La historia de Gremios Indumentaria comenzó hace unos 20 años, cuando Juan Manuel Añasco decidió poner en práctica los conocimientos que había adquirido trabajando desde muy joven en una empresa textil de origen armenio con décadas de trayectoria.
“Yo era un pichoncito de 18 años. Aprendí ahí todo el oficio con gente muy grande, gente mayor, de la vieja escuela”, recuerda Añasco, quien reconoce que aquella experiencia fue fundamental para conocer cada una de las etapas que intervienen en la producción de indumentaria.
De una pregunta a una empresa familiar
Aunque nunca aprendió específicamente el oficio de la confección, incorporó conocimientos sobre la selección de telas, la planificación del corte, las molderías, las tizadas y todo el proceso productivo que comienza con la llegada de los materiales.
Esa experiencia sería determinante años después, cuando recibió una propuesta que cambiaría el rumbo de su emprendimiento.
Fue un dirigente del Sindicato de Guincheros, Daniel Amarante, a quien Añasco recuerda “con cariño y gratitud” y que le hizo una pregunta que todavía conserva en la memoria: si se animaba a desarrollar indumentaria para un sindicato.
“Fue él puntualmente el que nos hizo esa pregunta y nos insertó en el mundo del sindicalismo”, le cuenta con emoción a Data Gremial.
El primer pedido fue para una movilización por el Día del Trabajador, alrededor de 2007. La empresa todavía no tenía experiencia en ese mercado, pero contaba con los conocimientos necesarios para afrontar el desafío.
“Cero experiencia, pero tenía conocimientos básicos, así que nada, con compañía, dale, vamos y nos metimos. La verdad que salió bastante bien”, relata el empresario pyme.
La experiencia fue el comienzo de un camino que terminaría transformando un pequeño emprendimiento familiar en una empresa especializada en indumentaria gremial.
El nacimiento de Gremios Indumentaria
La repercusión de aquella primera experiencia fue inmediata. Una movilización posterior, realizada en la avenida 9 de Julio, reunió a sindicatos de distintos puntos del país y permitió que la ropa confeccionada por la empresa tuviera una exposición inesperada.
Añasco recuerda especialmente los chalecos verdes que habían producido para la organización sindical.
“Estaban todos los sindicatos, vinieron de todas partes del país. Tuvo mucha repercusión”, rememora.
A partir de entonces comenzaron a llegar nuevos contactos. Amarante le acercó referencias de otros sindicatos vinculados a la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina (FEMPINRA), y la empresa comenzó a trabajar con organizaciones de distintos sectores.
“Creo que ahí empezamos con cuatro o cinco sindicatos más. Capataces, SEAMARA, Marina Mercante, todos sindicatos portuarios. Y bueno, ahí empezó”, cuenta.
Los pedidos se multiplicaron y el emprendimiento comenzó a tomar forma. Lo que había comenzado como una experiencia puntual se convirtió, casi sin que sus protagonistas lo planificaran, en una empresa familiar.
“Es como que de un día para el otro nos encontramos con que teníamos un emprendimiento, una empresa familiar”, resume Añasco.
Los primeros pasos se dieron en el comedor de su propia casa. Junto a su esposa, que se ocupaba principalmente del área administrativa, comenzó a construir el proyecto que con el tiempo se convertiría en Gremios Indumentaria.
“Formamos un buen equipo con mi familia. Yo con el conocimiento de desarrollar y fabricar, nos complementamos y bueno, y ahí nació todo”, explica.
De los sindicatos portuarios a todo el país
Con el paso del tiempo, la empresa fue ampliando su cartera de clientes y comenzó a trabajar con sindicatos de distintas ramas de actividad.
Uno de los vínculos más importantes se generó con la Federación Gremial del Personal de la Industria de la Carne y sus Derivados, que conduce Alberto Fantini. A través de esa relación, Gremios Indumentaria también comenzó a trabajar con importantes sindicatos de base del sector, entre ellos el Sindicato de la Carne de la Ciudad de Buenos Aires (CABA), liderado por Fabián Ochoa.
La expansión alcanzó a sindicatos de Córdoba, Santiago del Estero, La Pampa y distintas seccionales del conurbano bonaerense, además de organizaciones gráficas, portuarias, petroleras, metalúrgicas y de Luz y Fuerza.
También comenzó a trabajar con organizaciones vinculadas a la actividad petrolera en Campana, Zárate, Capital Federal y distintos puntos del sur bonaerense, además de avanzar hacia Neuquén y la zona de Vaca Muerta.
En el caso de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Añasco destaca especialmente su relación con Emiliano Gallo, secretario General de la seccional Vicente López, a quien define como “un amigo de la casa”.
La empresa también terminó vinculada a la CGT Zona Norte, para la que comenzó a producir indumentaria, además de mantener relaciones con sindicatos de panaderos y otras organizaciones de la región.
Actualmente, según explicó Añasco, la empresa trabaja habitualmente con unos 40 sindicatos que realizan compras de manera sostenida, aunque la cantidad de organizaciones con las que mantiene algún tipo de vínculo comercial es mayor.
“Hoy activos debemos tener 40 sindicatos que todos los años, a rajatabla, compran. Pero la realidad es que hay más, algunos son otros pedidos puntuales”, detalla.
En total, la empresa ya vistió a más de 70 sindicatos de distintos puntos del país.
Una pyme que creció desde La Matanza
Durante sus primeros años, la actividad funcionó en el comedor de la casa familiar. Después llegó un pequeño galpón y, durante aproximadamente seis años, Añasco se encargó prácticamente de todo el proceso: compraba las telas, vendía, cortaba junto a su esposa y distribuía el trabajo entre talleres de confección, bordadores y estampadores.
El crecimiento comenzó a acelerarse entre 2016 y 2018, cuando la empresa incorporó nuevos clientes y empezó a participar en licitaciones.
Los mayores volúmenes de producción obligaron a dar nuevos pasos. Primero llegó el alquiler de un galpón y, poco después, otro espacio más grande, hasta que la empresa tuvo la posibilidad de comprar una fábrica ubicada en Donovan al 1600, en Tapiales, partido de La Matanza, desde donde Data Gremial realizó esta entrevista.
La adquisición se concretó alrededor de 2020. El inmueble estaba prácticamente abandonado y requirió una fuerte inversión para ser recuperado y adaptado a las necesidades de la empresa.
Hoy, el establecimiento cuenta con unos 750 a 800 metros cuadrados y distintos sectores de producción, con mesas de corte y empaque, un área de bordado y oficinas donde funcionan los sectores de moldería y diseño.
“Estamos cerca de los talleristas, estamos cerca de los sindicatos, cerca de las empresas. La verdad es como estratégico el lugar”, destaca Añasco.
Sin embargo, el crecimiento vuelve a plantear nuevos desafíos. La empresa ya evalúa la posibilidad de trasladarse en el futuro a un parque industrial debido a que el espacio actual comienza a quedar chico.
La crisis que casi los deja afuera
El crecimiento de Gremios Indumentaria tuvo un fuerte freno durante los últimos dos años. La crisis económica afectó especialmente a los sindicatos, que constituyen históricamente su principal cartera de clientes, pero también a las empresas privadas que compran uniformes y ropa de trabajo.
Añasco asegura que el año pasado fue particularmente duro para la firma.
“Prácticamente quebramos. Fue un año horrible, fue un año para el olvido”, afirma.
La caída de la actividad y la reducción de los ingresos de las organizaciones sindicales impactaron directamente sobre los pedidos.
A esto se sumó la crisis de las empresas privadas, que continuaron necesitando vestir a sus trabajadores pero debieron reducir costos.
“Estábamos trabajando casi un 20% de lo que normalmente trabajamos y eso no ha alcanzado para mantener la estructura de la empresa”, relata.
Durante cuatro meses, la firma realizó un esfuerzo para sostener parte de su personal, hasta que la situación se volvió insostenible.
El escenario también estuvo atravesado, según su mirada, por la baja de empleo, cierre de fábricas e intervenciones en dichas organizaciones gremiales.
Para Añasco, esa situación también impactó en la capacidad de compra de los sindicatos.
“El sindicalismo es una herramienta muy fuerte”
Más allá del vínculo comercial, el dueño de Gremios Indumentaria reivindica su relación con el movimiento sindical y destaca el rol que, según su experiencia, cumplen los gremios en la vida social.
“Yo soy hijo de trabajador y sé cómo se vive de depender del sueldo. Entonces, tener un sindicato, o alguien que te represente y luche por tus beneficios, siempre es muy importante”, sostiene.
Añasco considera que esa mirada está relacionada con su propia historia familiar y con los valores que incorporó desde chico.
Pero también sostiene que el vínculo entre las pymes y los sindicatos puede ser beneficioso para ambas partes.
“El sindicalismo es una herramienta muy fuerte no solo para los trabajadores, a veces para las empresas también”, afirma.
Según explica, en distintas oportunidades los sindicatos ayudaron a la empresa a resolver trámites, generar contactos y acceder a nuevos clientes.
Por eso, asegura que la relación excede ampliamente la lógica comercial.
“No solo es la relación comercial que tenemos, sino que tenemos una amistad o una hermandad. Es decir, estamos como en una comunidad, pertenecemos, nos ayudamos mutuamente”, describe.
El costado social que, según Añasco, no siempre se muestra
Uno de los aspectos que más destaca Añasco de su vínculo con el movimiento sindical es la participación en actividades solidarias.
Cuenta que participó en jornadas organizadas por la CGT Zona Norte, con parrilladas y ollas populares en distintos barrios.
“Esa es otra cosa que no se suele mostrar”, sostiene.
Según su experiencia, el sindicalismo tiene una presencia territorial y social que muchas veces queda fuera de la agenda pública.
“Yo lo he vivido en primera línea y veo como que hay un trabajo de compromiso que ellos desde sus recursos o a veces generando con relaciones con pymes para que todos aporten un poco o tan solo con la presencia”, explica.
Para Añasco, esas experiencias también modificaron su propia mirada.
“A veces esas cosas te hacen poner los pies sobre la realidad, sobre la tierra y estar más en la comunidad”, reflexiona.
De los chalecos a las camperas: una producción a medida
Gremios Indumentaria trabaja con un amplio catálogo de productos y desarrolla prendas de acuerdo con las necesidades de cada organización.
Remeras, chombas, camperas, chalecos y distintos tipos de indumentaria forman parte de una oferta que se adapta a los requerimientos de cada sindicato.
Los diseños suelen incluir múltiples identificaciones: logos de los gremios, referencias a la Argentina y las Islas Malvinas, insignias de la CGT, de organizaciones sindicales y, en algunos casos, frases vinculadas al sindicalismo o al peronismo.
Pero la empresa no se limita a ofrecer un catálogo cerrado.
“Siempre hacemos lo que en realidad el sindicato pide, lo que el cliente quiere, en el color que quiere, con el tono que quiere, los logos”, explica Añasco.
En muchos casos, los propios sindicatos acercan propuestas de nuevos modelos o prendas que buscan mejorar. La empresa cuenta con un departamento de desarrollo de producto donde se confeccionan muestras y se realizan ajustes antes de avanzar con la producción.
“Nos gustaría este modelo y nosotros lo desarrollamos y hasta lo mejoramos”, cuenta.
La búsqueda apunta a combinar diseño, comodidad y durabilidad. Según Añasco, en algunas organizaciones todavía se encuentran prendas fabricadas por la empresa hace más de una década.
“Nos encontramos con productos que tienen hasta 15 años, camperas que tienen 15 años”, relata, y atribuye esa permanencia a la calidad de las terminaciones.
Una entrega de 2.000 chalecos y el desafío de responder a tiempo
Entre los trabajos recientes, la empresa realizó una entrega de unos 2.000 chalecos para un sindicato importante de la industria de la alimentación en el interior.
El pedido, realizado con poco tiempo de anticipación, implicaba una producción compleja y con varias etapas.
“Tomamos el compromiso. Aparte es un gremio que siempre nos compra, tal vez con poquito tiempo, pero no podíamos decir que no”, recuerda.
El pedido fue completado en su totalidad y, según explicó Añasco, la organización quedó conforme con el resultado.
La capacidad para responder a pedidos de gran volumen y con plazos ajustados se convirtió en uno de los atributos que la empresa busca sostener en el tiempo.
El salto hacia la minería y el petróleo
Después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su historia, Gremios Indumentaria busca recuperar el crecimiento. Por otra parte, a través de la marca de la empresa que se dedica a confeccionar ropa de trabajo, Añasco Indumentaria, el empresario pyme busca ampliar sus mercados.
La estrategia apunta hacia sectores que actualmente muestran una mayor expansión y capacidad de inversión, como la minería y el petróleo.
La empresa ya comenzó a trabajar en los requisitos necesarios para convertirse en proveedora de esas industrias y avanza con trámites de habilitación y certificaciones específicas.
Añasco explica que la firma ya desarrolló muestras de indumentaria para una de las empresas más fuerte de la industria del petróleo y energía y que algunos productos fueron aprobados.
En Vaca Muerta, además, la empresa ya tiene presencia a través de pedidos realizados por organizaciones sindicales y seccionales de la región.
“Ya nuestra ropa está en los yacimientos, y hay muchas empresas grandes internacionales que están ahí, que ya están preguntando con nosotros”, asegura.
El objetivo ahora es completar las habilitaciones y certificaciones necesarias para poder avanzar de lleno en ese mercado.
La apuesta no es casual. Después de dos décadas de trabajo en el ámbito sindical, Añasco considera que la empresa cuenta con una trayectoria y presencia muy fuerte en el mercado y eso puede facilitar el desembarco en nuevos proyectos.
“Después de tantos años tenemos las conexiones, tenemos puertas abiertas, hay muchas recomendaciones que nos hicieron”, explica.
Una empresa que genera empleo directo e indirecto
Actualmente, Gremios Indumentaria cuenta con alrededor de 12 trabajadores directos, mientras que gran parte de la producción se terceriza en talleres de confección.
Según Añasco, entre los distintos talleres vinculados a la empresa se generan entre 80 y 100 puestos de trabajo indirectos.
La firma analiza ahora incorporar progresivamente confección interna, una actividad que hasta el momento no había desarrollado dentro de su propia estructura.
“Estamos queriendo incorporar lo que es la confección interna. Nunca tuvimos, pero estamos en ese proceso”, señala.
Mientras tanto, la empresa trabaja en la preparación de un equipo más capacitado y en nuevos proyectos de cara al próximo año.
Después de la crisis que casi la llevó al cierre, la pyme de Tapiales busca volver a crecer sin abandonar el mercado que le dio origen.
La historia de Gremios Indumentaria comenzó con un pedido para una movilización sindical y con una empresa familiar trabajando desde el comedor de una casa. Dos décadas después, la firma se convirtió en una pyme con presencia en organizaciones sindicales de todo el país, una red de más de 70 gremios vinculados a su actividad y una apuesta renovada por ampliar sus horizontes.
En el camino, Añasco construyó algo más que una relación comercial con sus clientes: una comunidad que, según su propia definición, combina trabajo, vínculos personales y una identidad compartida.
Y ahora, con la mirada puesta en la minería, el petróleo y los nuevos sectores industriales, la empresa busca dar el próximo paso sin perder la impronta con la que comenzó: una pyme familiar nacida en La Matanza que encontró en el movimiento sindical una oportunidad para crecer y construir una historia propia.