Por registrar 26 cheques rebotados por $39,7 millones y una deuda bancaria por $45,6 millones mientras permanece en situación 4 de morosidad, es decir, con alto riesgo de insolvencia, una empresa textil, que fabricaba indumentaria para grandes marcas como Kappa, Reebok, Kevingston y Billabong, entró en concurso preventivo de acreedores con el objetivo de organizar su pasivo y sostener su producción.
El proceso fue dispuesto el 23 de febrero pasado y surgió por la delicada situación financiera que atraviesa la firma llamada Fantome Group, la cual perdió a sus principales clientes al tiempo que recibió el impacto de la apertura indiscriminada de importaciones.
El expediente concursal establece que los acreedores, donde sobresalen Garantizar SGR y Banco Galicia, podrán verificar sus créditos hasta el 17 de junio, mientras que la audiencia informativa fue fijada para abril de 2027, en el marco del proceso de reestructuración.
Asimismo, la fabricante de ropa pidió también por la continuidad de su actividad y de los contratos en curso, sobre todo a los vinculados al uso del inmueble donde opera y al alquiler de maquinaria.
La compañía fue creada en 2017 y empezó a producir en 2018 en una planta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el que desarrollaban todo el proceso de producción, desde desde el diseño y moldería hasta la confección, estampado y distribución de prendas. Su consolidación atrajo marcas de peso como Kappa; Reebok; Kevingston; Billabong; Cheeky; Mimo y Kosiuko.
El inicio del ocaso
El esplendor de Fantome comenzó a derrumbarse en 2020, momento en el que Kevingston decidió abandonar la fabricación local y vender productos importados.
En la presentación judicial, la firma señaló que “al tratarse del cliente que representaba casi la totalidad del flujo de trabajo, su salida significó un quiebre estructural". Como en un efecto dominó, se sumaron otras marcas y replicaron la estrategia de Kevingston.
Desde 2022 hasta el 2025, supo sostener una relación comercial con Distrinando S.A., licenciataria de marcas como Kappa y Reebok, por lo que elaboraba indumentaria deportiva e incluso equipamiento para clubes de fútbol.
Sin embargo , el año pasado ese vínculo concluyó, lo que provocó la pérdida de una fuente relevante de ingresos.
La actualidad
En su escrito presentado a la Justicia, describió que “la industria textil argentina sufrió en los últimos años una 'competencia diabólica' proveniente de productos importados cuyo precio resulta imposible de igualar".
"Muchos actores comercializan por debajo de sus costos con el solo objeto de mantenerse en el mercado", agregó
También, enumeró otros factores estructurales al repasar la suba de costos en insumos, energía y salarios; la alta presión impositiva y la ausencia de políticas de protección frente al dumping.
En tanto, se quejó por la desaparición del crédito para pymes y tasas de interés que, en algunos casos superaron el 100% anual, lo que terminó por asfixiar su operatoria.
A propósito, apuntó que "una empresa pequeña no soporta ese incremento de tasas ni la exigencia de cancelar líneas de crédito en esas condiciones".
Cesación de pagos
La profundización de la crisis de Fantome comenzó el 14 de julio del año pasado, fecha en la que se trabaron dos embargos judiciales sobre sus cuentas bancarias por más de $130 millones, que no pudieron ser cubiertos. A partir de ese momento, la empresa reconoce un estado de cesación de pagos.
Para que la desgracia no sea tan dura, presentó una marca propia, abrió un local minorista en Belgrano y desarrolló una unidad de bordado y estampado, hoy su principal fuente de facturación. No obstante, no alcanza para compensar la caída del negocio principal.
Finalmente, afirmó que "el concurso preventivo constituye la única vía para preservar la actividad y garantizar una reorganización ordenada".