Crisis de la industria alimenticia: alertan que este año ya se produjeron más cierres que en todo 2025

Son datos de una consultora, que analizó el impacto de la crisis de consumo en las empresas industriales y del rubro. Además, denuncian la destrucción de empleo registrado que trae esta realidad. El caso emblemático de Granja Tres Arroyos, en el centro del debate.

Por Diego Lanese

Redactor de Data Gremial

Jueves, 13 de agosto de 2026 10:00

Con el despido de 250 operarios de su planta ubicada en la localidad entrerriana de Concepción del Uruguay, se profundiza el conflicto en Granja Tres Arroyos. La que pupo ser la principal avícola del país atraviesa una larga crisis, y hay cada vez más incertidumbre sobre su futuro. Es que la firma del grupo GTA no logra estabilizar su situación financiera, y tiene problemas en varias de sus terminales en todo el país, donde se multiplican las suspensiones, cesantías y problemas para cumplir con obligaciones, incluyendo el pago de salarios.  La situación no es nueva, y es parte de dificultades estructurales que se vienen arrastrando de años, pero que la baja abrupta del consumo en los últimos meses y el desplome de las exportaciones llevaron a niveles terminales.

Lo duro recién empieza con todo este panorama”, sostuvo un delegado sindical de esta planta respecto al panorama que se abre con esta nueva ola de despidos. La posibilidad del cierre de alguna de las terminales es una posibilidad latente a esta altura, lo que se sumaría a una lista de fábricas del rubro alimenticio que “bajan la palanca” este año, especialmente malo para el sector.

Es que un informe asegura que en lo que va del 2026 se cerraron más empresas productoras de alimentos que en todo el año anterior, marcando la profundidad de la crisis de consumo que se vive en el país, y de toda la industria en general.

Un reciente informe de la consultora Audemus se centró en la situación del empleo privado formal, que acumula 11 meses consecutivos de contracción, empujados por la realidad que vive la industria, que según su análisis concentra “buena parte de ese retroceso”.

En su trabajo, al que tuvo acceso Data Gremial, hay un capítulo especial dedicado  a la industria alimenticia, una actividad considerada “estratégica” porque “representa alrededor del 36 por ciento del PIB industrial y un tercio del empleo manufacturero argentino”. Si bien a diferencia de la mayoría de las ramas fabriles, su nivel agregado de actividad “permanece 1 por ciento por encima del promedio de 2023”, la cifra general “esconde diferencias importantes: solo cinco de trece subsectores superan actualmente sus niveles de aquel año y los segmentos más dependientes del mercado interno continúan afectados por la crisis de ingresos y consumo”.

El sector mantiene alrededor de 384.000 empleos registrados y, en el acumulado desde noviembre de 2023, “sumó 10.632 puestos”. Sin embargo, durante el último año y medio la mitad de sus sub-ramas comenzó a perder trabajadores.

El dato más alarmante está vinculado al cierre de empresas. “Aunque existen 528 empresas alimenticias más que al comienzo del período analizado, en los registros correspondientes a 2026 ya aparecen 43 firmas menos respecto del cierre de 2025”, recalcó la consultora, marcando que este año es especialmente malo para el sector. Lácteos, carnes, molinería, bebidas, aceites y productos pesqueros aparecen entre los sectores con destrucción neta reciente de establecimientos.

Los datos pueden complementarse con otros estudios, que ponen el foco en la pérdida de empleo formal en un rubro clave para la economía, vinculada nada menos que a la mesa de los argentinos. Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) determinó  que la industria manufacturera figura entre los cinco sectores más afectados por la crisis que genera el modelo libertario: perdió 2.436 empleadores, equivalentes a casi 30 empresas menos por día a lo largo de todo el período, considerando el total de sectores. La producción de alimentos es parte de esa dinámica.

Consecuencias

Las causas de esta situación pueden verse claramente en la caída del consumo interno. En todos los casos emblemáticos de cierres desde el inicio del gobierno de Javier Milei, los argumentos son parecidos.

A esto se le suman cambios en la matriz de exportaciones, lo que termina de componer el panorama complejo actual. Cierres como el de  Frigorífico San Roque –con 140 despidos en la localidad de Morón Frigorífico General Pico, la planta de Lamb Weston de Munro o Alimentos Refrigerados (ARSA), con plantas en Buenos Aires y Córdoba que dejó cerca de 400 empleados en la calle, son algunos de la larga lista de este y el año anterior. Incluso gigantes del rubro como Georgalos y Cervecería Quilmes tuvieron despidos y problemas en sus líneas productivas, para no profundizar en la crisis del sector lechero, con la quiebra de SanCor a la cabeza.

Pero el caso de Granja Tres Arroyos aparece como emblemático. La mayor avícola de la Argentina atraviesa una crisis que ya se tradujo en despidos, plantas paralizadas y una deuda de 350 millones de dólares. El último capítulo de esta realidad se escribió con el despido en la planta La China de Concepción del Uruguay. Además, GTA –la firma que controla todo el entramado empresarial –suspendió durante todo agosto la producción en sus plantas del barrio Pinazo, en Pilar, y de Río Cuarto, Córdoba.

Los trabajadores aceptaron cobrar el 65 por ciento de sus salarios durante el período de inactividad. En tanto, los frigoríficos bonaerenses que la empresa tiene en Ezeiza y Esteban Echeverría funcionan al mínimo de su capacidad. En este caso, GTA opera las dos plantas de Cresta Roja, están bajo sospecha por denuncias de contaminación. Esto, confirmaron fuentes cercana al conflicto a Data Gremial, hizo que “varias veces se paralice la actividad”.

El tema es la quema de plumas y tripas que generan olores nauseabundos y que fueron denunciados por organizaciones ambientalistas. Además de eso, agregaron las fuentes, la crisis hizo que “en estos días se paren las actividades y se suspenda a todo el personal”. Además, se activó un ambicioso plan de retiros voluntario.

El sector alimentario genera más de 416mil puestos de trabajo formales y explica el 39 por ciento de las exportaciones nacionales. Según el informe de Ceta Capital Humano sobre el mercado laboral del segundo semestre de 2025, la producción alimenticia fue el tercer sector en demanda de empleo, con el 13 por ciento de las búsquedas laborales. Ese peso productivo convierte cada cierre de planta en algo más que un número, es un impacto sobre economías regionales concretas, cadenas de valor que se interrumpen y trabajadores que pierden el acceso al empleo registrado.

Industricidio

En términos generales, la crisis de las empresas alimenticias es parte del “industricidio” que el modelo de La Libertad Avanza genera en el rubro productivo. Según el propio informe de Audemus, más de 83 mil puestos industriales desaparecieron desde diciembre de 2023. Comercio, transporte, comunicaciones y el sistema bancario también registraron reducciones durante los primeros meses del año. “La situación industrial es todavía más prolongada”, dijo el reporte.

La actividad manufacturera registra destrucción de empleo “en 30 de los últimos 32 meses, uno de los períodos de contracción laboral más intensos de las últimas décadas”, según el informe. Los problemas laborales se encuentran acompañados por un nivel de actividad manufacturera que todavía permanece lejos de los registros previos al cambio de Gobierno.

La industria se ubica 8,8 por ciento por debajo del promedio de 2023 y acumuló una contracción interanual del 3,1 por ciento durante los primeros cinco registros del año. Catorce de las 16 ramas  manufactureras exhibieron caídas en la última comparación interanual disponible. Los sectores más afectados incluyen textiles, prendas de vestir, cuero y calzado, maquinaria y equipos y el complejo automotriz-autopartista, todos con retrocesos de dos dígitos en el promedio correspondiente a la primera parte de 2026.

Los indicadores productivos más recientes tampoco permiten hablar de una recuperación sostenida: retrocedieron la producción automotriz, el acero crudo, los despachos de cemento, la actividad metalúrgica y las importaciones de bienes de capital. Audemus atribuye las dificultades para recomponer el entramado fabril “a la competencia importadora, el bajo consumo interno y el encarecimiento de los costos medidos en dólares”.