La situación del mercado laboral argentino muestra señales de deterioro que van mucho más allá de la tasa de desocupación que publica el INDEC. Un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), coordinado por el economista Claudio Lozano, reconstruyó a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) un escenario marcado por el desempleo prolongado, la informalidad, los bajos ingresos y la necesidad de multiplicar las ocupaciones para llegar a fin de mes.
Uno de los datos más preocupantes es que, al cierre del primer trimestre de 2026, 3 de cada 10 personas desocupadas llevaban más de un año buscando trabajo sin conseguirlo. El dato revela la existencia de un componente estructural del desempleo y da cuenta de las crecientes dificultades de una parte de la población para reinsertarse en el mercado laboral.
El informe se inscribe en un contexto que el IPyPP caracteriza por la pauperización de las condiciones de vida. A los problemas para acceder a un empleo se suma una elevada informalidad: el 44,2% de las personas ocupadas se encontraba en esa situación durante el primer trimestre del año.
La presión sobre el mercado laboral supera al desempleo
Según el INDEC, la tasa de desocupación alcanzó el 7,8% de la PEA durante el primer trimestre de 2026. Sin embargo, para el IPyPP este indicador resulta insuficiente para dimensionar la fragilidad del mercado de trabajo.
A partir del análisis de la EPH, el instituto calculó que la subutilización de la fuerza laboral —que contempla desempleo y subempleo— alcanza al 19% de la PEA.
La situación se vuelve todavía más amplia cuando se incorpora a quienes ya tienen una ocupación pero buscan activamente otro trabajo. En ese caso, la presión efectiva sobre el mercado laboral llega al 23,7% de la PEA.
El informe incorpora además a quienes, aunque no están buscando activamente otra ocupación, manifiestan que desean trabajar más horas. Si se contempla también a este grupo, la disponibilidad de fuerza de trabajo alcanza al 29,4% de la PEA.
De esta manera, detrás del 7,8% de desocupación aparece un universo mucho mayor de personas que necesitan trabajar más, conseguir un empleo o mejorar las condiciones de su actual ocupación.
Mujeres y jóvenes, los sectores más golpeados
El deterioro laboral tampoco impacta de la misma manera sobre toda la población. El informe del IPyPP vuelve a mostrar la persistencia de importantes brechas de género.
La tasa de empleo masculina alcanza al 50,8%, mientras que entre las mujeres se ubica en el 39,1%, una diferencia de 11,7 puntos porcentuales.
A su vez, los niveles de desempleo y subempleo son mayores entre las mujeres. Como consecuencia, la subutilización laboral alcanza al 21,5% entre ellas, frente al 16,9% registrado entre los varones.
La situación es todavía más crítica entre los jóvenes. Para las personas de 18 a 24 años, la tasa de desocupación llega al 19,5%, más del doble del promedio general.
Los datos muestran así las dificultades particulares que enfrentan quienes intentan ingresar o consolidarse en el mercado de trabajo, en un contexto de menor generación de empleo y creciente precarización.
La informalidad llega al 44,2%
El otro gran componente estructural de la crisis laboral es la informalidad. De acuerdo con el informe, las dificultades de la economía argentina para generar puestos de trabajo con ingresos suficientes, estabilidad y acceso a derechos sociales se tradujeron en un fuerte peso del empleo informal.
La informalidad alcanza al 44,2% del total de personas ocupadas.
El fenómeno adquiere distintas dimensiones según la categoría ocupacional. Una cuarta parte de los trabajadores son cuentapropistas y, dentro de ese universo, el 65% trabaja de manera informal.
Entre los asalariados, que representan el 71,8% de la población ocupada, la informalidad alcanza al 37,9%. Entre los trabajadores jóvenes, en cambio, el indicador se dispara hasta el 64%.
El tamaño del establecimiento también constituye un factor determinante. En las unidades productivas de hasta cinco trabajadores, la informalidad llega al 66%. En los establecimientos medianos alcanza al 30,8%, mientras que en los grandes se reduce al 13%.
Por sector, la situación también presenta diferencias marcadas. La informalidad alcanza al 50,5% en el sector privado, mientras que entre los trabajadores del sector público se ubica en el 10,7%.
Ingresos insuficientes y pluriempleo
La precarización no se expresa solamente en la dificultad para conseguir empleo o en la falta de registración. También aparece en los ingresos que perciben quienes sí tienen una ocupación.
Durante el primer trimestre de 2026, los ingresos laborales promedio se ubicaron en $1.076.056 mensuales, según los datos analizados por el IPyPP.
Pero existen fuertes diferencias según la categoría ocupacional. Entre los trabajadores por cuenta propia, el ingreso promedio fue de $524.000, aproximadamente un 51% por debajo de la media general.
En el caso de los asalariados informales, el ingreso promedio llegó a $700.000, un 35% menos que el promedio de los trabajadores.
En este escenario, el pluriempleo aparece como una estrategia para compensar la insuficiencia de los ingresos. El informe señala que el 10,4% de las personas ocupadas tenía dos o más trabajos al cierre del primer trimestre.
La situación afecta especialmente a las mujeres: el pluriempleo alcanza al 13,7% entre ellas, frente al 7,9% registrado entre los varones.
Un mercado laboral cada vez más fragmentado
Los datos relevados por el IPyPP permiten observar un mercado laboral atravesado por distintas formas de precariedad que se combinan entre sí: desempleo prolongado, subempleo, informalidad, bajos ingresos y multiplicación de ocupaciones.
El dato de que 30% de los desocupados lleva más de un año buscando empleo resulta especialmente significativo porque muestra que una parte importante de quienes quedan fuera del mercado laboral no logra reinsertarse rápidamente.
A esto se suma que casi la mitad de los trabajadores se encuentra en la informalidad y que millones de personas necesitan complementar sus ingresos con más de una ocupación.
Así, la problemática laboral no se reduce a la cantidad de personas que no tienen empleo. El desafío también está en la calidad de los puestos existentes, los ingresos que generan, el acceso a derechos y la posibilidad efectiva de conseguir un trabajo estable y registrado.
El cuadro que surge del informe del IPyPP muestra, en definitiva, un mercado de trabajo bajo presión y con fuertes niveles de fragmentación, donde la desocupación prolongada convive con la informalidad y el pluriempleo como mecanismos cada vez más extendidos para enfrentar la pérdida de poder adquisitivo y la insuficiencia de los ingresos laborales.