El último informe realizado por la consultora Ecolatina dejó ver el gran impacto de la pandemia en la órbita laboral y económica. El estudio afirma que, durante 2020, unos 220 mil puestos de trabajo formales se perdieron en el país, aunque ciertas políticas de contención atenuaron el impacto.

“En 2020, la actividad cayó 10%, mostrando su peor retroceso desde 2002. Como era de prever, este deterioro impactó en casi todos los frentes de la economía: la demanda, los salarios y el empleo, entre otros, sufrieron la crisis del año pasado”, asegura el estudio.

Sin embargo, la consultora informó que si bien la crisis que se agravó por la pandemia es tan profunda como generalizada, no todos los sectores sufrieron de la misma manera, ya que los rubros esenciales cayeron menos que los no esenciales y en la misma línea, la producción de bienes se redujo menos que la de servicios.

Esta misma diferencia también se vio en el mercado de trabajo formal, ya que los asalariados privados fueron los que más sufrieron la crisis (202.000 puestos, 3,4% de caída), mientras que los autónomos y monotributistas cayeron un 1,4%, lo que equivale a 40.000 puestos laborales. Por el contrario, el empleo público creció un 0,6% tanto en la órbita nacional, como la provincial y la municipal, lo que representa aproximadamente a 19.000 trabajadores.

En tanto, estas diferencias fueron más allá de la modalidad de contratación: también se verificaron entre las distintas ramas de actividad. Por caso, los segmentos asociados a la producción de bienes -a excepción de construcción, que por la pandemia tuvo una dinámica más parecida a servicios- destruyeron el 1% de sus plantillas durante el 2020, mientras que la contracción alcanzó el 5% en el resto de las ramas de actividad.

Asimismo, la consultora se refirió a las diversas políticas que ayudaron a conservar el empleo. De este modo, explicaron por qué el empleo registrado cayó menos que la producción: se debe a que por un lado, “la posibilidad de suspender trabajadores en los rubros paralizados contribuyó a conservar algunos puestos de trabajo, en tanto que las dificultades para despedir personal formal que provocaron la doble indemnización y la prohibición de despidos también ayudaron a contener la sangría”.

“En la misma dirección, el programa de Asistencia a la Producción y el Trabajo -ATP-, donde el Estado Nacional pagó parte del sueldo de algunas firmas golpeadas por las restricciones a la circulación, contribuyó a cuidar los puestos de trabajo registrados. Como resultado, la actividad sintió más el impacto del coronavirus que el empleo”, detalla el informe.

Para concluir, Ecolatina planteó que “podría pensarse que el mercado de trabajo formal recuperaría el terreno cedido en cuanto reaccione la demanda”, pero advirtió que “el cierre de más de 20.000 empresas durante el año pasado ralentizará la creación de puestos de trabajo en la pos-pandemia”.