Desde que el 27 de octubre la firma tecnológica Ualá realizó más de 100 despidos, hasta que este 26 de noviembre Whirlpool cerró su planta de Pilar y dejó a más de 200 trabajadores en la calle, unas 20 empresas importantes del país realizaron cesantías, despidos o cierres de plantas. En medio de la discusión por la reforma laboral, que tiene enfrascados a los gremios y el gobierno, la crisis industrial avanza de manera silenciosa, dejando cada vez más personas sin trabajo. A un mes de cerrar el año, hay alarma por el avance de la destrucción del empleo, y las perspectivas respecto de lo que pueda pasar el año que viene son peores. Es que un análisis realizado por entidades vinculadas a la CTA Autónoma desglosó el proyecto de presupuesto del año que viene, y afirmó que los números proyectados por el gobierno nacional “constituyen la cristalización del ajuste ya realizado en los primeros años de gestión”, por lo cual se anticipa un nuevo escenario complicado “en el marco del industricidio en curso, de la caída del consumo y de una política recesiva que erosiona las bases tributarias”.
El reporte además alerta sobre las áreas más afectadas por el ajuste, como salud y educación, lo que se sostiene que “lo peor no pasó”, al sostenerse el rumbo que propone el gobierno de la Nación.
El trabajo conjunto del Instituto de Estudios y Formación (IEF), el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) y el IDEP de ATE (Instituto de Estudios sobre Estado y Participación) realizó un análisis del proyecto presupuestario que avanza en su aprobación. Según se explicó, se trata de un presupuesto diseñado “para sostener la contracción del gasto público, priorizar el pago de la deuda y garantizar un superávit financiero que, lejos de resolver los problemas estructurales de la economía, anticipa nuevos recortes en caso de que la recaudación caiga”.
El texto presupuestario “invisibiliza, además, la verdadera magnitud del peso de la deuda ya que la mayor parte de los intereses son capitalizables y, por lo tanto, no se registran como gasto corriente, aunque incrementan de manera explosiva el endeudamiento”. Bajo esta contabilidad parcial, se proyecta “un resultado superavitario que, incluso después de pagar los intereses, permitiría aumentar significativamente partidas sensibles como salud, educación, infraestructura o políticas sociales”.
Esto, dijeron desde las entidades, potenciará la crisis industrial, que en estos días sigue generando nuevos cierres, despidos y suspensiones. Noviembre fue tal vez uno de los peores en este tipo: unos 20 conflictos de alto perfil que se visibilizan en todo el país.
La crisis industrial actual también puede explicarse a través de los datos presupuestarios. Según las proyecciones presentadas en el reporte, al que tuvo acceso Data Gremial, la inversión en la Argentina “habrá crecido al finalizar el año un 26,5 por ciento para mantenerse a un ritmo constante del 9,4 por ciento a partir del año que viene”. Sin embargo, “lo que muestran los datos concretos es exactamente lo contrario, un proceso de desinversión y desarme productivo que hace imposible semejante trayectoria”.
Entre diciembre de 2023 y mayo de 2025 cerraron 16.857 empresas, de las cuales 1.624 eran industriales. Es decir, “no solo no hay nuevas plantas ni ampliaciones, sino que el capital instalado viene reduciéndose”. A esto se suma una caída sostenida de la producción en ramas clave como la textiles, metalmecánica, línea blanca, caucho y plástico, automotriz.
Por otra parte, recalcó el trabajo, “lejos de traer dólares frescos, la Inversión Extranjera Directa (IED) está en niveles mínimos históricos. Grandes firmas como HSBC, Procter & Gamble, Telefónica, Clorox o Nutrien abandonaron el país, vendiendo sus activos y llevándose utilidades al exterior”. La IED neta, lejos de financiar máquinas y fábricas, “es hoy una salida neta de divisas”.
Los resultados concretos
En este contexto, noviembre fue uno de los peores meses en materia de crisis industrial. El caso más resonante de esta semana fue el de Whirlpool, que cerró su planta de Pilar y despidió a 200 trabajadores. El plan inicial de la firma era ambicioso: producir 300 mil unidades anuales y exportar el 70 por ciento de la producción. Hoy, la firma confirma que deja de fabricar en Argentina, aunque mantendrá la importación y distribución.
La situación se repite en otros polos industriales. Ayelén Monzón, delegada de la UOM, aseguró que el cierre de Whirlpool fue “planificado con anticipación”. Contó que hacía apenas dos semanas negociaban un bono de fin de año: “Desayunamos que la fábrica cerraba. Fue completamente sorpresivo”, dijo. La firma, según relató, había frenado el ingreso de personal eventual e iniciado un silencioso achique.
En tanto, días atrás, Essen –tradicional empresa productora de ollas y satenes –realizó 35 despidos en su planta de Venado Tuerto. La fábrica eliminó alrededor de 35 posiciones por la baja en las ventas y el encarecimiento de costos. La medida profundiza el ajuste que atraviesa la industria metalúrgica. De la misma forma, Georgalos anunció 600 suspensiones masivas en su planta de Victoria, bajo el argumento de una combinación de caída del consumo y complicaciones financieras. En Corrientes, TN Platex redujo operaciones y desvinculó a 20 trabajadores en Monte Caseros.
El cierre de un sector afectó a unos 20 operarios y encendió alarmas en la cadena textil. La firma atribuyó la decisión a la contracción del mercado y a dificultades de competitividad. En tanto, Dana cerró su planta en San Luis y despidió a 50 trabajadores. La autopartista finalizó sus actividades en Naschel y notificó la medida al gremio. La empresa aseguró que la situación del rubro y la baja de la demanda hicieron insostenible la continuidad.
Importaciones
A Whirlpool se suman otros retrocesos. La estadounidense Magnera abandonó su planta y despidió a 60 personas. Kimberly-Clark avanzó con 80 cesantías. Kenvue, ex Johnson & Johnson, recortó 130 puestos y anunció que reemplazará parte de su producción local con importaciones desde Brasil. Griferías FV, Akapol, FARA y Sidus también ajustaron personal.
En la mayoría de los casos, la apertura de las importaciones juega un rol fundamental. En octubre, el ingreso de mercadería extranjera alcanzó niveles récord. Más de 4 mil productos —en su mayoría de plataformas como Shein, Temu, Aliexpress y Amazon— entraron al país en un solo mes. El sistema creció 237 por ciento interanual. Los ítems más comprados: alimentos, higiene, indumentaria, electrodomésticos, calzado, bazar e instrumentos musicales. La combinación es explosiva: importaciones aceleradas, consumo local desplomado y paritarias estancadas.
Lo que sucede en Pilar, el conurbano y el sur santafesino refleja una misma matriz económica: apertura total de importaciones, reprimarización productiva, salarios deprimidos, ventajas para el sector financiero y una caída del consumo interno que derrama sobre toda la cadena industrial. Para los gremios y trabajadores, el diagnóstico es claro: las empresas no esperan una recuperación y optan por achicarse o directamente cerrar. Para el Gobierno, la baja de costos vía importaciones forma parte del plan para “ordenar la macroeconomía”.