Con un mercado laboral debilitado, casi la mitad de los hogares argentinos no llega a fin de mes

Debido al bajo poder adquisitivo, los empleados se ven obligados a conseguir un trabajo más con el objetivo de conseguir una nueva fuente de ingresos. La influencia de la morosidad y la imposibilidad de acceder a un nuevo sistema de créditos.

Lunes, 24 de agosto de 2026 14:51

Con gran parte de las paritarias planchadas y, por consecuencia, con los ingresos por el piso, casi la mitad de las familias trabajadoras no llega a fin de mes y sus integrantes deben conseguir una segunda ocupación que les sirva como estrategia para enfrentar la crisis.

El crédito bancario y de las fintech ya no tienen los mismos efectos que antes, debido a la alta tasa de morosidad y el incremento de las tasas de interés.

A propósito, un informe realizado por el Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) alertó que “el mercado laboral argentino está saturado”.

El factor que determina esta grave problemática es que el salario promedio de un trabajador del sector privado resulta 14% inferior al de hace 10 años, y si se considera el ingreso disponible luego del pago de los gastos fijos, la pérdida asciende al 24%. Entre los empleados, el panorama es mucho peor, ya que desde 2017 perdieron un tercio de su poder adquisitivo

Con el objetivo de evitar una profundización de la problemática, muchos trabajadores agregan una segunda ocupación, lo que impulsa el pluriempleo, y se incrementa la cantidad de personas que salen a buscar ingresos porque los recursos del hogar ya no alcanzan, por lo que esa evolución se expresa en la tasa de actividad, que tocó niveles récord en el primer trimestre, al ubicarse en 48,6 por ciento.

No obstante, el estudio subrayó que la mayor oferta de trabajo formal no encuentra su correlato en la demanda, es decir, las necesidades de producción.

En ese contexto, en los últimos 10 años, la economía tuvo un bajo dinamismo y, en la actualidad, va en dos direcciones distintas: crecen unos pocos sectores con fuerte componente de capital, como el agro, la minería y el complejo energético, mientras que caen la construcción, la industria y el comercio, caracterizados por ser intensivos en mano de obra. 

A propósito, el Cetyd entiende que es el mercado laboral quien resuelve el desacople entre producción y empleo principalmente a través de las horas trabajadas. Pero, al contraerse, hace que cada persona ocupada reduzca su jornada, ya que el volumen total de tareas que necesita un entramado productivo en crisis termina repartiéndose entre más personas.

Precarización 

Debido a esto, en simultáneo, se evidencia un impresionante incremento en la subocupación, donde los empleados trabajan poco aunque desearían trabajar más, y el valor de su hora de trabajo es bajo porque se insertan en empleos refugio o precarios. Aquí es donde sobresalen la informalidad y el cuentapropismo, lo que se traduce muchas veces en “changas”.

En base a registros de Politikon Chaco, el empleo formal se contrajo en 156.786 puestos durante el primer trimestre de 2026 respecto de igual lapso de 2025, como resultado de la caída tanto entre los asalariados (133.184) como entre los cuentapropistas (58.049 posiciones).

Como contraposición, el sector informal incorporó a 379.708 personas, impulsado por el crecimiento de los asalariados precarizados (168.889) y, especialmente, de los cuentapropistas informales (214.468).

Asimismo, de acuerdo a CP Consultora, la tasa de entrada al empleo registrado privado se encuentra en mínimos históricos, de hecho , los niveles de junio resultan comparables a los de 2002, a los del inicio de la gestión de Javier Milei o a los de 2018-2019, todos ellos momentos de crisis.

En ese contexto, el Cetyd mencionó que “ante la imposibilidad de conseguir ingresos adecuados para el sostenimiento cotidiano por la vía del trabajo, el endeudamiento aparece como la última opción disponible”.

Además, de acuerdo a una nota de Infobae, el saldo de crédito otorgado por el sistema bancario a las familias fue 77% mayor en términos reales que en noviembre de 2023. En el mismo período, el financiamiento que canalizaron los proveedores no financieros a personas se duplicó. Esto, explicó el informe, sugiere una utilización cada vez más extendida de alternativas con condiciones de acceso más flexibles y tasas de interés más elevadas.

Fuerte suba de la morosidad 

Igualmente, el patrón se profundiza al analizar los préstamos personales, más asociados a cubrir gastos mensuales o imprevistos que a la compra de bienes durables (como los prendarios e hipotecarios). De hecho, esta modalidad se extendió por encima del promedio. En el cuarto mes del año, el saldo real otorgado por los bancos se ubicó 176% por encima de noviembre de 2023

Así, el peso de las deudas sobre el bolsillo se acentúa: en abril, los pagos de capital e intereses se llevaron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales.

El empuje de las familias no está exento de consecuencias sobre su capacidad de pago: la cartera irregular se incrementó de manera sostenida desde noviembre de 2023, a un ritmo superior al del propio endeudamiento, hasta situarse en abril 349% por encima del nivel registrado al inicio del período.

La morosidad en las tarjetas se multiplicó por más de siete, y la de los préstamos personales subió un 258%. 

Finalmente, el estudio estableció que “esta disparidad en la tasa de créditos impagos cobra mayor incidencia entre los instrumentos ligados al pago de gastos corrientes, lo cual refuerza la hipótesis de un endeudamiento creciente como estrategia de sostenimiento de los consumos habituales de las familias, que a su vez eleva la irregularidad a medida que los ingresos no logran recuperarse”.