Uber se ha convertido en nuestro país en un paradigma del incumplimiento de fallos judiciales y reglamentaciones. El desarrollo de la aplicacion (APP) de este sistema de transporte de pasajeros fue creciendo vertiginosamente durante la pandemia, pero en base a no cumplir con las exigencias que les impuso la Justicia, desconociendo las leyes impositivas, como así también las que protegen el trabajador. Y ni que hablar sobre las responsabilidades de los pasajeros transportados.

La empresa opera en todos los municipios de la provincia de Buenos Aires, en las grandes ciudades de nuestro país y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de manera ilegal y en plena pandemia de coronavirus violando los decretos de necesidad y urgencia del Poder Ejecutivo que señalan restricciones a la circulación para intentar combatir la transmisión del virus Sars-CoV-2 que produce la grave enfermedad de Covid-19. La excepción fue la provincia de Mendoza que autorizó su operatoria.

Se sostiene en la ilegalidad

En la Ciudad Autónoma se han dictado fallos de primera y de segunda instancia que ordenan cesar de inmediato la actividad de Uber pero la operatoria de la app continúa.

Desde luego, que esta violenta irrupción en el mercado argentino ha llevado a que muchos taxistas de la CABA se organicen y combatan el trabajo en negro que esta app favorece y que perjudica los ingresos de los dueños y peones de taxis que deben tributar y enfrentar una competencia desleal propia de las épocas de la piratería y que se libra en las calles y avenidas porteñas.

Bronca entre taxistas

Para Alberto Rodríguez, secretario de la Asociación Taxistas de Capital de la CTA, “el objetivo final de Uber es apoderarse de nuestra actividad que es un servicio público. No conformes de avanzar con los taxis avanzan ofreciendo de manera ilegal, mensajería, delivery, se mete en actividades como la de camioneros y lo que buscan es monopolizar todas las actividades que puedan”.

En declaraciones a la prensa, Rodríguez, señala que “Uber y otras app que vemos en las calles son una expresión del capitalismo parasitario que no invierte un solo peso ni asume responsabilidades por su actividad y cobra comisiones por los viajes que sus choferes hacen. La comisión del 25% le permite una ganancia millonaria sin riesgo alguno y se llevan los beneficios al exterior. Uber no pierde plata, ninguna empresa de ese tipo lo hace”.

Muchos dueños y peones de los “techos amarillos” de la Ciudad que componen la agrupación Frente de Unidad Taxista sostienen que las regulaciones que se observan en países desarrollados llegan tarde. “Por ejemplo, el juicio que perdió Uber en Inglaterra, se produce después de años de superexplotación de los trabajadores que dejó en la ruina al histórico servicio de taxis londinense”.

Para los voceros de esta agrupación las cláusulas regulatorias que se producen por estos fallos terminan por ajustarse a las necesidades de estas empresas que explotan trabajadores y generan rápidas ganancias gracias a las crisis económicas que producen una crisis del empleo como la que vive la Argentina desde hace años.

Lo cierto es que a pesar de la pandemia, de los fallos en contra y de la pobre seguridad ofrecida a los pasajeros, la app Uber continúa operando como si nada en las calles del AMBA y se da el lujo de promocionar una actualización de la herramienta RideCheck que permite detectar a los usuarios desvíos en la ruta por parte del chofer.

Una actitud publicitaria insólita teniendo en cuenta el marco de ilegalidad en el que se encuentra lucrando Uber.