Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP): Maradona conducción

En 1995, se fundó un sindicato que buscaba defender los derechos de los jugadores frente a entidades como la FIFA. La iniciativa, presidida por Maradona y con Éric Cantona como vicepresidente. Qué había detrás de la movida y en qué quedó.

Por Diego Lanese

Redactor de Data Gremial

Domingo, 18 de enero de 2026 10:00

Los 30 días que duró el Mundial de Fútbol de México 86 fueron, tal vez, los momentos más gloriosos de Diego Armando Maradona. El genio del fútbol mundial, como lo define Víctor Hugo Morales en su inmortal relato del gol a los ingleses, llegó a suelo mexicano envuelto en polémicas, sobre todo por el rendimiento del equipo. Pero con el correr de los partidos, su figura alcanzó el estrellato, en una de las actuaciones más grandes de un deportista en la historia.

En medio de esa vorágine, Maradona tuvo tiempo de hablar con colegas sobre la situación de los futbolistas. Entre partidos y en plena tensión, comenzó a germinar la semilla de su sindicato. En esa competencia, uno de los principales problemas eran los horarios: muchos partidos se jugaban al mediodía por la televisación a Europa. El calor y la altura eran, en muchos casos, insoportables. Maradona alzó la voz junto a Jorge Valdano. Pasó desapercibido, pero en su interior quedó prendido un fuego que, casi una década después, daría lugar a la flamante Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP).

Como era de esperar, el 10 fue su secretario general y, si bien sus acciones no lograron torcer una creciente mercantilización del deporte, mostraron una unidad inédita entre muchas estrellas, acostumbradas a las mieles del triunfo, pero que esta vez se juntaron por el bien común.

“Queremos que los jugadores participen en todo lo que se decida en el fútbol. Hasta ahora no hemos podido decir nada, pero eso se terminó. No queremos echar a Havelange. Queremos dialogar con la FIFA. Pero si no nos escuchan, actuaremos”, amenazó Maradona el 18 de septiembre de 1995, al presentar la entidad sindical.

Apenas terminada su sanción por doping, el astro se plantaba ante la FIFA, a quien responsabilizaba por la sanción del Mundial 94. Aquella enfermera que corrió al capitán argentino y lo llevó de la mano era el símbolo del brazo del poder que lo alcanzó y lo quería de rodillas. Pero eso no sucedería.

Al lado de Maradona estuvo el vicepresidente de la entidad, el francés Eric Cantona, otro díscolo de aquellos tiempos, con una historia de desafíos a las normas establecidas. Cuando se sentó aquel día, Cantona todavía estaba suspendido por aquella patada memorable a un hincha en la Premier League. Aquel 25 de enero, cuando salía del campo de juego del Crystal Palace, reaccionó a los insultos con una patada voladora que impactó en el pecho de Matthew Simmons, un hooligan (barra brava) con antecedentes de violencia, que lo había agredido con frases xenófobas. Años después, cuando le consultaron acerca de aquella tarde, su respuesta fue contundente: “Saltar y patear a un fascista no es algo que se saboree todos los días”.

Si no fuera poco una conducción sindical encabezada por Maradona y Cantona, quienes acompañaron en el lanzamiento de la AIFP eran figuras que, de alguna manera, rompían el molde del futbolista exitoso. Allí estaban George Weah, Ciro Ferrara, Gianfranco Zola, Gianluca Vialli, Hristo Stoichkov, Laurent Blanc, Michel Preud’homme, Rai, Carlos Valderrama, Thomas Brolin, entre varios otros. Gran parte de la élite del fútbol de la época se sumaba al sindicato.

Los objetivos del gremio eran simples: “La defensa de los principios fundamentales del fútbol y la salvaguarda de los derechos morales y sociales de los futbolistas”. Para eso, querían sentarse a la mesa con la patronal, encarnada por la FIFA y su presidente João Havelange, el brasileño que se volvería enemigo directo de Maradona. Junto con él, aparecía quien sería su sucesor, Joseph Blatter, por entonces en la UEFA.

“Se acaba eso de jugar al mediodía mientras Havelange se castiga con pizza y champagne en el palco”, dijo el astro argentino en una entrevista de aquellos días, volviendo al punto donde nació su idea de sindicalizar la pelota: México 86.

Accionar

Visto a la distancia, la entidad ideada por Maradona parecía más un espacio de rebeldía que una organización sindical. Si bien la intención era representar a los futbolistas ante los avances de los clubes y sus entidades, el abanico era tan grande que ni siquiera la presencia de los astros alcanzó para darle peso.

La segunda reunión, con Maradona y Cantona otra vez en las canchas, fue en 1997 y logró nuevas adhesiones, en ese caso de exjugadores. Allí figuraron Johan Cruyff, Alfredo Di Stéfano, Sócrates, Zinedine Zidane, Luis Fernández, Gustavo Poyet, Jürgen Klinsmann, entre otros.

Se concretó un partido solidario con Jean-Marc Bosman, el belga que llevó a la FIFA a la Justicia y triunfó, generando la Ley Bosman, que permitió la libre circulación de jugadores de la Unión Europea al finalizar su contrato y eliminó los cupos de extranjeros. Un jugador que cambió para siempre el deporte y que terminó su carrera vagando por bares de Brujas.

“Si quieren introducir cambios en los reglamentos me parece bien, pero siempre y cuando Blatter no se levante un día y nos haga jugar con un dado”, dijo Maradona en la víspera del tercer encuentro del gremio, previo al partido planificado. Además, aclaró que su objetivo no era destruir nada. Pero avisó: “A Havelange y a Blatter solo les diría que desde este sindicato vamos a defender a los jugadores contra quien sea”.

La novedad era que el argentino estaba cerca del retiro y el peso de sus palabras comenzaba a decaer. Además, los futbolistas ya tenían un sindicato mundial: la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), creada en 1965. En la actualidad, es parte de su conducción el argentino Sergio Marchi y no tiene una historia de confrontación con la FIFA ni con sus asociaciones.

La prueba de fuego era el Mundial de Francia 98 y los cañones apuntaban a lograr cierto peso. Pero, en términos sindicales, si bien la dirigencia era fuerte, no tenía base. Más allá de los tres encuentros y las pomposas palabras de Maradona, los jugadores le dieron la espalda a la entidad. Cuando llegó la hora de jugar la cita planetaria, la mayoría eligió subordinarse y, así, lentamente, el entusiasmo cayó.

El final lo decretó el fallido partido de lanzamiento del gremio, en el estadio de Barcelona, donde apenas 2 mil espectadores se hicieron presentes. La fiebre mundialista avanzaba y los intentos de contraponer un poder a la FIFA terminaron fracasando.

La pelota de huelga

“Los futbolistas somos gente demasiado individualista, tenemos mucho que aprender para que esto tire hacia adelante”, dijo alguna vez Sócrates, el crack brasileño de los 80 que rompió el molde en materia de conducta social y política. Líder de la Democracia Corinthiana, fue un abanderado de los derechos de los jugadores y de la lucha de clases desde el deporte.

La experiencia del club en plena dictadura militar es un faro en materia de organización dentro del fútbol. No fue un sindicato, más bien una cooperativa, pero marcó una bisagra en este tipo de luchas.

En la Argentina, hubo varias ocasiones en las que la pelota quedó inmóvil por acciones gremiales, aunque no siempre terminaron bien. La primera huelga de futbolistas de la que se tiene memoria fue en 1931, cuando los jugadores exigieron la derogación de la ley que los obligaba a permanecer dos años en un club, buscando libertad para negociar contratos. La norma fue conocida como Ley Candado, y su derogación dio paso al inicio del profesionalismo.

La protesta comenzó el 10 de abril de 1931, en reclamo del derecho a cobrar un salario y ser reconocidos como trabajadores. Para lograr una solución, se creó la Liga Argentina de Football, a partir de la desafiliación de 18 clubes de la Asociación Argentina de Football Amateurs y Profesionales. El 31 de mayo de 1931 se disputó el primer partido profesional en la historia del país, entre Boca y Chacarita.

En 1948 se produjo la llamada “gran huelga”, la más extensa que vio el deporte en el país, y quizá en el mundo. Duró seis meses y fue la base para la consolidación del sindicato Futbolistas Argentinos Agremiados. Fue liderada por Fernando Bello, Oscar Basso y Adolfo Pedernera, en un contexto de enorme desigualdad entre ingresos de clubes y salarios de los jugadores.

Luego llegó el paro de 1971 y una nueva medida en 1975, cuando River fue campeón con juveniles, entre ellos Rubén Bruno, autor del gol decisivo sin contrato profesional.

Epílogo

Es difícil calificar la experiencia sindical de Maradona. Tal vez, como muchas cosas en su vida, fue más un acto de rebeldía que un proyecto real de poder. Pero dejó una marca. 

Cuando el 6 de noviembre de 1995 recibió el título de “Maestro inspirador de los estudiantes soñadores” en la Universidad de Oxford, el periodista Roberto Parrotino escribe que de esa reunión “emerge el Diego sindicalista”. “Todos unidos triunfaremos”, tituló Clarín sobre esos días. El Mundial de Qatar parece desmentir aquel título. Aunque como concluye de la experiencia el periodista Andrés Burgos, “aunque su sindicato nunca entraría en funciones, Diego -solidario, rebelde, contestatario, único a su modo- lo había hecho de nuevo. También como compañero”.


*Lecturas de verano es una serie de notas que cada domingo de enero relatarán eventos históricos, míticos o curiosos vinculados al sindicalismo. La tercera entrega viaja al primer peronismo, para contar la histórica huelga de los ferroviarios de 1950: ¿Acto de conciencia o traición?