Trabajadores de la Petroquímica Sealed Air, ubicada en el partido bonaerense de Quilmes, protagonizaron una manifestación frente a la planta, después de que los propietarios ratificaron 65 despidos de los 90 anunciados en noviembre.
Los operarios del establecimiento fabril de Primera Junta 455 tomaron la decisión de protestar, luego de la ruptura de las negociaciones que mantenían, lo que además motivó un paro por tiempo indeterminado que se tradujo en la paralización de la actividad de toda la planta.
El cuerpo de delegados gremiales señaló que el diálogo con la firma fue interrumpido tras una audiencia clave que mantuvieron el 29 diciembre, en el marco de la conciliación obligatoria
Asimismo, el sector sindical denunció que la compañia tiene como objetivo la reducción de personal, el cambio de las condiciones laborales, como el quite de adicionales internos y mayores exigencias en la producción con un plantel más corto al habitual.
El argumento de “la reestructuración”
Al respecto, el delegado general de Sealed Argentina, Alfredo Piscopo, comentó que el conflicto viene de larga data al pronunciar que “desde 2021 venimos con una planta que fue decayendo”. “El 3 de noviembre Recursos Humanos nos informó que iban a despedir a 97 compañeros, bajo el argumento de una reestructuración pedida desde Brasil, México y Estados Unidos”, repasó.
Más allá de los problemas de infraestructura y la incorporación de maquinarias nuevas, cuyo manejo era desconocido por los operarios, Piscopo describió: “Hasta hace cuatro o cinco meses teníamos buenas ventas y en varios sectores se hacían horas extras porque no se llegaba a cubrir la demanda, salvo en el sector de laminados que terminó cerrando”.
El incumplimiento
El conflicto de la petroquímica derivó en una conciliación obligatoria, donde el sindicato accedió al retiro de 45 trabajadores, en su mayoría próximos a jubilarse, como parte de un acuerdo que permitiera reubicar personal y sostener la producción. No obstante, todo se empantanó cuando los dueños de la empresa exigieron aumentar el nivel de producción a pesar de la reducción del plantel y de la escasa especialización en las flamantes máquinas.
El representante gremial reveló: “Nos pedían producir más con compañeros que necesitaban al menos dos meses de formación. Dijimos que así no se podía trabajar”.
Tras la negativa, el 30 de diciembre comenzaron a llegar los telegramas de despido, lo que causó gran indignación. Por eso, el delegado reclamó: “Durante toda la conciliación la gente siguió colaborando, incluso trabajando en sus francos, y esta fue la respuesta. Hoy tenemos la planta parada y 65 compañeros despedidos”.
Con el cese de actividades y la planta paralizada, la disputa continúa abierta, ya que los trabajadores exigen la reincorporación de sus compañeros despedidos, así como una instancia real de negociación que preserve la continuidad laboral, así como condiciones dignas que le aseguren realizar sus tareas sin preocupaciones.