que busca incorporar ese universo?
- Hay que ir construyendo un camino hacia una relación. Muchas veces en la CGT me han dicho: “Mirá que está (Alejandro) Gramajo, de los movimientos sociales”. Mi respuesta es que Gramajo está para otra cosa. Me encanta que esté, pero él se ocupa de quien no tiene una actividad. Hay que ayudar a esa persona a que tenga un trabajo y ahí entra en juego el sindicato para ayudarlos a formalizarse y crecer.
Para eso son importantes SUTFRA y la OLTI, para que ese trabajador comience a tener derechos y comience a pertenecer. Hay formas, algo parecido al régimen de amas de casa, por ejemplo.
Lo que necesitamos es que nos acompañen. Lo que cuesta es romper el statu quo; parecería que molestáramos. Nosotros tenemos reconocimiento sindical, representamos a millones de personas, y es hora de que se empiece a tener la mirada de la inclusión.
¿Hay algún país que haya avanzado en esta inclusión, generando esta categoría, alguna forma que ustedes tomen como modelo?
Hoy no existe una organización que trabaje específicamente con el trabajador independiente, que haya podido ordenar el tema luego de estar al límite, como pasó en Asia. Nosotros somos quienes estamos un poco más avanzados. De hecho, el Parlasur destacó que la OLTI es la primera entidad de su tipo en el mundo. Y el nuestro es el primer sindicato en el mundo que piensa que el trabajador puede no ser en relación de dependencia. Nosotros queremos que la gente tenga una oportunidad, que se pueda incluir.
Trayectoria personal
-Además tuvo que luchar por su reconocimiento, incluso llegó a la OIT. ¿Cómo fue ese proceso, qué cosas te sorprendieron de un mundo que no suele ser muy amigable con los cambios?
-El sindicato fue intervenido dos veces. Cuando se había logrado el llamado a elecciones, en un proceso absolutamente transparente, se dio el cambio de gobierno nacional, que volvió a intervenir. No sé si esto pasaba porque había un importante grado de desconocimiento o porque había un interés detrás. Lo que habíamos hecho era todo legal. Por eso hoy soy la secretaria general, con todos los papeles. Yo tuve muchos enemigos. Agradezco a las 62 Organizaciones Peronistas y a su titular, José Ibarra, que me apuntaló y me enseñó. Yo no vengo del mundo sindical, me atrajo este mundo y, en particular, este sindicato, porque tengo un abuelo que fue feriante, que logró con esta ocupación que mi viejo fuera profesional. Yo me planteé por qué no puedo lograr que muchas personas hagan eso realidad.
- ¿Esa historia personal fue tu motivación para entrar en el mundo sindical?
- Sí, claro. Yo soy licenciada en Administración de Empresas, tuve mi puesto en la feria de Florencio Varela, donde pude incursionar en el mundo de los feriantes. Porque para poder hacer hay que comprender: muchos feriantes son de vocación, aman lo que hacen; muchos lo hacen porque es una salida laboral, más en este contexto que vivimos. Muchas veces se piensa que ser feriante es ser informal o tener una changa. Por eso la importancia del sindicato, para poder darles herramientas para progresar, para que puedan sacar un crédito o para que puedan formalizarse.
- Estás en dos mundos dominados por hombres, las ferias y el sindicalismo, ¿cómo fue esa experiencia?
- Hubo sindicalistas con los que me enfrenté, otros con los que puedo charlar, pero sé que no soy de su agrado porque tienen una mentalidad más antigua. Y muchos otros que te aceptan y te van incluyendo. Cuando vos demostrás que lo que decís lo hacés, la gente te termina respetando. Yo voy a las ferias sin seguridad, la gente me abraza, camino tranquila porque le das algo más a la gente, la estás llevando por un camino que no tenía, le das un derecho, por eso la gente te quiere. En Villa Celina, donde hay gente de la colectividad boliviana y paraguaya, los ayudás con un trámite migratorio, y eso la gente lo ve y te lo agradece. Yo priorizo eso, después, si los sindicalistas me quieren, bienvenido. Yo soy una persona abierta. Después hay que ver si les interesa.
- ¿Qué objetivos te trazás para el gremio y en lo personal en esta carrera sindical?
- Mi sueño es formalizar a los feriantes argentinos, es mi primera meta. Cada vez que vamos a un lugar y logramos que esas personas que antes eran informales sean, aunque sea, monotributistas, me da placer. Después tratamos de educarlos financieramente; por ejemplo, les explicamos el tema de los créditos, de cómo usarlos. Esa es la primera meta, que tiene que ver con nuestro país. Y después, replicar este modelo fuera de la Argentina. Para eso estamos trabajando muy bien con el Parlasur, que en el país no tiene mucha relevancia, pero a nivel regional está trabajando mucho y tiene en agenda el tema, que no es poco. Vamos creciendo y la gran meta en lo personal es que el día de mañana digan: “Con todo este trabajo que hicieron, se formalizaron un montón de personas”. Lograr un cambio, y eso viene con la formalización, no hay otra. Ojalá que el Gobierno nacional, el Ministro de Economía, ARCA, lo entiendan. Son tres millones de feriantes, de cinco millones de informales.
Teniendo ese universo potencial de personas, llama la atención que no se haya acercado la política…
- Tarde o temprano se van a acercar. Yo no vengo ni del sindicalismo ni de la política, a veces eso no gusta. Muchas veces lo que ven es que no te pueden manejar. Lo que podemos hacer es trabajar en conjunto. Lo que necesitamos es una ley para esos trabajadores independientes, una especie de monotributo que te permita facturar mucho volumen, porque así se va a meter toda la plata en blanco.
El temor sería que se blanqueen recursos de negocios ilegales.
- No es tan difícil de detectar. Te vas dando cuenta, los bancos se dan cuenta. Lo que pasa es que los bancos son muy leoninos: una persona mueve un millón de pesos y la bloquean, cuando está trabajando. Debemos trabajar en conjunto para crear este tributo, donde se pueda incluir todo y que te deje facturar. Con plazos: si en un año creciste, podés pasar a otra categoría más exigente, y así. La inclusión tiene que ver con la microeconomía y ayuda a la macro.