Tras una extensa agonía, la Justicia confirmó la quiebra de la compañía Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA), fabricante de los conocidos yogures y postrecitos Yogs y Shimy, lo dejó a alrededor de 400 trabajadores en la calle.
Desde la empresa argumentaron que la crisis obedece a la “situación general de la economía argentina”, aquejada por caída del consumo, inflación elevada, encarecimiento de materia prima -en este caso leche cruda-, incrementos salariales y devaluaciones.
Además, ensayaron otra excusa que puede resultar extraña: las políticas de control de precios, como el programa Precios Justos, que fue implementado en agosto de 2023 por el ex presidente de la Nación, Alberto Fernández. A eso, le agregaron también los cortes de energía debido a la falta de pago y la paralización de plantas en 2024.
Sin embargo, integrantes del sector relacionaron la problemática con la “gestión ineficaz y potencialmente fraudulenta” de la firma. Es más, los expertos de la actividad consideraron que el concurso no se llevó a cabo de manera transparente y que los problemas de ARSA exceden la situación actual.
Un duro de golpe
Igualmente, la sobreoferta de leche, las restricciones a exportaciones y los desequilibrios en la cadena de pagos sirvieron también de empujón.
Al menos 400 trabajadores son los que se quedaron sin su fuente de ingresos, entre ellos algunos con más de 30 años de antigüedad en la ex SanCor.
La empresa contaba con dos plantas esenciales. La primera estaba ubicada en Arenaza, localidad bonaerense de Lincoln y en Monte Cristo, en provincia de Córdoba, con 180 y 200 empleados respectivamente.
Los proveedores y transportistas también se ven perjudicados por la compañía, ya que mantienen una impresionante acumulación de deudas con ellos, lo que podría desencadenar un efecto dominó en la cadena de suministro local.
El camino al precipicio
La debacle de ARSA tuvo un punto quiebre en noviembre del año pasado cuando se constató que el concurso preventivo, que se había iniciado en abril de 2024, resultó infructuoso.
ARSA empezó a operar en 2016 como un mecanismo para la adquisición de la división de productos refrigerados de SanCor Cooperativas Unidas Ltda., que fue comprada por el Vicentin Family Group (VFG), un consorcio asociado al grupo Vicentin, por aproximadamente 100 millones de dólares estadounidenses.
Tres años después, inversores vinculados a Vicentin junto con el fondo BAF Capital asumieron el control, con el objetivo de mantener la línea de postres y yogures de SanCor bajo licencia.
En ese instante, la compañía fue considerada “la última joya” del imperio Vicentin, dado que prometía modernización e inversión. Pero nada se dió como se esperaba, debido a que la administración fue transferida hace dos años y medio a la firma venezolana Maralac S.A., dirigida por los hermanos Manuel y Alfredo Fernández, quienes también están al mando de La Suipachense.
Posteriormente, en abril de 2024, ARSA presentó una solicitud de concurso preventivo para evitar la quiebra; sin embargo, ningún inversor, incluidos rumores sobre Inverlat (propietarios de Havanna) o Werthein y CarVal, se ofreció para proporcionar asistencia.
Finalmente, el juez Federico Güerri, del Juzgado Comercial N.º 29, Secretaría 58, emitió la orden de liquidación total, inhibiendo bienes y embargando fondos.
ARSA producía marcas como Yogs, Primeros Sabores, SanCor, Shimy, Sancorito, Sublime y Vida, los cuales. Fueron alimentos que formaron parte de la vida de varias generaciones, pero que ahora tienen un sabor amargo.