En la Argentina de Milei, cada vez más jubilados salen a trabajar y engrosan el empleo precario

Un informe del Instituto Argentina Grande revela que la suba de la tasa de actividad se explica, en gran medida, por la incorporación de personas mayores de 66 años al mercado laboral. La mayoría lo hace por necesidad y en condiciones informales.

Lunes, 02 de marzo de 2026 13:47

La tasa de actividad alcanzó el 48,6%, el registro más alto para un tercer trimestre desde 2016. Pero lejos de reflejar una expansión genuina del empleo, el dato expone una realidad más cruda: cada vez más jubilados vuelven a trabajar porque sus haberes no alcanzan para cubrir gastos básicos.

Según el último informe del Instituto Argentina Grande (IAG), entre las personas de 66 años o más la actividad creció 11% interanual. La institución define este fenómeno como “supervivencial”, ya que responde a la pérdida sostenida del poder adquisitivo de las jubilaciones y al encarecimiento de medicamentos, servicios de salud y alimentos.

Volver al trabajo después de toda una vida laboral

Marta Beatriz Fernández, de 75 años, se jubiló tras 35 años en la administración pública porteña. Pensó que podría vivir con lo justo, pero tranquila. Sin embargo, desde hace un año limpia casas en Caballito y Almagro cuatro veces por semana.

“Trabajé 35 años en el Estado. Cuando me jubilé pensé que iba a estar justa, pero tranquila. Con lo que cobro hoy no pago medicamentos, expensas y supermercado”, cuenta.

Hasta hace poco, sus hijos la ayudaban a completar gastos. “Ahora ya no pueden. Entonces yo salgo a limpiar para sostenerme y si puedo les doy una mano”, explica.

Con una jubilación mínima que, con bono incluido, ronda los 429.000 pesos, la ecuación es asfixiante. “Nadie puede vivir un mes”, afirma Nora Biaggio, docente jubilada y referente del Plenario de Trabajadores Jubilados. “Solo los medicamentos, que ahora hay que pagar, insumen la mayoría de los haberes”.

Más actividad, más precarización

El informe del IAG advierte que el aumento de la actividad de adultos mayores se produce en un contexto de fuerte deterioro laboral. El trabajo desprotegido alcanza al 44,2% de los ocupados y supera por primera vez los 6 millones de personas.

En ese marco, la reinserción de jubilados se da casi siempre en la informalidad: limpieza, cuidado de personas, venta ambulante, jardinería o conducción de vehículos en plataformas digitales.

Raúl Osvaldo Benítez, de 80 años, trabajó cuatro décadas en una imprenta. Se jubiló hace 15 años, pero desde 2024 maneja un Uber al menos ocho horas por día para poder pagar el alquiler de su departamento en Chacarita.

“Si no salgo a trabajar, no llego al alquiler. Así de simple”, resume. “Entre el alquiler, las expensas y la comida, la jubilación se me va en cinco días”.

Para Biaggio, el dato que algunos presentan como positivo es, en realidad, un síntoma de deterioro social. “No estamos ante jubilados que buscan mantenerse activos. Estamos ante personas que, después de haber trabajado décadas, vuelven al mercado porque la jubilación no alcanza para vivir”, sostiene.

El “desempleo encubierto” también crece

El dossier incorpora además un indicador de “desempleo encubierto”, que contempla a quienes buscan trabajo pero solo consiguen ocupaciones de pocas horas y alta precariedad. La tasa asciende al 13,8%, más del doble del desempleo oficial (6,6%).

En el caso de los jubilados, el desempleo encubierto creció 34,1% interanual, lo que refleja que muchos necesitan trabajar más horas para sostener ingresos básicos.

El contraste es elocuente: mientras la actividad entre mayores de 66 años aumenta, la de los jóvenes de entre 18 y 26 años cayó 1,6%. El mercado laboral no se expande por dinamismo económico, sino por necesidad.

“Yo ya trabajé toda mi vida”, dice Marta. “No tendría que estar limpiando casas a los 75”.

La postal se repite en distintos barrios y provincias: adultos mayores que, lejos de disfrutar una jubilación digna, vuelven a insertarse en empleos informales y exigentes para poder sobrevivir. El crecimiento de la actividad, en este contexto, no es una señal de recuperación, sino el reflejo de una jubilación que ya no alcanza.