El segundo año de la gestión de Javier Milei profundizó la crisis industrial, con datos que alarman. En momentos que la gestión libertaria asegura que la reforma laboral traerá nuevos empleos, en sector productivo vive momentos de zozobra, y cerró el 2025 con cifras realmente espeluznantes. Dos datos oficiales oficializan este panorama: El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) y la capacidad instalada de la industria nacional. Ambos indicadores fueron difundidos esta semana por el INDEC, y dejan ver la crisis generada por el “industricidio”, con epicentro de la provincia de Buenos Aires.
Esta semana, el INDEC, que está en una etapa de descrédito por la manipulación del IPC, emitió el IPI, que confirma la tendencia a la baja de la industria. Los datos oficiales mostraron que la producción industrial registró “una caída interanual del 3,9 por ciento respecto a diciembre del 2024 y se ubicó levemente por debajo del mes de noviembre (0,1 por ciento sin estacionalidad; y 0 por ciento la tendencia), dejando de caer mensualmente luego de varios meses consecutivos de comportamiento negativo”. En términos sectoriales, recalcó el trabajo, “10 de los 16 sectores que componen el índice cayeron interanualmente”.
Las caídas más pronunciadas se registraron en productos textiles (-25,7 por ciento interanual) y vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes (-21,6 por ciento). Con estos datos, 2025 cerró con un leve crecimiento de 1,6 por ciento aunque se ubicó un 9,6 por ciento por debajo del año 2022. En resumen, el organismo oficial indicó que la variación mensual desestacionalizada fue en diciembre último de -0,1 por ciento, la variación interanual (respecto al mismo mes del año anterior) de -3,9 por ciento y en el acumulado de 2025 el IPI manufacturero exhibió una mejora del 1,6 por ciento en comparación al año previo.
Máquinas paradas
Otro dato que preocupa está vinculado con la capacidad instalada industrial. Según el propio INDEC, durante diciembre del año 2025 tan solo llegó al 53,8 por ciento, mientras que un año antes había sido de 56,7 por ciento. En ese contexto, cabe mencionar que en noviembre de 2025 había constituido un 57,7 por ciento. En su informe ejecutivo, el INDEC dice: “la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubica en 53,8 por ciento en diciembre, nivel inferior al del mismo mes de 2024, que fue de 56,7 por ciento”. En diciembre de 2025, respecto al mismo mes de 2024, “la principal incidencia negativa se observa en la industria metalmecánica excepto automotores, que presenta un nivel de utilización de la capacidad instalada de 38,9 por ciento, inferior al registrado en diciembre de 2024 (45,7 por ciento), que se vincula, principalmente, con los menores niveles de producción de aparatos de uso doméstico y de maquinaria agropecuaria”.
Según datos del índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero), “la fabricación de aparatos de uso doméstico cae interanualmente 43,0 por ciento y la fabricación de maquinaria agropecuaria registra una disminución de 22,9 por ciento para la misma comparación”. “La industria automotriz muestra en diciembre un nivel de utilización de la capacidad instalada de 31,2 por ciento, inferior al del mismo mes de 2024 (44,2 por ciento), relacionado a la menor cantidad de unidades fabricadas por las terminales automotrices” reseñan.
Panorama desalentador
Con dólar atrasado, tarifas de servicios públicos en alza, salarios deprimidos y tasas de interés elevadas, el incentivo que ofrece la política económica resulta claro: importar es más rentable que producir. El resultado es una reforma empresaria de hecho, que transforma fábricas en depósitos, obreros calificados en desocupados y ciudades industriales en territorios en retroceso. Lejos de ser episodios aislados, los casos de Whirlpool, Lumilagro, Ilva, Cramaco, Kenvue y muchos otros configuran un patrón que profundiza la desindustrialización y genera un escenario cada vez más dramático para el empleo y el entramado productivo nacional.
A fines de 2025, la multinacional Whirlpool anunció que dejará de fabricar lavarropas en su planta de Pilar, inaugurada en 2022, y despidió a 220 trabajadores. La empresa mantuvo una estructura reducida dedicada a ventas, importaciones y servicio técnico, pero abandonó el proyecto industrial. Explicaron su decisión por la caída del consumo en el mercado interno, el aumento de costos y la competencia de productos importados más baratos, una combinación de factores que se repite en casi todos los casos recientes. En la misma línea se ubicaron Electrolux, que aplicó un esquema de suspensiones rotativas, y Mabe, que inició un proceso de reorganización que incluyó retiros voluntarios y el cierre de su fábrica en Córdoba, ahora reconvertida en depósito y centro de distribución.