En buena parte del país, el lunes pasado debía reiniciarse el ciclo lectivo 2026, luego del receso invernal, pero un paro de los docentes y los auxiliares dejó muchas escuelas vacías. Pese a las amenazas de sanciones por la supuesta esencialidad de la actividad educativa, el acatamiento de la medida de fuerza nacional fue muy amplia, e incluyó una importante manifestación en la Ciudad de Buenos Aires, donde los gremios del sector denunciaron la situación que se vive en todo el país respecto a los ingresos. Es que el gobierno nacional congeló la paritaria nacional, lo que complica los ingresos de muchos docentes. “Hay compañeros que no comen y van a trabajar. Otros que dejan la docencia porque no tienen para ir trabajar”, dijo un referente de la docencia de Entre Ríos en CABA, uno de los testimonios que más impactaron por su crudeza.
El aumento de los asalariados que están por debajo de la línea de pobreza es una de las caras más dramáticas del modelo libertario, que utiliza los salarios como ancla inflacionaria, generando una crisis de ingresos que afecta a todos los sectores. La cantidad de personas en esta situación llega a índicas muy alarmantes, en especial entre informales. Así lo señala un estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que señala que los niveles de “trabajadores pobres” alcanza el 20 por ciento, con picos del 30 por ciento entre empleados no registrados. Además, se marcó un crecimiento sostenidos del empleo informal, que potencia la mirada de un “fuerte deterioro” del mercado laboral, contrario de las últimas declaraciones del presidente y su ministro de Economía.
El último informe del Instituto de Investigaciones en Economía Política (IIEP) de la UBA sostiene que, frente al discurso oficial que proyecta una pronta recuperación económica, “los indicadores del mercado de trabajo muestran un panorama contrapuesto”. “Lejos de frenarse, la sangría de empleos formales en el sector privado se aceleró en los últimos meses, acumulando una pérdida de más de 235 mil puestos asalariados registrados”, denunció el trabajo, que comenzó a hablar de “deterioro estructural” que no solo se manifiesta en la suba de la desocupación, sino también en el “vuelco masivo hacia la informalidad y el desplome del poder adquisitivo”. En este contexto, la cantidad de trabajadores pobres crece, en especial entre quienes tiene empleos no registrados.
“La asociación entre informalidad y bajos ingresos laborales también se refleja en otra dimensión relevante: el fenómeno de trabajador pobre”, afirmó el reporte, al que tuvo acceso Data Gremial. Esto es, personas que aun teniendo un puesto de trabajo viven en situación de pobreza. Así, en el cuarto trimestre de 2025, “20 por ciento de los trabajadores vivían en un hogar pobre”. Sin embargo, este valor “ascendía a 34 por ciento entre los informales, o sea, 3 de cada 10 ocupados en condición de informalidad vivía en un hogar pobre”.
Hasta no hace mucho, la cifra de trabajadores pobres era del 190 por ciento entre los formales, lo que habla de prácticamente el doble de personas que sufren este flagelo. “La intensidad de la pobreza también es un aspecto relevante a examinar: del total de los trabajadores informales, un 7,2 por ciento vivía en hogares donde el ingreso total familiar no supera el 50 por ciento de la canasta básica total, mientras que para las formales esta cifra fue del 1,8 por ciento”, explicó el reporte de la entidad de la UBA. Asimismo, “un 26,5 por ciento de los informales se encontraba en situación de vulnerabilidad ante la pobreza, donde sus ingresos familiares apenas superan la línea de pobreza, pero no alcanzan a cubrir más de 1,5 canastas”.
Para los trabajadores formales, “un 15,6 por ciento se encontraba en esa misma situación”. En conjunto, estas cifras muestran que tener “un puesto de trabajo en Argentina no es un reaseguro para vivir fuera de la pobreza”.
Fenómeno a la alza
La idea de que un asalariado sea a la vez pobre viene creciendo en el país de la mano del deterioro de los ingresos. En las últimas décadas, esta situación estaba pensaba para sectores informales, como confirma el estudio de la UBA, y para algunos casos especiales, como los empleados municipales. El salario estatal en el nivel más bajo de la jurisdicción pública siempre estuvo sujeto a esta realidad. En la actualidad, los que parecen más expuestos a esta realidad son los que podrían llamarse “estatales informales”, es decir, aquellos contratados o que facturan por sus servicios que no están dentro de la paritaria general, como sucede en el estado nacional. En su último reporte, la Junta Interna del INDEC alertó sobre estos empleados, que son los que más sufren de la inseguridad salarial. “La situación de y los trabajadores monotributistas continúa agravándose”, aseguraron desde el Observatorio del Salario de ATE-INDEC.
Según confirmaron desde el organismo, la pérdida acumulada de ingresos de estos empleados “ya equivale a casi nueve meses completos de salarios, producto de la combinación entre salarios deteriorados y la ausencia de aguinaldo, presentismo y otros adicionales”. El último informe difundido también advierte que “ya transcurrieron 169 días desde que debía implementarse la actualización metodológica del IPC con las ponderaciones de la ENGHo 2017/18”. La demora, observada incluso por el FMI, “afecta una herramienta central para medir el costo de vida y debilita una referencia fundamental para la discusión salarial”. Fuentes consultadas por Data Gremial consideran que este dato “es clave” para medir el impacto del modelo libertario en los ingresos, ya que los porcentajes de trabajadores pobres “puede ser aún superiores, si se aplican los datos actualizados que el INDEC sigue sin usar”.
Más informalidad
El Informe Panorama del empleo informal y la pobreza laboral es una publicación del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del IIEP sobre la evolución reciente del empleo informal, las remuneraciones y su asociación con la pobreza laboral en Argentina. Los datos buscan contraponer el entusiasmo mostrado por las últimas declaraciones de Milei y sus funcionarios sobre la realidad económica y su impacto en el trabajo. El dato más alarmante de este trabajo es la tasa de informalidad, atada a la suba de los “trabajadores pobres”. Este último dato fue del 44,2 por ciento en el primer trimestre de 2026 (última información disponible), de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Es decir, “4 de cada 10 trabajadores se encuentran en empleos que no están cubiertos por la legislación relevante, sea laboral, impositiva o de la seguridad social”. En la comparación interanual se observa “un aumento de dos puntos porcentuales”.
La incidencia de la informalidad laboral difiere por categoría ocupacional, aclaró la entidad. En el primer trimestre de 2026, “la tasa de informalidad entre los asalariados fue de 37,9 por ciento, la de los trabajadores por cuenta propia de 65,2 por ciento y la de los patrones de 23,9 por ciento”. En dicho trimestre, en el total del empleo informal, los asalariados representaban un 61,5 por ciento, seguidos por los trabajadores por cuenta propia (35,7 por ciento), los patrones (2 por ciento) y los trabajadores familiares sin remuneración (0,7 por ciento).
El mayor peso del empleo asalariado dentro de la informalidad se debe a su importancia relativa en el empleo total (71,8 por ciento). La mirada de largo plazo (desde 2003) ubica a la tasa de informalidad asalariada en un valor similar al observado en el cuarto trimestre de 2008 (37,7 por ciento) y segundo trimestre de 2022 (37,8 por ciento). Asimismo, “es el valor más alto de la serie desde finales del 2007”. Por lo tanto, “más allá de las fluctuaciones (y excluyendo el período de la pandemia), la tasa de informalidad asalariada se ha mantenido en valores muy elevados desde hace 18 años”.