La Comisión de los 25 y el primer paro nacional a la dictadura: la huelga olvidada

Eclipsada por la mítica marcha de Pan, paz y trabajo, la jornada de lucha paralizó un 80 por ciento de la actualidad del país, marcando un importante precedente para futuras luchas, y dándole a la dirigencia combativa consenso entre las bases.

Por Diego Lanese

Redactor de Data Gremial

Domingo, 08 de febrero de 2026 10:00

Bajo la consigna Pan, Paz, Trabajo, el 30 de marzo de 1982 los gremios que formaban la llamada CGT Brasil realizaron el mítico paro y movilización contra la dictadura militar. Pese al enorme daño causado por la represión ilegal contra el movimiento obrero, ese día las columnas de trabajadores, encabezabas por el gran Saúl Ubaldini, se rebeló contra el miedo, y se plantó ante las fuerzas de seguridad, que reprimieron la jornada con enorme violencia. La huelga pasó a la historia como el inicio de un despertar ciudadano, que se interrumpió con la recuperación de las Islas Malvinas, que desactivaron el malestar, pero crearon más tarde, con la negligente guerra y la infame rendición, las condiciones para la recuperación de la democracia., fue tan importante aquella medida, que hasta hoy esos reclamos quedaron como bandera. Pero las raíces de ese paro puede rastrearse años atrás, cuando los primeros dirigentes sindicales decidieron dejar el silencio y de apoco se animaron a recuperar la acción. En 1979, los primeros rebeldes comenzaron a configurar la que será la primera protesta contra el régimen militar, que si bien no tuvo un impacto masivo generó un precedente indispensable. De aquella tarde nació la comisión de los 25, el corazón de aquel movimiento obrero combativo, que comenzó con esta huelga olvidada.  

El 27 de abril de 1979 se realizó el primer paro nacional contra la última dictadura militar. El contexto de la represión ilegal hacia que la representación gremial estuviera “en pausa”. Lego de dos años de desapariciones, torturas y asesinatos, el Mundial de Fútbol de 1978 había generado una suavización de la situación, ya que los ojos del mundo se posaron en el país. Con este antecedente, aquel 1979 permitió que los gremios –ilegalizados por el gobierno de facto –retomaran cierta actividad.  La política económica comandada por el entonces ministro de Economía, José Martínez de Hoz, golpeaba de lleno a los asalariados y la clase trabajadora, que de apoco comenzaba a expresar su malestar. En ese caldo de cultivo comienza a gestarse la protesta.  Las consecuencias de esta política eran ya evidentes: destrucción industrial, pulverización del poder adquisitivo del salario, un crecimiento exponencial del endeudamiento externo, además de una persecución salvaje y criminal sobre delegados, dirigentes sindicales y militantes populares. “Hubo resistencia en el 76 y 77 con luchas sectoriales, hacías paro porque te anulaban los convenios colectivos, porque te aumentaban las horas de trabajo”, rememora Víctor De Gennaro, dirigente estatal y ex secretario general de la CTA y de la CTA Autónoma

Carlos Francisco Holubica ratifica que en aquella época “la política antinacional y anti-popular del régimen de facto golpeaba especialmente a la clase trabajadora y a sus organizaciones gremiales, con la intervención de la CGT y de numerosos sindicatos (especialmente los de mayor cantidad de afiliados), la disolución de las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas, el encarcelamiento de varios dirigentes (algunos fueron desaparecidos, como en los casos de Jorge Di Pasquale y Oscar Smith), además de la persecución, asesinato y desaparición de incontables delegados y activistas”. Ante esto, ese año se plantearon dos posiciones en el movimiento obrero: “por un lado, un agrupamiento denominado Comisión Nacional del Trabajo (CNT), que reunía a los partidarios de la negociación con la dictadura; por el otro, la llamada Comisión de los 25, dispuesta a enfrentar las políticas contra el pueblo trabajador, aún a riesgo de la libertad y hasta de la vida de sus integrantes”. Este segundo espacio decide salir a la calle pese al contexto, ante el avance del plan de ajuste. El 21 de abril de 1979, los 25 resolvieron convocar a una jornada de protesta nacional para el día 27 del mismo mes. “En inmediata y previsible respuesta, el Ministerio de Trabajo citó a los dirigentes identificados como miembros de esa comisión para someterlos a un interrogatorio sobre la medida de fuerza anunciada, luego de lo cual procedió a encarcelarlos”, recordó Holubica. Los detenidos fueron detenidos Saúl Ubaldini (cerveceros), Roberto García (taxistas), Roberto Digón (empleados de tabaco), Carlos Cabrera (mineros), Gerónimo Izzeta (municipales), Raúl Ravitti (ferroviarios), José Luis Castillo (conductores navales), José Rodríguez (mecánicos), Juan Carlos Crespi (petroleros), Rodolfo Soberano (molineros), Fernando Donaires (papeleros), Enrique Micó (vestido), Alberto Campos (metalúrgico), Jorge Luján (obreros del vidrio), Demetrio Lorenzo (alimentación), Víctor Marchese (calzado), Benjamín Caetani (aceiteros), Natividad Serpa (obras sanitarias) y Delmidio Moret (Luz y Fuerza). Pese a esto, el 24 un comité ratificó la huelga general desde la clandestinidad, logrando una fuerte repercusión nacional e internacional por tratarse de la primera protesta pública y masiva contra la dictadura.

Protagonistas de la jornada  

En la previa al paro, los dirigentes apresados fueron puestos en libertad. El juez Norberto  Giletta, siniestro emblema de la justicia del régimen dictatorial, pidió hasta diez años de prisión para los referentes de la protesta, pero la movilización nacional y la campaña de apoyo internacional evitó cualquier sentencia. Así se llegó a la jornada. La Comisión Nacional del Trabajo (CNT) se despegó del paro, y mediante un comunicado fijó postura: “Exhortarán a sus representados a trabajar normalmente de acuerdo con la posición tomada por la CNT”. Pero la dirigencia combativa siguió adelante. Con ellos, junto a decenas de miles de protagonistas anónimos de ese día, el movimiento sindical ratificó su resistencia a la dictadura genocida. “Estaba dividido el movimiento obrero. La Comisión de los 25 tenía gremios intervenidos y no intervenidos. “Lanza el paro del 27 de abril del 79, ese paro fue la nacionalización del conflicto y a partir de ahí empieza a caer Martínez de Hoz - primer Ministro de Economía de la dictadura - y ahí se produce un cambio importante. Empiezan a aparecer las regionales y en el 80 surge la CGT Brasil, que es otra cosa. Ahí nombramos a Ubaldini”, explicó sobre esa interna De Gennaro.

Saúl Edolver Ubaldini nació el 29 de diciembre de 1936 en el barrio de Mataderos y, en 1972 -el año del primer retorno del ex presidente Juan Domingo Perón al país-, fue elegido secretario de la Federación Obrera Cervecera Argentina (FOCA), luego de haber trabajado en la Fábrica de Levaduras. Ubaldini pasó directamente de la Federación Cervecera a ocupar la referencia principal de la Comisión de los 25, en 1979, y luego de la CGT Brasil. En diciembre de 1978 Saúl Ubaldini fue el encargado de leer un discurso extenso en una cena realizada por un grupo de dirigentes que decidieron presentar una plataforma de acción del movimiento sindical contra la dictadura militar que gobernaba el país. Esa constituyó su “presentación formal” en la escena político gremial nacional en pleno contexto represivo y de disciplinamiento político y económico del movimiento obrero. Desde la cárcel, Ubaldini fue testigo del paro que paralizó industrias del conurbano e interior del país, además de los ferrocarriles Mitre, Roca y Sarmiento. Fue la primera huelga nacional contra el gobierno militar. El dirigente fue liberado en julio de ese mismo año.

El día del paro, la calle dio su veredicto respecto a la protesta. El cinturón industrial de Buenos Aires y los principales centros del interior fueron paralizados o, por lo menos, perdieron su normalidad. Fábricas enteras que ya habían visto caer a sus comisiones internas, como Celulosa Argentina, Chrysler, Mercedes Benz, Águila Saint, Peugeot, Citroën, La Cantábrica, centenares de plantas y talleres de Avellaneda y Lanús, de La Matanza, Morón y Moreno, de Campana y Zarate, de Ensenada y Berisso, de Córdoba, Rosario y Santa Fe se paralizaron. Pararon el Roca, el Mitre y el Sarmiento. Pese al ataque de la dictadura, que incluyó una fuerte campaña mediática contra la protesta y sus protagonistas, el paro se hizo sentir en todo el país. En este sentido, la emdida actuó en forma contraria al mundial. Si en 1978 la población sintió “algo de normalidad” por la Copa de Mundo, en 1979 el movimiento obrero devolvió a la sociedad a la realidad: Un gobierno de facto que afectaba gravemente sus condiciones de vida.

Impacto y represión

El primer paro no alcanzó para cambiar la dirección de la economía argentina de esos días. Tampoco frenó la represión. Pero tuvo un efecto movilizador entre las bases trabajadoras. A partir de eso, el gran Buenos Aires, Córdoba y en menor medida Rosario fueron las zonas de mayor conflictividad contra la dictadura. Los trabajadores ferroviarios, metalúrgicos y de las automotrices fueron los mayormente involucrados, que a su vez fueron los que protagonizaron el mayor número de tomas en los años 1979-1980.  La respuesta represiva no se hizo esperar. : La dictadura declaró el paro ilegal, detuvo a los principales dirigentes de la Comisión de los 25 antes y durante la medida, y se produjeron cerca de 3 mil detenidos, incluyendo severa represión en ciudades como Mendoza y Rosario. En tanto, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires (DIPPBA) elaboró un legajo de dos tomos que comprende los días previos a la jornada, los preparativos y las detenciones de los principales dirigentes de los gremios, las repercusiones periodísticas y los balances del saldo de la protesta realizada el 27 de abril de 1979, según consta en la Comisión Provincial de la Memoria.

En definitiva, el paro rompió con la aparente inmovilidad social, demostrando que la dictadura no tenía el control total, lo que marcó un inicio de la resistencia sindical. Además consolidó la reorganización sindical, ya que la medida fomentó el surgimiento de un sector sindical combativo, antecedente directo de la CGT Brasil, opuesto al sector dialoguista. “La que se registró el día 27 de abril de 1979, generó un espacio de expresión para canalizar de forma colectiva reclamos de toda índole y desde todas las posiciones fueran de base u orgánicas”, aseguró la investigadora platense Blanca Molina. Fue además “la primera expresión colectiva de un sector en contra de la dictadura”. “Es un acontecimiento histórico que permite visibilizar las luchas que realizó la clase trabajadora durante el régimen, que produjo un quiebre en el ‘silenzio stampa’ en tiempos del Proceso de Reorganización Nacional, el período más brutal de la historia argentina”, concluyó.