Un repartidor debe realizar más de 450 entregas mensuales para alcanzar una canasta básica

Son datos de la Fundación Encuentro, que determinó que entre octubre y diciembre de 2025 la cantidad de pedidos mensuales necesarios pasaron de 421 a 454, es decir 33 viajes adicionales en un solo trimestre.

Viernes, 15 de mayo de 2026 17:57

El auge del trabajo de aplicaciones no sólo precariza el trabajo que se genera, como dice un reciente informe, sino que además está bajando el valor de las propias tareas que hacen. Es que a mayor cantidad de repartidores, menor el valor de la entrega. Esto hace que haya que hacer más viajes para lograr el mismo valor. Así lo determina el llamado Índice APP de la Fundación Encuentro, que estableció que entre octubre y diciembre de 2025 la cantidad de pedidos mensuales necesarios para cubrir la Canasta Básica Total de una familia tipo pasó de 421 a 454, 33 viajes adicionales en un solo trimestre.

Según este análisis, a un promedio de 3.033 pesos por pedido, alcanzar ese umbral implica realizar unas 18 entregas diarias durante todos los días del mes, sin descanso, sin obra social, sin aportes jubilatorios y sin cobertura real ante accidentes. El ingreso bruto resultante ronda 1.376.528 pesos mensuales el pago del monotributo y los datos móviles del teléfono (y en el caso de los repartidores en moto o auto, hay que sumar combustible y seguro del vehículo).

El deterioro no es solo consecuencia de la inflación general sino de una inflación sectorial que supera el promedio general de aumento de los precios. Un informe de la consultora Focus Market señala que en abril los precios de las categorías más demandadas en plataformas como PedidosYa y Rappi subieron hasta un 41 por ciento interanual: una hamburguesa pasó de 10.600 a 15 mil pesos, el kilo de helado de 19.800 a 28 mil pesos y una pizza de 17.700 a 25 pesos. El resultado es que el poder adquisitivo medido en pedidos cayó un 12 por ciento en el último año, a pesar de que los salarios nominales registraron aumentos. Con el salario promedio de febrero de 2026, un trabajador puede comprar hoy 116 hamburguesas, cuando hace un año podía comprar 132.

Comisiones

Detrás de esa ecuación están las comisiones que las plataformas les cobran a los comercios, que llega a entre el 25 y el 35 por ciento del valor de cada venta, porcentaje que prácticamente duplica el de otros marketplaces como Mercado Libre, que ronda el 13 por ciento. A eso se suma una tarifa de servicio de entre el 1,5 y el 2 por ciento que pagan los consumidores por cada pedido, ya cuestionada judicialmente por el gobierno bonaerense.

Las empresas trasladan estos costos hacia abajo en la cadena —al comercio, al consumidor y al repartidor— mientras amplían sus propios márgenes y evitan asumir responsabilidades laborales bajo la figura del “colaborador independiente”, legitimada por la reforma laboral del Gobierno de Javier Milei. Esa figura es el núcleo del problema laboral, porque las plataformas se presentan como intermediarias tecnológicas en una maniobra para eludir la relación de dependencia que existe de hecho, porque son las empresas las que fijan tarifas, asignan pedidos mediante algoritmos y determinan las condiciones de trabajo.

Explotación

Todo esto genera un grado de explotación muy grande. En Rosario, por ejemplo, el Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores denuncia jornadas de hasta 15 horas diarias, ausencia de cobertura médica y total desprotección ante accidentes. Su secretario general, Nicolás Martínez, señaló además que el perfil de quienes recurren a las aplicaciones ya no es solo el de jóvenes en busca de un ingreso extra: profesionales, docentes, empleados despedidos y jubilados se sumaron al sector como única salida ante la destrucción de empleo formal.

Esa destrucción es el contexto estructural que explica el crecimiento del sector desde el inicio de la gestión Milei. En sólo dos se perdieron más de 300 mil puestos de trabajo registrados en el sector privado mientras aumentaron los cuentapropistas y monotributistas que deben recurrir a este tipo de empleo precarizado para sobrevivir. El trabajo en plataformas absorbe parte de esa masa expulsada del mercado laboral formal, pero sin convenio colectivo, sin sindicato con personería gremial reconocida —el gremio rosarino y otros llevan años esperando ese reconocimiento— y sin ningún mecanismo de protección ante la enfermedad, el accidente o la vejez.

 

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