La crisis económica que atraviesa el país continúa golpeando con fuerza a la industria nacional. En ese contexto, una de las fábricas más emblemáticas de la maquinaria agrícola argentina busca cambiar nuevamente de manos en una operación tan llamativa como preocupante: la histórica Vassalli, con sede en Firmat, Santa Fe, negocia su venta por apenas un dólar simbólico mientras arrastra una pesada deuda y un futuro incierto para sus trabajadores.
La compañía, fundada hace casi 80 años y considerada un emblema de la industria metalmecánica nacional, podría concretar antes de fin de junio su cuarto cambio de propietarios en menos de una década. Detrás de la operación aparece un grupo inversor encabezado por Roberto Santiago Chinelli, exgerente general de la firma y conocedor de la planta desde hace décadas, acompañado por empresarios vinculados al negocio agroindustrial y al sector financiero.
Sin embargo, la negociación se encuentra atravesada por un problema central: la enorme deuda acumulada por la empresa, especialmente en materia laboral.
Una deuda que amenaza el futuro de la planta
Aunque el monto total de los pasivos no fue informado oficialmente, distintas fuentes coinciden en que se trata de una cifra multimillonaria que incluye salarios adeudados, aportes patronales impagos, compromisos con proveedores y obligaciones financieras.
Los números reflejan la profundidad de la crisis. Según registros del Banco Central, Vassalli acumula 869 cheques rechazados por más de 1.337 millones de pesos. A eso se suma un pasivo laboral que se transformó en el principal obstáculo para concretar el traspaso.
A principios de 2026, la empresa reconoció formalmente ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe deudas que oscilaban entre los 3 y los 8 millones de pesos por empleado. Sin embargo, desde entonces la situación continuó deteriorándose.
Actualmente, unos 280 trabajadores cumplen jornadas reducidas de cuatro horas diarias en el marco de un acuerdo de emergencia alcanzado entre la empresa, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y las autoridades provinciales. Pese a ello, los empleados denuncian que la firma continuó acumulando nuevas deudas salariales incluso bajo ese esquema excepcional.
"La masa salarial es demasiado grande", reconocieron fuentes vinculadas a la negociación, al describir una de las principales preocupaciones del eventual grupo comprador.
Temor a nuevos despidos
La incertidumbre sobre el futuro laboral domina hoy el clima dentro de la planta de Firmat. Los trabajadores observan con preocupación que cualquier plan de saneamiento financiero podría incluir una reducción de costos que termine impactando sobre los puestos de trabajo.
El pasivo laboral acumulado incluye no sólo salarios atrasados sino también intereses, cargas previsionales y aportes patronales impagos durante casi dos años. Esa situación llevó a que la deuda con los empleados sea considerada por los potenciales inversores como el principal lastre económico de la compañía.
Ante este escenario, la seccional Firmat de la UOM, conducida por Diego Romero, mantiene un estado de asamblea permanente y exige garantías concretas antes de avalar cualquier transferencia accionaria.
Desde el gremio advirtieron que no aceptarán el cambio de propietarios si el nuevo grupo inversor no presenta un cronograma detallado para cancelar los salarios y aportes adeudados. Además, alertaron sobre la posibilidad de que los plazos anunciados sean utilizados para extender la crisis sin aportar soluciones reales.
Si hacia la tercera semana de junio no aparecen fondos para cubrir los adelantos salariales comprometidos, el sindicato ya anticipó que profundizará las medidas gremiales y las acciones judiciales para reclamar el cobro mediante el mecanismo de Pronto Pago Laboral.
Un plan para reactivar la producción
La propuesta impulsada por Chinelli no apunta únicamente a rescatar financieramente a la empresa. Según trascendió, el proyecto contempla una recuperación gradual de la producción, la incorporación de nuevas tecnologías y la creación de herramientas financieras propias para competir con las multinacionales que dominan el mercado.
La estrategia incluye acuerdos con sociedades de bolsa y fondos de inversión para ofrecer financiamiento directo a productores agropecuarios mediante fideicomisos y obligaciones negociables, replicando un esquema utilizado por las principales fabricantes internacionales.
El conocimiento previo de la planta aparece como uno de los principales activos del grupo inversor. Chinelli ocupó la gerencia general durante la gestión del actual propietario, Eduardo Marsó, y conoce en detalle qué sectores podrían volver a funcionar rápidamente y cuáles requieren mayores inversiones.
El deterioro de una histórica empresa nacional
La situación de Vassalli se agravó fuertemente tras la sequía de 2023, que afectó las ventas de maquinaria agrícola y obligó a la empresa a dejar de tomar nuevos pedidos para concentrarse en completar equipos ya comprometidos.
Desde entonces, la producción se redujo drásticamente. Durante los momentos más críticos, los trabajadores llegaron a recibir asistencia alimentaria y sanitaria por parte de la Municipalidad de Firmat debido a los retrasos salariales.
Actualmente la línea de montaje permanece prácticamente paralizada. La falta de pago a proveedores generó dificultades para conseguir motores, neumáticos y componentes electrónicos, mientras que la ausencia de inversiones provocó un marcado deterioro tecnológico en distintas áreas de la planta.
Un golpe para la industria nacional
La crisis de Vassalli trasciende los límites de Firmat. La empresa representa el último fabricante de cosechadoras de capitales íntegramente nacionales, una condición que le otorga un valor estratégico para la industria argentina.
Su eventual desaparición dejaría el mercado completamente dominado por grandes corporaciones multinacionales, entre ellas John Deere, que produce en Santa Fe, y las marcas Case IH y New Holland, pertenecientes al grupo CNH Industrial, con operaciones en Córdoba.
Además, miles de productores agropecuarios y contratistas rurales que utilizan cosechadoras Vassalli enfrentan crecientes dificultades para conseguir repuestos originales, una situación que impacta directamente sobre el valor de reventa de las máquinas y sobre la continuidad operativa de numerosos equipos distribuidos en todo el país.
Mientras avanzan las negociaciones para concretar la venta simbólica por un dólar, los trabajadores esperan definiciones. En una ciudad cuya historia productiva está íntimamente ligada al destino de la fábrica, el desenlace de las próximas semanas podría marcar no sólo el futuro de Vassalli sino también el de cientos de familias que dependen de ella.