A 50 años del golpe, Ghiraldo advierte por el regreso de las políticas de 1976: “Se busca disciplinar a la clase trabajadora”

El abogado laboralista sostuvo que en la Argentina se enfrentan dos modelos de país y alertó que las reformas actuales retoman la lógica de subordinación del trabajo al capital iniciada durante la dictadura.

Lunes, 23 de marzo de 2026 14:49

A 50 años del golpe de Estado de 1976, el abogado laboralista Daniel Ghiraldo trazó un análisis histórico y político sobre la disputa de fondo que atraviesa a la Argentina, y advirtió que las políticas actuales retoman el mismo camino de subordinación del trabajo al capital impuesto durante la dictadura.

En diálogo con Data Gremial, el especialista en derecho laboral sostuvo que la historia argentina no puede entenderse como una simple alternancia de gobiernos, sino como una disputa estructural entre dos modelos de país.

“Lo que está en juego, una y otra vez, es mucho más profundo. Es la disputa entre dos modelos de país”, afirmó.

Dos modelos en disputa

Según Ghiraldo, de un lado se ubica un proyecto nacional basado en la industria, el trabajo, el mercado interno y un Estado activo, con eje en la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Del otro, un modelo subordinado a intereses extranjeros, sostenido en la valorización financiera, el endeudamiento, la destrucción de la industria nacional y la flexibilización de los derechos laborales.

“Ese modelo no puede imponerse sin el engaño y/o la violencia, ni puede desarrollarse sin el disciplinamiento de la clase trabajadora”, remarcó.

Del ‘55 a la dictadura: el disciplinamiento del trabajo

El abogado situó el origen de este proceso en el golpe de 1955, que interrumpió un modelo de desarrollo con altos niveles de industrialización, salarios y derechos laborales consagrados en la Constitución de 1949.

“Aquel modelo no fracasó, fue interrumpido por la fuerza”, subrayó.

Sin embargo, indicó que fue en 1976 cuando ese proyecto de reorganización social alcanzó su forma más brutal, combinando represión y reformas estructurales.

A través de la ley de facto 21.297, la dictadura modificó profundamente la Ley de Contrato de Trabajo, eliminando derechos y reconfigurando la relación entre capital y trabajo.

“La represión y la reforma legal fueron dos caras de un mismo proceso: disciplinar a la clase trabajadora”, explicó.

Los ‘90 y la continuidad en democracia

Ghiraldo también marcó la continuidad de este modelo durante la década del 90, con leyes que promovieron la flexibilización laboral y la precarización bajo el argumento de generar empleo.

“Lejos de generar empleo genuino, estas reformas consolidaron un esquema de precarización, aumento del desempleo y deterioro salarial”, sostuvo.

En esa línea, incluyó la llamada “Ley Banelco” como parte de ese proceso, al que vinculó directamente con la crisis de 2001.

Recuperación y nueva interrupción

Tras esa crisis, el abogado destacó un período de recuperación del modelo basado en el trabajo, con crecimiento del empleo, recomposición salarial y fortalecimiento del rol del Estado.

Sin embargo, advirtió que ese proceso también fue interrumpido, esta vez a través de mecanismos no tradicionales.

“Se trató de un golpe blando, instrumentado mediante técnicas de lawfare, basado en la articulación entre servicios de inteligencia, medios de comunicación concentrados y sectores del poder judicial”, señaló.

Las reformas actuales y la herencia de 1976

Para Ghiraldo, la línea de continuidad llega hasta el presente con las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, que —según indicó— retoman la lógica histórica de flexibilización laboral.

“Bajo el discurso de la libertad y la desregulación, se avanza nuevamente sobre el derecho del trabajo”, advirtió.

Entre las medidas mencionó la ampliación del período de prueba, la reducción de indemnizaciones y el debilitamiento de la negociación colectiva, en un contexto de caída del salario real y aumento del desempleo.

“El mismo mecanismo, el mismo objetivo”

En el tramo final de su análisis, el laboralista sostuvo que existe una continuidad histórica en las políticas aplicadas desde 1976 hasta la actualidad.

“Como en 1976, como en los 90, el objetivo no es el desarrollo del trabajo, sino su subordinación”, afirmó.

Y concluyó con una advertencia: “Una sociedad con empleo precario, salarios bajos y derechos debilitados es una sociedad disciplinada. Y una nación con una sociedad disciplinada puede ser fácilmente despojada de sus riquezas”.