“Una reacción más humana” es lo que le recrimina la familia de César Gustavo Fernández, un trabajador que quedó con graves secuelas motoras y neurológicas tras sufrir un infarto mientras cumplía funciones en una fábrica de autopartes que no contaba con un sector de enfermería y que debió ser trasladado en remis a un centro asistencial.
Su caso llegó a la Justicia de la Provincia de Buenos Aires, precisamente el Tribunal de Trabajo 3 de La Plata, que condenó a la Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART), a pagar una indemnización de $351.246.415,17 al considerarlo “una accidente de de trabajo por ocasión”, ya que se centró en la desatención médica y no en las razones que pudieron causar el problema cardíaco.
La vida cambió para César el 24 de noviembre de 2021 cuando comenzó a sentirse mal mientras realizaba sus tareas habituales en la compañía Albano Cozzuol S.A, dedicada a la fabricación de componentes plásticos para la industria automotriz.
La desidia de la firma se observó cuando, en lugar de solicitar una ambulancia, dispuso un remís que demoró alrededor de media hora en llegar y luego lo trasladó a un sanatorio ubicado a unos quince minutos, pese a que había un hospital mucho más cercano. También, el trabajador fue acompañado por un colega sin capacitación en reanimación cardiopulmonar (RCP).
El amor es más fuerte
La pareja de César, Alejandra Mir, nunca lo abandonó y desde hace años sigue a su lado, y si bien destacó la decisión judicial tanto por la indemnización como el hecho de tener garantizada la asistencia médica de por vida, mantiene su cuestionamiento contra la compañía al mencionar que "con una reacción humana" el trabajador podría haber llevado hoy una vida normal.
La cotidianeidad de Gustavo y Alejandra cambió para siempre, el inmueble en donde residen se transformó en una casa hospital equipada con tubos de oxígeno, kit de corticoides, oxímetro y un elevador hidráulico para mover al paciente de la cama a la silla de ruedas.
Hasta allí, durante la semana se suceden las visitas de una clínica, un kinesiólogo, un enfermero, un terapista ocupacional y una fonoaudióloga.
En esa adversidad, Alejandra muestra el cariño y el respeto hacia su pareja al convertirse un pilar fundamental de una familia ensamblada de cinco hijos. “Es una elección que tiene que ver con el amor”, mencionó la mujer que se desempeña en una dependencia municipal.
Y desde el primer momento, dejó en claro que sería alguien inseparable de su amado. En diálogo con Clarín, remarcó: “Hablé con mis tres hijos y con los dos de él para comunicarles que yo voy a estar, voy a poner el cuerpo y la mente".
Por el infarto, Fernández sufrió cuadriparesia, una condición que limita severamente la movilidad de sus extremidades.
Un destrato que impresiona
El abogado de Fernández, Matías Martínez, recordó que “Fernández se dirigió hasta la enfermería de la fábrica, y estaban sin enfermero, ya que quien debía estar en el turno de 6 a 2 de la tarde estaba de licencia por vacaciones, y la empleadora no contrató una sustitución para cubrir esa esa licencia”.
Ante ese cuadro, según Martínez, “Fernández le solicitó a su jefe que por favor llamaran a una ambulancia, y la respuesta fue que no ameritaba”. “Le dieron un vaso de agua, lo hicieron esperar 15 minutos y llamaron a un remis ante la insistencia de los compañeros, porque veían que César estaba muy mal”, continuó.
“Cuando llegó el remis, lo mandaron a un sanatorio que queda a 15 minutos de la fábrica, cuando el Hospital San Roque está a cuatro minutos”, mencionó y luego expuso: “A dos cuadras de llegar al sanatorio sufrió una muerte súbita y una hipoxia, e ingresó muerto al sanatorio. Gracias al trabajo de los médicos, lo revivieron. Pero las consecuencias de esa hipoxia son que ahora está con una cuadriparesia, hidrocefalia y se alimenta a través de una bomba gástrica”.
El letrado reveló que no fue un hecho aislado, ya que “los trabajadores son tratados y considerados como una parte más del engranaje, pasan a ser una cosa”.
Posteriormente, consideró que “lo peor de esto es que la empleadora, en primer término, está obligada a tener una enfermería porque tiene más de 400 empleados, y así lo establece la norma de higiene y de seguridad”. “Y acreditó en el expediente que tiene contratado un servicio de ambulancia, pero no la llamó. Eso es lo que no se entiende”, sumó
“Hay un mito de que los trabajadores mienten para irse a su casa cuando están en el trabajo. Bueno, lamentablemente Cesar no mintió y ahora está pagando las consecuencias de la desidia de Albano Cozzuol”, sentenció.
Asimismo , apuntó que “el infarto fue calificado como accidente de trabajo por ocasión”, lo cual deja al caso con un fallo “novedoso”.
Finalmente, concluyó: “Nada va devolver a César la vida que tenía antes. Una persona de 49 años, padre de dos hijos, que se hacía cargo solo unilateralmente, que se fue a ganar el pan de cada día y que nunca más va a poder estar como estaba antes”.
Igualmente, la defensa de Federación Patronal Seguros apeló la resolución al considerar que el hecho no constituye un accidente laboral y cuestionó tanto la calificación jurídica como el monto de la indemnización.
También, se opuso a las acusaciones sobre una supuesta desatención y sostuvo que Fernández se encontraba lúcido y sin síntomas evidentes de un infarto, por lo que quienes estaban en el lugar no interpretaron que se tratara de una emergencia médica, al tiempo que afirmaron que el establecimiento contaba con un desfibrilador y que fue el propio trabajador quien eligió el sanatorio al que sería trasladado.
El fallo, que todavía debe ser ratificado por la Suprema Corte bonaerense, incluye asistencia médica de por vida y un sueldo simbólico a cargo de la aseguradora de riesgos del trabajo.