Hace unos días, luego de negociaciones que se estiman comenzaron a mediados del año pasado, la compañía Shell vendió sus operaciones en el país. El acuerdo incluye a las 894 estaciones de servicio de la firma, la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes en la Ciudad de Buenos Aires, además de dos aeroplantas ubicadas en Ezeiza y Aeroparque, dos terminales de almacenamiento y despacho de combustibles en Arroyo Seco y Santa Fe, que pasarán a ser controladas por los suizos de Mercuria Energy Group, más la participación de los empresarios argentinos José Luis Manzano y Daniel Vila a través de Integra Capital, una decisión que sacudió el mercado de los combustibles nacional. Además del impacto que tendrá esto en un rubro extremadamente complejo –que se vio sacudido este año por la guerra en Medio oriente y la suba y baja constante del valor del petróleo –puede abrir la puerta a una de las medidas más polémicas de la reforma laboral. Es que en la firma ya se habla de la posibilidad de fomentar un gremio para todo su personal. La posibilidad circuló con fuerza para los trabajadores de estaciones de servicio, mientras en el resto de la firma miran con expectativa la llegada de los nuevos dueños y sus planes laborales. Preocupación general por el avance de esta política, que “fracciona” el poder de los sindicatos.
Luego del anuncio de la venta, una de las cuestiones que se comenzaron a hablar respecto de Shell es la chance de un cambio en la representación gremial. Según los rumores que difundieron varios medios, la operación comercial activó la posibilidad del armado de un nuevo sindicato, algo que en las oficinas de Shell “se venía analizando con referentes sindicales de la actividad”. En la firma hay dos grandes representaciones sindicales: la del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio (SOESGyPE), para los popularmente llamados playeros y otro personal, y los de los petroleros privados.
La Ley de Modernización Laboral pretende fragmentar la representación sindical, reduciendo del 20 al 5 por ciento el porcentaje mínimo de afiliación necesario para iniciar el proceso de reconocimiento de una organización gremial; al tiempo que establece un mecanismo para “comparar la cantidad de afiliados cotizantes entre sindicatos que compitan por la representación de los trabajadores”. De esta forma, se fomentan los “sindicatos por empres”, como los que funcionan en las empresas aéreas low cost, que se crearon durante la gestión de Mauricio Macri. Ahora, la idea es fomentar este tipo de organizaciones, que suelen tener una mirada cercana a las empresas.
Por el momento, en la ex Shell se trata solo de “versiones periodísticas”. En la planta de Villa Inflamable, en la localidad de Dock Sud, faltan certezas al respecto. “Lo que escuchamos es que se trataría de una maniobra sólo para el personal de estaciones de servicios, los trabajadores bajo órbita del sector petrolero estaríamos fuera”, le explicó a Data Gremial una fuente de la empresa, cercana a la comisión interna petrolera. Tanto para quienes trabajan en distribución como en la rama petrolera, “no hay información que se vaya a intentar este cambio”. Desde la planta reconocieron que la firma está “en un proceso de transición, que puede durar unos meses, hasta que la nueva duela tome el control de la firma. Mientras pasa eso, estamos en un estado de incertidumbre”. Además de esta situación, en la refinería hay un conflicto abierto por el despido de al menos cinco activistas sindicales, que lograron dos fallos de reinstalación de la justicia pero la empresa no cumple. “No sabemos con qué política laboral va a venir los nuevos dueños, más allá de las versiones lo que buscamos es que los despedidos vuelvan a su cargo como marcó la justicia”, resaltó la misma fuente consultada.
Pelea de fondo
La idea de un sindicato por empresas no es nueva, y fue fomentada por distintos gobiernos, y ahora es parte de la reforma laboral. A esto se le suma la convocatoria del ministerio de Capital Humano -a través de la secretaría de Trabajo- de renegociar los convenios colectivos de trabajo, también abriría el camino para que Shell proponga la formación de un sindicato bajo el nombre de la empresa, como ya pasó, por ejemplo, con Flybondi. Entre los puntos de negociación, dicen las versiones periodísticas, figuraría el “salario dinámico”, que sería mejorar los ingresos en forma individual por desempeño, productividad o la propia situación económica de cada empresa o sector en particular. El encargado de negociar esta idea sería Carlos Acuña, de la Federación del Interior de Trabajadores de Estaciones de Servicios, Garages, Playas, Lavaderos, Lubricentros y Agroservicios de la República Argentina (FITESGRA).
Mientras el gobierno alerta este tipo de negociaciones, la CGT y las dos CTA tienen una mirada diferente: asegura que fragmentar la negociación colectiva “debilitará el peso de los sindicatos tradicionales”, con gremios más débiles e influenciables por los empleadores, pero también con referentes de sectores más radicalizados que pueden profundizar la conflictividad. Para Pedro Wasiejko, titular de la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines (FeTIA), además del gobierno, detrás de estos intentos está nada menos que la Unión Industrial Argentina (UIA).
“Desde hace un tiempo la UIA intenta esto, de armar sindicatos por empresas, que existen ya en el país, sobre todo en el interior, que le dieron a esas empresas fundamentalmente manejos más cercanos de la situación interna”, explicó el dirigente ante la consulta de Data Gremial. Para el ex titular del SUTNA, cuando una comisión interna es combativa, las patronales suelen cortar diálogo, dejando sin respuesta los reclamos. “Yo estoy a favor de la autonomía de los trabajadores, que son los que tienen que resolver dónde quieren estar, y tener sindicatos cada vez más grandes, los que hoy tienen capacidad de negociación son los de mayor masa de afiliados”, agregó.
Según se supo, esta tipo de organizaciones siempre estuvieron presentes en la mira de las patronales, ahora se activaron, ante la certeza de una ley que permite el nacimiento de una organización gremial que incluya a los trabajadores, en el último caso en Shell. Wasiejko admitió que “hay una tendencia a nivel global a estas organizaciones, en la Argentina tenemos muchos sindicatos, el futuro del movimiento obrero debería tener un gran sindicato industrial, por ejemplo, poderoso y con una fuerte agenda progresista, es un desafío que tenemos”, resaltó. Pese a esto, también valoró experiencias como la de FeTIA, que reúne a organizaciones del sector.
Algunos ejemplos
Hasta antes de la reforma laboral, el sindicato de empresa operó como una figura excepcional. Su reconocimiento efectivo se ha limitado, en la práctica, a grandes empresas, organismos descentralizados del Estado o empresas privatizadas en la década del 90, así como a entidades cuya magnitud y especificidad funcional las convierte, de hecho, en una “actividad en sí misma” (por ejemplo, sindicatos de trabajadores de obras sanitarias, del PAMI, de la AFIP o del subte y premetro).
Para los gobiernos y las empresas, negociar con una sola dirigencia, sin necesidad de reportar a las grandes estructuras, es una ventaja. El caso más notable es el de la empresa aerocomercial Flybondi, que durante el macrismo tiene su propio sindicato por empresa denominado ATAF (Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi). Fue autorizado oficialmente por el Estado nacional y agrupa a la totalidad de los trabajadores no jerárquicos de la aerolínea, tanto de tierra como de vuelo. Luego se sumaron la Asociación Sindical de Trabajadores de JetSmart y una asociación que representa a los empleados de la filial Norwegian Air en la Argentina.
Según su página web, la ATAF representa legalmente los intereses y derechos del colectivo de trabajadores de FB Líneas Aéreas S.A., conocida como Flybondi. “Agrupamos a todos los empleados no jerárquicos, tanto personal de tierra como de vuelo: pilotos, tripulantes de cabina, personal de rampa, de tráfico, mantenimiento, administrativos”, explicaron. Actualmente, entre sus afiliados están casi el 100 por ciento de los empleados no jerárquicos de la firma. El gremio nació como sindicato en la provincia de Córdoba, un 27 de junio de 2018, cuando en el Aeropuerto Ingeniero Aeronáutico Ambrosio Taravella un grupo de empleados decidió fundar un gremio para la actividad aerocomercial “low cost”.
Esto abrió una disputa de representatividad con varios gremios del rubro, pero el nacimiento fue saludado por el entonces presidente Mauricio Macri. Luego de algunos cruces con el gobierno provincial, decidió mudarse a la Ciudad de Buenos Aires. Su mayor pelea se dio cuando rechazó el cierre del Aeropuerto de El Palomar, por parte de gobierno de Alberto Fernández.