A horas de la elección que definirá la conducción nacional de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Abel Furlán logró consolidar un respaldo interno que lo deja en una posición dominante para renovar su mandato. El actual secretario general llega a la elección de este miércoles 18 de marzo con el apoyo explícito de 47 de las 53 seccionales del gremio, un dato que no solo ordena la interna sino que, en términos concretos, anticipa el resultado.
Es que ese alineamiento se traduce en aproximadamente 228 votos dentro del Colegio Electoral, sobre un total de 276 congresales habilitados. En otras palabras, cerca del 85% de los electores ya estaría encolumnado detrás de su continuidad, lo que deja a la conducción actual con una ventaja imposible de revertir.
Además, entre los apoyos aparecen seccionales de peso específico dentro de la estructura metalúrgica, como Córdoba, Rosario, Avellaneda, La Matanza, Morón y Quilmes, además de polos industriales clave del interior bonaerense y del cordón productivo nacional, lo que refuerza el volumen político del respaldo.
Sin embargo, el proceso electoral no se desarrolla en un clima de normalidad. Por el contrario, está atravesado por fuertes tensiones políticas, denuncias cruzadas y un contexto que desde el oficialismo sindical describen como una ofensiva externa para condicionar la voluntad de los trabajadores.
Allanamiento y denuncias de una avanzada
El episodio que terminó de recalentar la interna fue el allanamiento a la sede central del gremio, realizado la semana pasada por orden del juez Julián Ercolini. Desde el entorno de Furlán interpretaron el procedimiento como parte de una maniobra más amplia, orientada a generar impacto mediático y a debilitar a la conducción en la antesala de la votación.
Esa lectura fue reforzada por el comunicado firmado por las seccionales, donde se denunció la existencia de un “plan de difamación” que incluye operaciones mediáticas y movimientos judiciales. Según plantearon, se trata de acciones coordinadas que buscan “enturbiar la vida democrática” del sindicato e interferir en el proceso electoral.
“No van a decidir por nosotros ni las operaciones de prensa ni la Justicia”, remarcaron desde el gremio, en una señal de cierre de filas frente a lo que consideran una injerencia externa.
La disputa con Rocca y el control del territorio
El trasfondo del conflicto no puede leerse sin la pulseada que Furlán mantiene desde hace tiempo con el grupo Techint. En particular, con su titular, Paolo Rocca, en el marco de las negociaciones salariales del sector metalúrgico.
Esa disputa tuvo un capítulo reciente en la seccional Zárate-Campana, uno de los distritos más importantes del gremio. Allí, Furlán logró imponerse en una elección atravesada por fuertes tensiones internas. En su entorno aseguran que se trató de una victoria clave frente al “candidato de Rocca”, lo que consolidó su liderazgo y fortaleció su posicionamiento de cara a la elección nacional.
El resultado no solo tuvo impacto sindical, sino también político: reafirmó un modelo de conducción que se planta frente a las grandes patronales industriales en la discusión por salarios y condiciones laborales.
Uno de los dirigentes más críticos del Gobierno
En paralelo, Furlán se convirtió en uno de los dirigentes sindicales más críticos del Gobierno nacional. Su rol dentro del Frente de Sindicatos Unidos (FRESu), el espacio que nuclea a gremios de distintas centrales, lo ubica entre los sectores más confrontativos frente a la reforma laboral y el rumbo económico.
Desde ese lugar, viene impulsando una agenda centrada en la recomposición salarial, la defensa del empleo industrial y el rechazo a las políticas de ajuste. Esa posición, aseguran en su entorno, también explica parte de las tensiones que atraviesan hoy al gremio.
Una elección con resultado casi definido
Con este escenario, la elección del próximo 18 de marzo aparece, al menos en los números previos, prácticamente definida. El respaldo de la mayoría de las seccionales, sumado al triunfo en su bastión y al alineamiento interno, colocan a Furlán a las puertas de un nuevo mandato.
De concretarse, no solo consolidará su liderazgo dentro de la UOM, sino que también reforzará el peso de un sector del sindicalismo que busca plantarse con mayor dureza frente al Gobierno y las patronales.
En ese cruce de intereses —sindicales, empresariales y políticos— se juega mucho más que una elección interna: está en disputa el rumbo de uno de los gremios industriales más importantes del país.