La transformación más profunda del mercado laboral argentino durante la gestión de Javier Milei no aparece únicamente en la cantidad de desocupados ni en la evolución del empleo registrado. El cambio estructural se observa en la creciente sustitución del trabajo asalariado formal por ocupaciones informales, precarias o insuficientes para garantizar ingresos estables y derechos laborales.
Los datos oficiales permiten cuantificar ese fenómeno con precisión. Entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026, más de un millón de trabajadores empeoró su situación laboral al incorporarse a la informalidad, pasar a la desocupación o quedar subocupado. Se trata de 1.006.400 personas que, según las estadísticas públicas disponibles, representan el saldo más visible de un modelo económico que privilegia el ajuste sobre el empleo de calidad.
Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, la evolución de estos indicadores muestra un cambio en la composición del mercado de trabajo que recuerda algunos rasgos de la década de 1990, aunque con una diferencia sustancial: la precarización reemplazó al desempleo masivo como principal mecanismo de deterioro laboral.
El avance de la informalidad
Uno de los datos más preocupantes surge de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. Entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026, 603.600 personas pasaron a desempeñarse en actividades informales.
Como consecuencia, el empleo no registrado pasó de representar el 40,8% al 44% del total de los trabajadores.
Detrás de ese porcentaje hay cientos de miles de personas que desarrollan tareas sin salario mínimo garantizado, aguinaldo, aportes jubilatorios, cobertura médica, vacaciones pagas, licencias, límites legales de jornada ni protección frente a un despido arbitrario.
El crecimiento del trabajo informal constituye una respuesta de supervivencia frente a la pérdida del poder adquisitivo y la necesidad de generar ingresos adicionales en hogares afectados por la caída del consumo, el deterioro salarial y la retracción de la actividad económica.
En paralelo, la Secretaría de Trabajo informó que hasta marzo de 2026 desaparecieron 539.000 puestos registrados. De ellos, 292.015 correspondieron a asalariados en relación de dependencia, tanto del sector privado como del público, mientras que el resto pertenecía a distintas modalidades de registro simplificado, como monotributistas y personal de casas particulares.
La combinación entre destrucción del empleo registrado y expansión de la informalidad constituye una de las principales características del actual modelo económico.
Cuando el desempleo deja de contar toda la historia
La tasa de desocupación también empeoró durante la gestión libertaria. En el primer trimestre de 2026 alcanzó el 7,8%, por encima del promedio del 7,4% registrado durante 2025 y bastante más alta que el 6,1% observado en 2023.
En términos absolutos, esto implica la incorporación de 216.100 nuevos desocupados respecto del último año completo de la administración anterior.
Sin embargo, el desempleo ya no refleja por sí solo el verdadero deterioro del mercado laboral.
Las transformaciones tecnológicas de los últimos años modificaron profundamente la forma en que las personas acceden a actividades económicas. Plataformas digitales, aplicaciones, redes sociales y múltiples mecanismos de intermediación permiten conseguir trabajos ocasionales, generalmente informales y de muy baja calidad, que alcanzan para que una persona sea considerada "ocupada" según la metodología internacional utilizada por el INDEC.
De acuerdo con esa definición, basta con haber trabajado una hora durante la semana previa a la encuesta para integrar la población ocupada, independientemente del nivel de ingresos, de la estabilidad de la actividad o de la existencia de derechos laborales.
Esta realidad dificulta las comparaciones con la Convertibilidad, cuando las posibilidades de obtener ocupaciones eventuales eran mucho más reducidas y la destrucción del empleo formal derivaba directamente en tasas de desempleo mucho más elevadas.
El crecimiento silencioso de la subocupación
Otro indicador que refleja el deterioro es la subocupación.
Se trata de trabajadores que cumplen menos de 35 horas semanales por causas ajenas a su voluntad y desean trabajar más tiempo para incrementar sus ingresos.
Durante el último año medido, la tasa de subocupación llegó al 11,2% de la población económicamente activa, frente al 10,2% registrado en 2023.
En términos absolutos, ello representa 186.700 nuevos subocupados.
La combinación entre informalidad, desempleo y subocupación explica que más de un millón de trabajadores haya visto deterioradas sus condiciones laborales desde el inicio del actual modelo económico.
La precarización como nuevo disciplinador salarial
La economía argentina parece transitar un cambio de paradigma.
Durante la década de 1990, el mecanismo que disciplinaba las negociaciones salariales era el elevado desempleo. Hoy, en cambio, la presión proviene de un mercado laboral crecientemente precarizado, donde la abundancia de trabajadores informales y la facilidad para acceder a ocupaciones de supervivencia reducen el poder de negociación de quienes buscan mejores salarios o condiciones laborales.
La expansión de las tecnologías de la información, sumada al avance de la inteligencia artificial sobre numerosas tareas de baja y mediana calificación, incrementa la competencia entre trabajadores y facilita la sustitución de empleo protegido por modalidades mucho más flexibles y desreguladas.
El resultado es un círculo de creciente degradación laboral: menores ingresos, menor estabilidad, menor cobertura social y una reducción sostenida del poder de negociación del trabajo frente al capital.
Más que crear empleo, el desafío es generar empleo de calidad
El comportamiento reciente del mercado laboral plantea una discusión de fondo sobre cuáles deberían ser los indicadores utilizados para evaluar el desempeño económico de un gobierno.
La tasa de desempleo continúa siendo una variable relevante, pero pierde capacidad explicativa cuando una proporción creciente de la población consigue únicamente trabajos informales, de pocas horas o ingresos insuficientes.
En ese contexto, la verdadera medida de fortaleza de una economía pasa por su capacidad para crear empleo asalariado formal, con estabilidad, derechos laborales y salarios que permitan sostener el consumo interno.
Los datos oficiales muestran que el rumbo seguido desde diciembre de 2023 avanza en sentido contrario. Mientras se destruyen puestos registrados, crecen la informalidad y la subocupación, configurando un mercado laboral cada vez más precarizado.
El saldo es contundente: más de un millón de trabajadores ya empeoró su situación laboral. Y esa cifra, más que un dato estadístico, constituye uno de los principales indicadores del cambio estructural que atraviesa el mundo del trabajo argentino bajo el modelo libertario.