La empresa Alfajores Baltazar S.A, que produce y comercializa la marca Alfa Pampa, pasó de elaborar 1.200.000 unidades por mes a estar en concurso preventivo.
Fue el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial 27, a cargo de la magistrada María Virginia Villarroel, quien declaró abierto el proceso, lo que muestra el importe declive que tuvo en los últimos años, a partir de una caída de la producción efectiva y la aparición dificultades para sostener una estructura industrial preparada para trabajar a una escala más elevada.
Muy lejos de su mejor marca, produce un promedio cercano a las 750.000 unidades, al mismo tiempo que la compañía avanzó con un ajuste de su estructura de personal.
El concurso preventivo, donde tiene que negociar con sus acreedores, abre una nueva etapa donde éstos tendrán plazo hasta el próximo 9 de octubre para presentar sus pedidos de verificación de créditos ante la sindicatura designada, que, en este caso es Claudia Raquel Bareiro.
¿Cómo sigue el proceso?
Según especialistas en el tema, se continuará con el informe individual sobre los créditos reclamados, que deberá presentarse el 25 de noviembre, mientras que el informe general de la sindicatura quedó fijado para el 15 de febrero de 2027.
El calendario judicial se extenderá durante más de un año si se tiene en cuenta que la audiencia informativa fue programada recién para el 6 de agosto de 2027 y el período de exclusividad (la etapa durante la cual la empresa deberá intentar alcanzar las mayorías necesarias para acordar una propuesta con sus acreedores), vencerá el 13 de agosto de ese mismo año.
El concurso preventivo tiene como objetivo emprolijar el pasivo, determinar la composición de las deudas y posibilitar que la compañía negocie una propuesta con sus acreedores mientras continúa desarrollando su actividad.
Ahora, los propietarios tienen como objetivo mantener el volumen comercial en un negocio en el que la escala de producción y la rotación en los puntos de venta resultan determinantes para sostener la rentabilidad.
Si historia
La empresa fue fundada en 2011 por iniciativa de Mariano Bonaventura y Sebastián Espina, ambos empresarios con experiencia en el negocio de distribución de productos de consumo masivo.
Empezaron con una máquina usada y una producción de 80.000 unidades. Luego, incorporó nuevo equipamiento, amplió de capacidad y buscó nuevos canales comerciales.
Uno de sus primeros avances importantes fue el ingreso a cadenas de kioscos, un canal estratégico para cualquier fabricante de golosinas por su nivel de rotación y capilaridad.
De hecho, durante la pandemia concretó el anhelo de estar en los supermercados, en un contexto en el que los cambios en la producción y en la logística de los grandes fabricantes generaron espacios para proveedores de menor tamaño. También, pasó a exportar.
Sin embargo, aparecieron los obstáculos: disminución del consumo, reducción de pedidos y una estructura industrial con capacidad para producir muy por encima del volumen efectivamente vendido.
La caída desde alrededor de 1,2 millones de unidades mensuales hasta niveles cercanos a las 750.000 expuso una brecha importante entre la capacidad de la fábrica y el nivel de actividad efectivo.
En paralelo, la empresa había avanzado con una reducción de su estructura de personal y con una reorganización de su propuesta comercial.
No obstante, la apertura del concurso preventivo expone uno de los principales riesgos que enfrentan las pequeñas y medianas industrias de consumo masivo: aumentar la capacidad productiva no garantiza estabilidad cuando las ventas se contraen y la estructura de costos queda sobredimensionada.