No la ven: según datos de la propia la UIA, el 40% de las firmas industriales redujo su producción y ventas

Son datos del Monitor de Desempeño Industrial (MDI) de la entidad, que marcan el impacto del modelo “anti industrial” del gobierno nacional sobre el sector productivo. Pese a esto, la dirigencia apoyó al oficialismo en la cumbre anual de la OIT.

Por Diego Lanese

Redactor de Data Gremial

Martes, 09 de junio de 2026 10:00

En el marco de la asamblea anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el fin de semana hubo intensos cruces entre la delegación gremial argentina y los representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA). La cámara patronal elogió la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, en la exposición realizada por el presidente de la entidad, Martín Rappallini. De inmediato, le contestó el dirigente de la UOCRA y representante de la CGT Gerardo Martínez, que dijo que laye es “propatronal”. La tensión entre las partes viene creciendo a medida que se implementa la ley, cuya reglamentación sorprendió por la profundidad de los cambios. El apoyo de la UIA al modelo libertario se contradice con datos del sector, que viene sufriendo una caída de la actividad.

Así lo confirmó el reciente informe del Monitor de Desempeño Industrial (MDI) de la entidad, que si bien mostró una “leve mejora en abril”, la comparación interanual empeoró y el sector sigue sin encontrar la recuperación.

El indicador se ubicó en 43,5 puntos, con un alza de 7 puntos porcentuales frente al primer trimestre de 2026, pero desde la entidad advirtieron que esa mejora responde a “la baja base de comparación generada por la estacionalidad de enero”. Contra abril de 2025, la caída fue de 2,2 puntos. Los datos muestran que las empresas del rubro siguen retrocediendo en materia de producción, lo que impacta en el nivel de empleo. Así, casi la mitad de las firmas experimentó una baja en las ventas al mercado interno, y un 30 por ciento redujo exportaciones.

Los datos del infirme de la UIA contrastan con la defensa que hizo su presidente en la OIT, no sólo de la Ley de Modernización Laboral sino del modelo en su conjunto. Los resultados negativos predominaron en las principales variables, dice el monitor: “cuatro de cada diez industrias relevadas marcó un retroceso en su producción y ventas”. En tanto, el 38 por ciento de las empresas “reportó una caída en su producción, mientras que el 45,5 por ciento sufrió una baja en las ventas internas y el 30,4 por ciento en las exportaciones”. Las micro y pequeñas empresas fueron las más afectadas: el 43,9 por ciento registró caídas en su producción y el 52,8 por ciento en sus ventas.

El empleo también mostró señales de debilidad. Según el reporte, al que tuvo acceso Data GremialEl 22,4 por ciento de las firmas redujo su dotación de personal, el tercer valor más elevado de toda la serie histórica”. Entre las empresas que ajustaron, el 35,1 por ciento también redujo turnos, el 21,3 por ciento adelantó vacaciones y el 14,3 por ciento suspendió trabajadores. Hacia adelante, “el pesimismo en materia de contratación (24 por ciento) supera al optimismo (20,2 por ciento)”.

La situación financiera se deterioró: el 44,9 por ciento de las empresas tuvo problemas para pagar íntegramente salarios, proveedores, servicios públicos o impuestos. El pago de impuestos (33,8 por ciento) y a proveedores (32,2 por ciento) fueron las principales dificultades, mientras que el aumento del endeudamiento (36,3 por ciento) y el pago de intereses (33,9 por ciento) aparecen como las consecuencias más graves. “La caída de la demanda es la principal preocupación del sector (49,7 por ciento), seguida por el aumento de costos (21,3 por ciento) y las materias primas e insumos nacionales (20,9 por ciento)”, alertó la entidad industrial. Además, crece “la dificultad para competir frente a los bienes importados (15,6 por ciento)”, un reclamo que la UIA le ha transmitido al gobierno en distintas ocasiones. Las expectativas “se recortan” y aumenta la percepción de deterioro: “el 57,7 por ciento de las empresas percibe un empeoramiento a nivel empresarial y el 65,4 por ciento a nivel nacional”.

Apenas el 17,8 por ciento de las firmas dijo estar mejor que el año pasado, mientras que disminuyó la proporción de las que prevén una mejora futura, tanto a nivel país como a nivel empresarial.

Adaptarse a la crisis

Los datos negativos admitidos por la propia UIA son la punta de un drama que se repite en todo el país. En las distintas provincias se van dando ejemplos de cómo la retracción de la actividad industrial obliga al cierre de empresas emblemáticas, el despido de personal y la situación de crisis que sigue creciendo. En este panorama, ni la reconversión parece alcanzar.

La histórica fabrica de termos Lumilagro atraviesa una profunda reconversión productiva que impactó de lleno en el empleo. Tras una caída del 50 por ciento en las ventas, la firma redujo su planta laboral, despidió a 170 trabajadores y modificó su esquema de producción: ahora importa componentes desde Asia y fabrica parte de sus productos en el exterior.

El cambio más significativo fue el traslado de parte de la producción al exterior. La empresa dejó de fabricar las ampollas de vidrio en Argentina y ahora las importa desde India y Vietnam. Además, gran parte de los termos de acero que comercializa la marca se producen actualmente en China. Desde la compañía señalan que el nuevo esquema responde a una combinación de factores: la caída del consumo, el aumento de costos productivos y la competencia con productos importados, que según la firma se incrementó en el último tiempo.

Este es un caso emblemático de cómo se intenta “capear” la crisis a través de estas reconversiones, que no alcanzan a frenar la situación. Un empresario cordobés, único fabricante provincial en su rubro de artículos para el hogar, describió un escenario crítico: ya debió despedir a 35 trabajadores y anticipa que podría desvincular a otros 25 en los próximos meses.

La crisis productiva que atraviesa Córdoba se refleja en el testimonio de un industrial local que, en los últimos seis meses, despidió a 35 trabajadores y advierte que podría desvincular a otros 25 para adecuar su estructura a la caída de la actividad. La empresa, única fabricante provincial en su rubro de artículos para el hogar, pasó de tener más de 100 empleados a operar con apenas 65. Según el empresario, la industria enfrenta una combinación de factores que conforman una “tormenta perfecta”: la apertura de importaciones, el crecimiento de plataformas internacionales de comercio electrónico y el aumento del contrabando. Esta competencia, asegura, dificulta la supervivencia de las fábricas nacionales, que deben afrontar costos laborales, impuestos y regulaciones que no alcanzan a muchos de sus competidores.

Más tensión

En tanto, la relación de los gremios con los empresarios industriales tendrá un nuevo capítulo en la inminente disputa por los nuevos convenios colectivos. La Secretaría de Trabajo comenzará a convocar a gremios y cámaras empresarias para renegociar unos 150 convenios acuerdos, en el marco de la reglamentación de la norma. La CGT advierte que la medida busca “debilitar derechos laborales, promover acuerdos por empresa y avanzar sobre uno de los pilares históricos del modelo sindical argentino”.

En este contexto, se deberán ver las caras nuevamente con la UIA, en un contexto donde no hay neutralidad: el pasado de Julio Cordero como hombre del grupo Techint lo hace cercano a las posturas empresariales. La medida fue habilitada a través del decreto 407 y marca el inicio de una etapa que promete intensos debates entre sindicatos, cámaras empresarias y el propio Estado.

Desde el gobierno sostienen que la actualización permitirá incorporar nuevas modalidades laborales y adaptar los convenios a las transformaciones tecnológicas y productivas. Otro de los aspectos que genera mayor preocupación en el sindicalismo es la posibilidad de fortalecer la negociación colectiva a nivel de empresa o región, otorgándole incluso prioridad frente a los convenios de actividad en determinados casos.

La reglamentación también incorpora cambios en materia de representación sindical. Entre ellos, reduce los requisitos de afiliación necesarios para disputar la personería gremial dentro de una empresa, una medida que numerosos dirigentes interpretan como un intento de fomentar sindicatos de empresa y fragmentar la representación de los trabajadores. Todas estas son medidas celebradas por los industriales, pese a la sensible baja en la actividad, que pone a muchas firmas en serias dificultades en el futuro próximo.

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