Trabajadores y mundial: el mozo que arrodilló al imperio, un dentista héroe nacional y changarines campeones

En medio del clima mundialista, Data Gremial trae tres historias vinculadas al mundo del trabajo y los Mundiales de Fútbol. Un repaso sobre las ocupaciones de los uruguayos campeones en el 30, el haitiano que eliminó a Inglaterra y murió en un campo de concentración y un surcoreano que pasó del consultorio a ser figura del régimen.

Por Diego Lanese

Redactor de Data Gremial

Domingo, 05 de julio de 2026 10:00

Con el cierre de los dieciseisavos de final, una de las conclusiones de este Mundial de Fútbol es que es una competencia “de estrellas”. Con Lionel Messi a la cabeza, las grandes figuras no decepcionaron y son protagonistas de una competencia que a esta altura podemos decir que tiene un gran nivel. Figuras planetarias,  estos futbolistas habitan un planeta de estrellas, y son idolatrados por las multuitudes, no importa la bandera que defiendan. Incluso están entre las personas más queridas y confiables para la gente. Una reciente encuesta realizada 2.500 casos a través de dispositivos móviles, midió la imagen de jugadores y personajes vinculados a la Selección Argentina. Dentro del universo de nombres evaluados, Julián Álvarez aparece como el futbolista con mejor imagen positiva: 93,2 por ciento. La envidia de cualquier político. Este estatus tal vez comenzó con el rey Pelé, primer jugador emblema en el mundo, y se consolidó con Diego Armando Maradona, el primer humano global. Esta realidad parece muy lejana de quienes comenzaron las aventuras mundialistas, hace casi 100 años. En esas primeras competencias, muchos de los jugadores eran perfectos desconocido, muchos amateurs, que abrazaron la gloria y luego volvieron al anonimato. Incluso muchos eran trabajadores. Como se hizo con la Copa del Mundo Obrera de 1943, Data Gremial recupera historias perdidas de aquellos días. En este caso, trabajadores que fueron futbolistas, y quedaron en la historia, por lo menos por un rato.

Un mozo contra el imperio

El Mundial de 1950 fue el primero en jugar Inglaterra. Los inventores del deporte no tenían en cuenta la competencia, una actitud que mantuvieron hasta la competencia de Brasil, luego de la Segunda Guerra Mundial. Hasta ese momento sostenían que ellos no debían competir o mostrar su actitud ante un juego que habían creado. Pero el prestigio que fue ganado la copa, y la participación cada vez más importante de los países, los hizo cambiar de opinión. Por eso, su primera participación tenía la expectativa de ver de cerca a quienes comenzaron con la práctica futbolística.

En la fase inicial del torneo, se enfrentaron a  Estados Unidos, un equipo de los más débiles del torneo, que había llegado con varios jugadores aficionados. Además, algunos de los jugadores del equipo no eran oficialmente ciudadanos estadounidenses, por lo que, según los estándares actuales de la FIFA, no podrían haber sido convocados. Unió de ellos era Joe Gaetjens, un futbolista relativamente desconocido, que había nacido en Haití y se le permitió jugar porque había firmado una declaración de intenciones para ser ciudadano estadounidense, una opción que finalmente prefirió no materializar tras el Mundial. ingleses y norteamericanos se enfrentaron en Belo Horizonte, un 29 de junio de 1950. Gaetjens  había llegado a Brasil pidiendo permiso en su trabajo, un restaurante de Brooklyn, donde era lavaplatos y mozo, según lo que se necesitaba en la jornada.

Jugaba para el Brookhattan de Nueva York, y anotó el único tanto del partido con un remate de cabeza al minuto 38. Con ese gol, Inglaterra quedó eliminada, y el haitiano que defendía los colores de Estados Unidos ganó cierta notoriedad, en especial porque la prensa bautizó ese partido “el milagro de Belo Horizonte”.  

Aquel mozo que eliminó a los creadores del fútbol volvió a sus tareas habituales, y gracias a cierta fama ganada por su gol y su actuación en Brasil, le dieron la posibilidad de hacerse dueño de un taxi, y comenzar un próspero negocio. Pero ese gol histórico para Estados Unidos no le permitió conseguir su nacionalización y regresó a su país natal. En 1964, debido a la oposición política de su familia, fue arrestado por los Tonton Macoute, la temida milicia del dictador haitiano François “Papa Doc” Duvalier.

Por el matrimonio del primer Gaetjens, la familia quedó conectada con los Déjoie, principales enemigos de Duvalier y creadores de un plan, en conjunto con una milicia paramilitar de República Dominicana, para derrocarlo. Joe, distante de la política y ya alejado de la fama, recibió la alerta por parte de sus hermanos, altamente entrometidos en los asuntos de Estado y francos opositores del nuevo líder nacional, de que lo mejor sería abandonar Puerto Príncipe.

Luego de ignorar el aviso, pasaron solo horas para que el agraciado delantero, 14 años después de su proeza deportiva, fuera desaparecido sin que quedara rastro alguno. Un mito por años recorrió Haití. Que un carcelero lo reconoció como ex jugador, y lo dejó escapar. Pero los testimonios posteriores confirmaron que fue ejecutado en uno de los temibles campos de detención de la dictadura, y enterrado en una fosa común.

Los campeones trabajadores

En 1930, el fútbol inició su historia de competencias mundiales, pero el deporte no era ni por asomo lo que es en la actualidad. En la mayoría de los países los jugadores eran aficionados, y no cobraban en sus equipos. Por eso ese Uruguay campeón estaba compuesto por trabajadores de distintos rubros, incluyendo un grupo de changarines y trabajadores informales. El más destacados de ellos era José Leandro Andrade, apodado “la maravilla negra”, que además de ser una de las grandes figuras técnicas tuvo varios oficios humildes en su juventud y fue músico, destacándose por su habilidad para tocar el tamboril y bailar en la noche montevideana.

De niño se mudó al barrio de Palermo, en Montevideo, para vivir con su tía. Él tenía una gran pasión por el carnaval que ofrece la capital, al punto que aprendió a tocar el tamboril. De joven alternaba trabajos como limpiador de zapatos o vendedor de periódicos. Comenzó su trayectoria futbolística en un club local llamado Misiones. Andrade fue convocado por el combinado charrúa para disputar las Olimpiadas de París en 1924.

Allí fue donde comenzó  la leyenda, fue la sensación en la capital francesa, cuando ganó s apodo. Desde los Juegos Olímpicos arrastraba una lesión que en el ocaso de su carrera fue finalmente la que lo retiró. En un partido altamente disputado en Ámsterdam 1928, chocó contra un poste provocando un problema de degeneración en la vista. Fue convocado para disputar la primera Copa del Mundo, Uruguay 1930. A pesar de que su carrera estaba en declive, fue un jugador clave para la conquista del título mundial.

Lamentablemente al terminar su carrera como futbolista a sus 36 años, su vida fue en un declive permanente. Se fue arruinando poco a poco, sus amigos fueron desapareciendo y él regresó al barrio de Palermo donde creció. Su lesión en los ojos lo dejó prácticamente ciego de un lado. De igual manera cayó en un alcoholismo descontrolado. Algunos piensan que hubo influencias racistas dentro del declive de José Leandro Andrade, puesto que sus compañeros campeones del mundo tuvieron un desenlace completamente distinto.

Por ejemplo, José Nasazzi, fue ascendido a director general del Casino de Montevideo, por el otro lado, Pedro Cea pasó de vender helados a periodista en la radio y Héctor Scarone se convirtió en entrenador. Además, Héctor Castro, conocido como “el manco”, antes de convertirse en el héroe que marcó el último gol en la final, sufrió un accidente doméstico de joven trabajando con una sierra eléctrica, lo que lo obligó a salir adelante en la vida y en el deporte con un solo brazo.

El resto del plantel estaba conformado en su mayoría por hombres de clase trabajadora, empleados municipales, obreros y artesanos que se volvieron leyendas mientras mantenían sus trabajos cotidianos.

Dentista y héroe nacional

El mundial de Inglaterra 1966 pasó a la fama por su bochornosa final en la cual los locales derrotaban a Alemania y obtenían su primer, y único, título de la historia grande del fútbol. Pero también ocurrió uno de los "batacazos" más recordados de los campeonatos organizados por FIFA debido a la disparidad deportiva de los protagonistas de la anécdota. Italia, candidata innata al título, compartía el grupo D con su par soviético y las humildes selecciones de Chile, Corea del Norte.

Tras derrotar a los sudamericanos y perder por la mínima ante los europeos, la Azzurra llegaba a la jornada final de su zona con la clasificación casi asegurada y el empate ante los debutantes asiáticos sería suficiente para otorgarle el boleto para los cuartos de final. Su rival estaba integrado en su totalidad por comandantes solteros del ejército del ignoto país comunista, entre quienes se encontraba Pak Doo Ik, un joven dentista que practicaba el fútbol en sus escasos ratos libres.

El partido comenzó y le regaló a los espectadores un juego con pocas llegadas hasta que Doo Ik anotó el único tanto a los 42 minutos de la primera etapa, brindándole a su humilde equipo el pase a la siguiente ronda ante el gigante europeo y anotando su nombre en los anales del fútbol mundial.

Al finalizar el partido, algunos futbolistas italianos denunciaron que los deportistas coreanos, aprovechando su similar aspecto, cambiaron varios jugadores en el entretiempo para obtener ventaja física, pero los dichos nunca fueron confirmados.

Tal fue el grado de decepción que sintió el público por la humillante derrota que recibió a su equipo con una lluvia de tomates en el aeropuerto de Génova. Por su parte, el sueño de Doo Ik y sus compañeros continuó unos días más, hasta que Portugal demostró en el césped su potencial y se impuso 5-3 en Liverpool. El resto de la historia es mundialmente conocida: Inglaterra derrotaba a su par alemán en una bochornosa final pero el logro del seleccionado norcoreano por la hazaña conseguida trascendió los años y aún permanece en la memoria de los amantes del fútbol.

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