El Papa Francisco aprovechó la invitación para hacer uso de la palabra en la apertura de la centésimo novena Conferencia Internacional del Trabajo para reiterar las principales cuestiones de su enseñanza social, demandar cambios en el mundo del trabajo, advertir sobre el desempleo y la pobreza, reivindicar el papel del sindicalismo y de los movimientos populares, afirmar que es necesaria “una reforma a fondo de la economía”.

En ese marco, el sumo Pontífice agregó que la propiedad privada es “un derecho secundario” que depende de un derecho primario, que es “el destino universal de los bienes”.

En otro pasaje instó a los dirigentes a evitar la corrupción que convierte a los sindicatos en “seudopatrones” y los aleja del pueblo.

“Cuando un sindicato se corrompe, ya esto no lo puede hacer, y se transforma en un estatus de seudopatrones, también distanciados del pueblo”, explicó el Papa.

Por ello, insistió en que la labor de estas organizaciones es “desnudar a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables”, aunque los invitó “a no dejarse encerrar en una ‘camisa de fuerza’ y enfocarse en situaciones concretas”.

El Santo Padre se dirigió a los participantes de la conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a través de un video y hablando en español  para pedir que “busquemos soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva, y que promueva el bien común”.

Por otra parte, retomó con mucho énfasis la importancia de la dignidad en el trabajo, especialmente en el contexto generado por la pandemia de la Covid-19. Denunció la situación de los trabajadores que se encuentran “en los márgenes del mundo del trabajo (…) los trabajadores poco cualificados, los jornaleros, los del sector informal, los migrantes y refugiados, los que realizan lo que suele denominarse el ‘trabajo de las tres dimensiones’: peligroso, sucio y degradante”.

Señaló también que la falta de medidas de protección social frente al impacto de la pandemia “ha provocado un aumento de la pobreza, el desempleo, el subempleo, el incremento de la informalidad del trabajo, el retraso en la incorporación de los jóvenes al mercado laboral” y, por otra parte, “el aumento del trabajo infantil (…), la vulnerabilidad al tráfico de personas, la inseguridad alimentaria y una mayor exposición a la infección entre poblaciones como los enfermos y los ancianos”.

Frente a esto el Papa hizo un nuevo llamado al diálogo entre todos los actores sociales, garantizando la participación plural y diversa y ofreció a la Iglesia Católica como facilitadora de esos encuentros. Pero al mismo tiempo reclamó que se respete el derecho de los trabajadores a sindicalizarse. Retomando palabras del papa Pío XI en 1931 denunció “la asimetría entre trabajadores y empresarios” como una “flagrante injusticia” y destacó que “los sindicatos son una expresión del perfil profético de la sociedad”.

Papa al mundo del trabajo: "Salir de la crisis buscando el bien común"