¿La paranoia avanza?: los motivos ocultos por los que Milei habría decidido echar a todos los trabajadores civiles de la Quinta de Olivos

Una razzia inesperada dejó afuera a los trabajadores civiles históricos de la residencia presidencial. La Casa Militar tomó ahora el control de su administración. Entre las versiones que circulan sobre la decisión aparece una hipótesis insólita: el temor de Milei a que sus perros pudieran haber sido intoxicados o atacados.


El número varía según a quién se le pregunte. Es que, en estas horas frenéticas, las historias que salen de la Quinta de Olivos son tan intensas como irreales. Pero hay algo cierto: una decena de empleados, históricos trabajadores de la residencia presidencial, llegó el jueves 17 de septiembre como todas las mañanas y descubrió que esta vez ya no podía entrar a trabajar.

A algunos se les comunicó que serían relocalizados y otros directamente quedaron despedidos. Lo que no sabían era lo que ocurriría después: el Gobierno tomó la decisión de reemplazar a todo el personal civil de Olivos por militares.

Es decir que cada cocinero, mozo, jardinero y piletero, por sólo citar algunos casos, será a partir de ahora un miembro de las Fuerzas Armadas. Un cambio que no tiene antecedentes en la historia local y que abre una pregunta inevitable: ¿Hasta dónde llega la paranoia oficial y cuáles son los verdaderos motivos detrás de semejante decisión?

Ruido en Olivos

En esta historia de acusaciones cruzadas, supuestos complots y versiones que circulan puertas adentro del oficialismo, hay algo concreto: los militares se hicieron con el manejo del día a día de la Quinta de Olivos.

“La Casa Militar asumirá la responsabilidad integral de las funciones de seguridad de la residencia presidencial. Al mismo tiempo implica la disolución de la Administración General de la residencia presidencial y la separación de las funciones de seguridad, administración y control, lo que posibilitará reducir la estructura formal y la cantidad de personal que allí permanece”, dice el comunicado oficial publicado por el Gobierno.

La explicación oficial para semejante giro apunta a “la escalada de la inseguridad a nivel global” y a la visita del papa León XIV.

La “disolución” de la intendencia también confirmó la salida de Osvaldo Sosa. Aunque su expulsión coincide con este episodio, fuentes informadas aseguran que hacía tiempo que Milei lo miraba de reojo. Entre las versiones que circulan aparecen cuestionamientos sobre su manejo de la residencia e incluso relatos sobre grandes parrilladas para sus amigos los domingos y supuestos problemas con la higiene del lugar.

Todo el conflicto repercute en la órbita de la Secretaría General. Por un lado, por Sosa: llegó a ese puesto recomendado por María Belén Agudiez, su cuñada, quien a su vez es íntima de Karina Milei.

Ambas trabaron relación a comienzos de 2023, cuando se cruzaron en un evento y “la brujita”, como la llaman, le reveló que podía ver el futuro mediante la lectura de manos. “Javier está destinado a ser Presidente”, le dijo, según la versión que circula sobre aquel encuentro.

Cuando llegaron al poder, la menor de la familia la nombró subsecretaria de Planificación dentro de su órbita y de allí salió la designación del ahora exintendente.

Pero más allá de los nombres, todo el episodio vuelve a poner el foco sobre Karina Milei. El control de Olivos y la Casa Rosada depende, en última instancia, de su área, en medio de los choques con el mandatario que este medio ya viene registrando.

El tema escaló tanto en los medios y en las redes que más de uno dentro del entorno de Karina se preguntó si no estaría su archienemigo interno dándole alas al conflicto. Desde el sector de Santiago Caputo, sin embargo, niegan cualquier acusación. “Son todos temas de Secretaría General”, dicen, quizá con alguna maldad.

Ladran, Sancho

Hasta acá, la información oficial y los ruidos que despertó la interna. Lo que sigue son los rumores que corren a viva voz por todo el oficialismo y que nadie se anima a pronunciar con un grabador prendido porque involucran el tema que a Milei más lo altera: sus perros.

La hipótesis que, según pudo reconstruir este medio, aparece con más fuerza sobre el motivo del recambio en Olivos no coincide con la explicación del Gobierno. Tampoco con otra versión que circuló, vinculada a un supuesto enojo presidencial porque algunos medios habían revelado el miércoles 16 la compra de 29 toneladas de carne para Olivos y la Casa Rosada.

Por el contrario, hay una fuerte versión que indica que el mandatario habría puesto en marcha todo este operativo porque se convenció de que a uno de sus perros —sus “hijitos”— lo habrían intoxicado.

Es decir, envenenado.

A priori podría sonar a una exageración de las tantas que circulan en la política. Pero quienes conocen la relación de Milei con sus animales saben que se trata de un tema especialmente sensible para el Presidente.

Él mismo contó más de una vez que jamás mostró una foto de sus mastines desde que ingresó a la política porque está convencido de que podrían utilizar esas imágenes para atacarlos. El miedo a un atentado contra los animales o contra él aparece así como un elemento recurrente en sus declaraciones públicas.

También existe un antecedente que alimenta las versiones sobre el nivel de desconfianza presidencial: según relató este medio, hubo un día en que confundió una visita sorpresa de su entonces pareja Fátima Flórez con un golpe comando para asesinarlo.

En ese contexto, la pregunta vuelve a aparecer con fuerza: ¿la paranoia presidencial habría llegado al punto de transformar toda la estructura laboral de la Quinta de Olivos por el temor a un supuesto ataque contra uno de sus perros?

No hay una confirmación oficial de esa versión. Quienes alguna vez ingresaron a Olivos, de hecho, minimizan ese miedo y aseguran que la intoxicación de un animal podría ser simplemente eso: la intoxicación de un animal.

Pero la línea entre una sospecha y una decisión de Estado parece cada vez más delgada.

Milei, en una de las pocas fotos difundidas junto con sus perros. Imagen de Revista Caras.

El miedo a llevarle la contra

Este temor absoluto a llevarle la contra al Presidente, según las versiones que circulan dentro del oficialismo, aparece no sólo en lo que ocurre puertas adentro de Olivos sino también en la forma en que se construye el relato oficial.

Desde junio, Milei viene difundiendo cada vez con mayor frecuencia fotografías de shoppings o calles abarrotadas como muestra de un supuesto repunte del consumo. Una de esas imágenes, según comprobó Chequeado, había sido realizada con inteligencia artificial.

Así, la discusión ya no pasa solamente por quién cocina, quién limpia o quién corta el pasto en Olivos.

La cuestión de fondo es otra: ¿qué nivel de temor, desconfianza y sospecha está detrás de una decisión que termina desplazando a todos los trabajadores civiles de la residencia presidencial?

Futuro

A esta altura quedan varios interrogantes abiertos.

El Gobierno sostiene que se trata de una reorganización vinculada con la seguridad y la reducción de estructuras. En paralelo, las versiones que circulan dentro del oficialismo hablan de filtraciones, conflictos internos y, en su versión más extrema, de un supuesto temor presidencial por sus perros.

Lo concreto es que los trabajadores civiles quedaron en el medio de esa trama: algunos fueron despedidos, otros serán reubicados y la Casa Militar pasó a concentrar el control de la Quinta.

La paranoia, entonces, no es una afirmación sobre el estado de salud del Presidente: es la pregunta que atraviesa todo el episodio. ¿Hasta dónde puede llegar la desconfianza que se instaló en Olivos y qué otras decisiones puede provocar?

Por ahora, las respuestas están rodeadas de versiones. Pero hay una certeza: la Quinta de Olivos ya no funcionará como antes.

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