La empresa cordobesa Karikal, con más de 60 años de trayectoria en la ciudad de San Francisco en comercialización y exportación de productos e insumos para la industria del mueble, del revestimiento, automotriz, y de la construcción en seco, inició de manera formal un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) y encendió la alarma entre sus trabajadores.
La firma señaló como principal causa la apertura indiscriminada de importaciones impulsada por el Gobierno nacional de Javier Milei, en un contexto de fuerte caída del consumo interno y suba sostenida de costos, que dejó en jaque la continuidad de la actividad y pone en riesgo a más de 90 familias.
De un plan de expansión millonario a la crisis en solo tres meses
Karikal cuenta con dos plantas productivas en la localidad de San Francisco, una en el barrio La Milka y otra en el Parque Industrial del departamento San Justo, al este de la provincia de Córdoba. En octubre de 2025, la empresa había anunciado un ambicioso plan de crecimiento que incluía la apertura de una tercera planta en Brasil, con una inversión estimada en 1.200 millones de pesos.
Sin embargo, el abrupto cambio del escenario económico frustró esos planes en cuestión de meses. La combinación de apertura comercial, retracción de la demanda interna y pérdida de competitividad frente a productos importados llevó a la firma a retroceder en su estrategia de expansión y a activar el PPC como herramienta para afrontar la crisis.
Audiencia en Trabajo y participación del sindicato
Desde la empresa explicaron que el Procedimiento Preventivo de Crisis tiene como objetivo “evitar decisiones más drásticas y procurar, en la medida de lo posible, la preservación de las fuentes de trabajo”. En ese marco, la semana próxima Karikal participará de una audiencia en el Ministerio de Trabajo junto a representantes del Estado y del sindicato Unión Obreros y Empleados Plásticos (UOYEP), donde expondrá su plan para atravesar el complejo escenario.
Pese a ese planteo, la preocupación creció entre los trabajadores de ambas plantas, que pasaron de desempeñarse en una empresa en expansión a enfrentar un escenario de extrema incertidumbre laboral, sin garantías concretas de estabilidad.
“No competimos en iguales condiciones”
Desde la propia patronal reconocieron la gravedad de la situación que atraviesa el sector. “La situación está complicada, porque hacemos las inversiones necesarias para ser sustentables, pero el mercado no reacciona”, señalaron voceros de la empresa. Y añadieron: “Con las importaciones, la torta se comparte entre más jugadores y quienes traen productos de afuera no tienen que afrontar el llamado ‘costo argentino’ que el Gobierno promete solucionar”.
En la misma línea, remarcaron que “los industriales no peleamos en iguales condiciones con los de afuera” y calificaron el escenario actual como “insostenible”, producto de la apertura del mercado, la sostenida caída de la demanda interna, el aumento de costos y la falta de previsibilidad económica.
La industria nacional, en jaque
El caso de Karikal expone con crudeza el impacto de la política de apertura comercial sobre la industria nacional. El contraste entre el anuncio de expansión realizado apenas tres meses atrás y la convocatoria al Procedimiento Preventivo de Crisis refleja la velocidad con la que las importaciones golpean a la producción local, poniendo en riesgo empresas históricas y miles de puestos de trabajo.
Para amplios sectores del movimiento obrero y productivo, el escenario actual remite a experiencias del pasado reciente, con políticas de liberalización económica que derivaron en cierres de fábricas, pérdida de empleo y desindustrialización.
Milei y la justificación de la pérdida de empleo
En paralelo a la crisis que atraviesan empresas como Karikal, el propio presidente Javier Milei reconoció públicamente el impacto laboral de su modelo económico. En una entrevista brindada a Bloomberg durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, el mandatario sostuvo que “cuando se abre la economía, hay productos que van a estar más baratos y se van a perder puestos de trabajo acá”.
Lejos de mostrar preocupación por la destrucción de empleo industrial, Milei justificó ese proceso al afirmar que “eso le permite a los individuos gastar menos dinero”, una definición que contrasta de manera directa con la realidad que hoy enfrentan los trabajadores de una empresa con seis décadas de historia que quedó al borde del cierre.