Empresaria textil que hizo los mamelucos de YPF que usa Milei tuvo que cerrar por la crisis y ahora maneja Uber: “Confié y me jodí”

La dueña de una pyme de Pompeya, que había votado al libertario, supo tener un taller con entre ocho y once empleados, producción sostenida y clientes industriales. Quebró y hoy maneja una app para subsistir: “Todo lo que soñé, lo que luché, lo que invertí, lo perdí”.

Martes, 17 de marzo de 2026 16:04

La crisis de la industria textil sumó en los últimos días una postal tan cruda como simbólica. Una pyme que llegó a confeccionar mamelucos para el sector petrolero —incluidos los que utiliza YPF— terminó cerrando sus puertas. Hoy, su dueña maneja para una aplicación de viajes para poder subsistir.

La protagonista es Sofía, una empresaria que supo tener su propio taller con entre ocho y once empleados, producción sostenida y clientes vinculados a la industria. Todo eso quedó atrás en pocos meses.

“Pasé de ser dueña, de tener mi oficina y mi cafetera, a estar manejando todo el día”, resumió durante una entrevista en el canal de streaming Gelatina.

La apertura importadora y el derrumbe

Según su relato, el quiebre llegó rápido y sin escalas. Una de las primeras medidas del gobierno de Javier Milei —la apertura de importaciones en el sector textil— impactó de lleno incluso en segmentos que, como el suyo, no estaban vinculados a la moda sino a la producción técnica.

“Pensé que no me iba a afectar porque hacía cosas más específicas, para petroleras. Pero enseguida se notó: los pedidos dejaron de llegar”, explicó.

La caída de la demanda fue inmediata y dejó sin margen de maniobra a la pyme, que en poco tiempo pasó de sostener empleo a bajar la persiana.

Del voto bronca a la bronca real

El dato que potencia el impacto político del caso es que Sofía votó a Milei. Hoy, sin empresa y manejando un auto para sobrevivir, no oculta su frustración.

“Tienen razón. Yo confié y me jodí”, respondió cuando le preguntaron por la frase que circula en redes sobre quienes apoyaron al actual Gobierno.

Y fue más allá: “Todo lo que soñé, lo que luché, lo que invertí, lo perdí. Soy el reflejo de que ahora me la tengo que bancar”.

Los mamelucos, el símbolo y la bronca

La historia tiene además un componente simbólico difícil de ignorar. El Presidente hizo de los mamelucos ignífugos una marca personal, al punto de utilizarlos en viajes oficiales y apariciones públicas, incluso en el exterior.

Esa imagen contrasta con la situación de quienes estaban detrás de esa cadena productiva.

“Ver que ese hombre usa esa prenda, que podría haber salido de mi taller, y que diga ‘esto es oferta y demanda’, me da una bronca terrible”, lanzó Sofía.

Una industria en caída libre

El caso individual se inscribe en un contexto más amplio de derrumbe del sector. Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad cayó un 25,7% interanual, mientras que las fábricas operan apenas al 35% de su capacidad instalada.

El impacto en el empleo también es fuerte: se perdieron más de 19 mil puestos de trabajo desde la asunción de Milei.

En ese escenario, la apertura de importaciones, la caída del consumo y la falta de protección a la industria local aparecen como los principales factores señalados por empresarios y trabajadores.

Un caso que expone algo más profundo

La historia de esta pyme no es un hecho aislado. Es, en todo caso, una síntesis brutal del momento que atraviesa buena parte del entramado productivo argentino: empresas que se achican o desaparecen, empleo que se destruye y un modelo económico que reconfigura ganadores y perdedores a gran velocidad.

Mientras tanto, en la calle, las consecuencias ya no se miden en estadísticas, sino en trayectorias que se rompen. Como la de Sofía, que pasó de producir para la industria a manejar para sobrevivir.

 

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