Alrededor de 690 mil jubilados se ven obligados a trabajar debido a la fuerte pérdida de poder adquisitivo de sus haberes, lo que representa casi un 31% más que hace diez años. Como si fuera poco, gran parte de ellos lo hacen bajo condiciones de precarizado.
La estadística es preocupante y se profundizó con la crisis porque esa cifra representa un 5,1% de la población activa en las zonas urbanas del país.
En base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la consultora Politikon Chaco, precisó que la cifra del año pasados es el segundo más alto desde el 2016, el primero del 2019, en dónde trepó al 5,2%.
El crecimiento de personas jubiladas en el ámbito laboral se da en contraposición a la disminución de jóvenes menores de 24 años.
Los jubilados ocupados están en su mayoría en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el 7,6% del total, Gran Tucumán con el 6,5%, Posadas con el 6,1%.
Posteriormente, figuran el Gran Buenos Aires con el 5,4%, Gran Rosario con 5,2% y San Nicolás-Villa Constitución con el 5,2%, al tiempo que Mar del Plata con el 5,1%.
Precisamente, en 2016, había unos 517.441, pero diez años después ya hay 686.160, lo que demuestra un salto del 32,6% en casi una década
El relevamiento también establece que se trata del grupo de edad con mayor expansión relativa del período, muy por encima del crecimiento general con 17,8% más. Al igual que los ciudadanos de 45 a 54 años con 29,8% más. Muy lejos, las de hasta 24 años exhibieron un alza muy leve del 4,9%
¿Bajo qué condición trabajan?
El año pasado el 48,1% del total de las personas mayores de 65 años fue contrapropuesta, el mayor valor de los últimos 9 años. Mientras que un 43,2% lo hizo como trabajador asalariado; los que son patrones integran el 7,2% del empleo, en tanto que los trabajadores familiares sin remuneración representaron el 1,5% del total.
En ese contexto, Politikon Chaco consideró que “el hecho de que casi la mitad de los ocupados de ese grupo sean cuentapropistas y que esa participación haya alcanzado el nivel más alto desde 2016 no parece responder solamente a una elección individual o a una búsqueda de independencia laboral; por el contrario, la dinámica sugiere una creciente necesidad de generar ingresos por fuera de esquemas laborales más estables, en un contexto donde las jubilaciones pierden capacidad de compra y muchas personas mayores deben continuar trabajando para sostener sus gastos cotidianos”.
En ese marco, sostuvo que “la expansión del cuentapropismo entre los adultos mayores aparece así más vinculada a estrategias de supervivencia económica que a una transición voluntaria hacia formas más flexibles de empleo”.
En ese sentido, la contracción tanto de los asalariados como de los patrones implica que una parte significativa de los adultos mayores dejó de ocupar posiciones relativamente más estables o de mayor capacidad económica para pasar a desempeñarse en actividades más precarias, inestables y de baja escala.
La mayoría de los jubilados activos lo hacen en la construcción con un 12,7%, que, en comparación con 2016, registró un crecimiento del 74,6%. Continúan en la lista los que se dedican al comercio de alimentos, bebidas y tabaco, con una participación del 11,3% y una expansión del 167,2% respecto del inicio de la serie.
Posteriormente, dicen presente los que llevan a cabo actividades jurídicas y contables, que representaron el 7,8% del total y exhibieron un aumento particularmente significativo, del 280,5% en relación con 2016.
La precarización avanza
En 2016, el 53% de los jubilados activos estaban en blanco, mientras que el 47% lo hacía bajo la informalidad. Sin embargo, en 2017, las que trabajaban en negro pasaron a ser el 50,6% del total y un 59,4% en 2018.
El año 2020 representó una excepción parcial dentro de esta tendencia, debido al fuerte impacto de las restricciones sanitarias sobre las actividades más precarias e informales, que expulsaron temporalmente del mercado laboral a muchos adultos mayores ocupados en “changas” o empleos no registrados.
A pesar de que en 2021 la formalidad se recuperó y llegó al 58,8%, desde 2023 reapareció un crecimiento sostenido de la informalidad, dado que pasó del 42,1% en ese año al 48,1% en 2024 y trepó al 55,7% en 2025.
Finalmente, el estudio concluyó que el panorama “refleja un avance de la precarización laboral entre quienes continúan activos pese a haber alcanzado la edad jubilatoria”.