El acampe que llevan a cabo 150 trabajadores de la compañía ILVA está cerca de cumplir 10 meses y todavía no tuvieron respuesta con respecto a los salarios adeudados y las indemnizaciones impagas por parte del establecimiento que cerró sus puertas en agosto del año pasado y que dejó en la calle a 300 empleados.
En ese contexto, el ex delegado de la planta y uno de los trabajadores que permanece en el lugar, Mario Barrionuevo, señaló: “Seguimos en el acampe, de los 300 quedaremos 150 trabajadores. Algunos encontraron trabajo, otros iniciaron juicios, pero nosotros seguimos luchando por lo nuestro. Somos trabajadores que nos levantábamos a las 4 de la mañana para ir a la fábrica y, de un día para el otro, nos dejaron en la calle sin nada y nos cambió la vida”.
De 46 años de edad, con 22 años de antigüedad en la forma y siete hijos, Barrionuevo mencionó que “ahora tenemos que hacer una olla popular en la puerta de Ilva para poder comer”. “Si no fuera por la ayuda de la Agrupación Obrera Ceramista Filial Nº 2, que nos ayuda con alimentos y hasta para cargar la SUBE, no podríamos seguir”, comentó.
En ese contexto, las familias sobreviven en tres gazebos acondicionados con cartones, lonas y tarimas donadas por vecinos y organizaciones solidarias.
Por otro lado, la Municipalidad de Pilar asiste con baños químicos y mercadería, mientras que la alimentación depende en gran parte de las donaciones que recibe
En ese contexto, recordó que el 29 de agosto de 2025, cuando Recursos Humanos informó por WhatsApp que la planta cerraría temporalmente por mantenimiento. No obstante, los trabajadores comenzaron a sospechar que la situación era más grave de lo que se comunicaba oficialmente. De esa manera, el 1 de septiembre llegaron los 300 telegramas de despido.
A propósito, Barrionuevo desarrolló que “en octubre pasado abrieron una búsqueda laboral para cubrir nuestros mismos puestos”, por lo que comentó que “lo denunciamos en el Ministerio de Trabajo bonaerense y en noviembre entraron a un concurso de acreedores”. “Tenemos compañeros que estaban a uno o dos años de jubilarse y los despidieron igual. De los 300, casi 250 teníamos más de 20 años de antigüedad”, agregó.
Posteriormente, puntualizó que “necesitamos que nos escuchen, ya que los Zanon y los Bocci nos dejaron en la calle y sin nada”. Además, mencionó: “Dejamos nuestra vida en Ilva. Algunos entraron a los 19 años y, con nuestra edad, nos dejaron fuera del sistema y sin nada cuando Ilva fue una de las mayores exportadoras de cerámica y los que hicieron el primer porcelanato del país”.
Ahora, a casi diez meses del cierre, a los trabajadores el último recurso que les queda es la Justicia: aguardan que el concurso de acreedores, que se tramita en el Juzgado Comercial Nº 13 de la Ciudad de Buenos Aires, les permita recuperar al menos parte de lo que consideran les corresponde.
“Nos devastaron”
El cierre de ILVA está signado por la tragedia, ya que Javier López, de más de 20 años de antigüedad en la firma, se suicidó el pasado 1° de mayo.
Con suma tristeza, Barrionuevo recordó:“Nosotros nos enteramos el Día del Trabajador, por mensaje, que nuestro compañero y amigo se quitó la vida”, al tiempo que repasó: “Entramos a la empresa con 20, 22 años y la mitad de nuestra vida dimos todo por Ilva. De repente, llega un gobierno de derecha y quieren sacarnos todos nuestros derechos".
"La noticia de Javier nos mató porque nosotros somos seres humanos. Ilva, el Grupo Zanón, nos devastaron físicamente, mentalmente, nos dejaron endeudados. Le damos todo el apoyo a la familia de Javier López porque no sólo era un compañero, era un amigo, era una buena persona, un padre de familia, un buen hijo, un buen marido y buen hermano", describió.
Finalmente, Adriana López, hermana de Javier manifestó el deseo de que "la muerte de mi hermano sirva para que ningún otro empleado pierda su vida".
“Hablen compartan su dolor, busquen ayuda, ojalá esto sirviera para algo, nos dejó destrozados a todos, que lo que tengan que decidir pagarles lo hagan pronto y que no exista ningún otro Javier, no bajen los brazos”, concluyó.