El avance de los movimientos sociales y el retroceso de los sindicatos

Por Carlos Emanuel Cafure

02 de agosto de 2021

Desde hace décadas en la República Argentina, existen los planes sociales. 
Comenzaron a incrementarse bastante desde la crisis económica y social del año 2001, y desde allí, nunca dejaron de aumentar en su cantidad (bajo diferentes nombres).

A más de veinte (20) años de que estas ayudas estatales, fueran en sus inicios una asistencia estatal transitoria, temporal y extraordinaria; por el contrario, se convirtieron en permanentes. 

Existen generaciones de familias argentinas, que desde años reciben uno o más planes o ayudas estatales similares.

Se viene sustituyendo así desde la política partidaria y por parte de gobiernos de distintos signos políticos partidarios, la cultura del trabajo (a adultos y jóvenes), hacia una cultura de dependencia y asistencialismo estatal (lo que no se pueden aceptar más).

La Argentina se encuentra dentro de los diez (10) países con mayor territorio en el mundo. 
Es el granero mundial. 

Tiene incalculables recursos naturales aún no explotados. 

Existen innumerables actividades en las que se podrían brindar trabajo digno y no planes sociales al pueblo (por ejemplo: en el ferrocarril, en petroleras -Y.P.F-, en la construcción, en la hidrovía, en  industrias nacionales, en fábricas, en cooperativas, en el campo,  entre otras).

Se debería trabajar en políticas activas no solo de reconversión de planes sociales en trabajo digno, sino además en apuntar a que a partir de nuevas oportunidades laborales, se logre una distribución poblacional más equilibrada de norte a sur, y de este a oeste, para evitar grandes concentraciones de personas en pocos centros urbanos, mientras que kilómetros y kilómetros de nuestro país,  están sin ser explotados ni trabajados para su avance y crecimiento también.

En un país, en el que donde la riqueza de nuestro suelo te permite sembrar y cosechar tu propio alimento y el de tu familia, no puede ser que seis (6) de cada diez (10) niños, que pasen hambre.

Un país que mira hacia el futuro, debe hablar más de trabajo y menos de planes sociales. Más aún, en aquellos gobiernos que siguen diciendo ser peronistas. 

Pero otro fenómeno que se viene observando, sobre todo desde el año 2001, fue que los líderes de los movimientos sociales llevaban adelante marchas para reclamar ayuda al Estado frente a la delicada situación social y económica de aquellos tiempos.

Pero con el pasar de los años, se siguieron realizando movilizaciones, aunque ya no para pedir trabajo digno, sino más aumento en el número de los planes sociales. 

Por estos tiempos, se hablan de que en la República Argentina coexisten millones de planes sociales y ayudas del Estado (lo que nos hace inviable como Nación).

Asimismo, se observa un avance de los movimientos sociales, y un retroceso llamativo y más que preocupante de los sindicatos. 

Esto se evidencia, en el hecho de que varios de los principales referentes de los movimientos sociales ocupan en el actual gobierno nacional distintos cargos en Ministerios, en recintos legislativos, y otras áreas.

¿Qué mujeres y hombres referentes del sindicalismo, en el actual gobierno nacional ocupan cargos en Ministerios, recintos legislativos y en otras áreas?

Es una realidad, entender que ya desde hace un importante tiempo, para la política en general, el movimiento obrero es prescindible, y no es prioridad.

Pareciera haber dejado de ser la columna vertebral del peronismo.

Viene quedando fuera de todos los lugares de la política, en donde se toman las decisiones más importantes y trascendentales para la ciudadanía.

Los movimientos sociales, dejaron de ser agrupamientos que en un contexto de crisis marchaban, para pedir ayuda al Estado, para convertirse en verdaderos grupos de presión, al punto tal de llegar a ocupar cargos en el propio gobierno.

Quienes creemos en la cultura del trabajo y somos peronistas de verdad, creemos que sólo el trabajo dignifica al ser humano.

Creemos que todas las argentinas y argentinos, deben tener acceso al mismo porque es un derecho constitucional y a la vez un derecho humano.

Con el inmenso territorio, las enormes oportunidades de crear trabajo real que tenemos y la capacidad de un pueblo como el nuestro, debemos tener como norte, revertir 180 grados la política de los planes sociales de una vez por todas.

Quizás deban existir un número determinado de planes sociales que desde el Estado, sean asignados excepcionalmente en casos específicos y por tiempo determinado.

Pero lo que hace grande a cualquier país del mundo, es un pueblo trabajador, un Estado que genera las oportunidades de creación de nuevas fuentes laborales y que les garantiza al pueblo, su derecho a la movilidad ascendente. 

Con un agobiante asistencialismo estatal y con aumento de planes sociales como se viene haciendo desde hace décadas, el futuro de esta Nación será incierto para cada uno de nosotros, y de nuestras próximas generaciones. 

Para ello deberemos tener un Estado que apunte a la producción y el trabajo, y no un Estado que mediante sus medidas, acciones políticas y sociales siga siendo el principal generador de pobreza.