La industria metalúrgica argentina cerró febrero con una caída interanual del 10,3 por ciento en la producción y con una utilización de la capacidad instalada del 40,2 por ciento, el nivel más bajo en cuatro años, según informó la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA). En el acumulado del primer bimestre de 2026, el sector registró una baja del 8,2 por ciento, con lo que la actividad se ubica actualmente un 17,9 por ciento por debajo de sus máximos recientes. “Seis de cada 10 máquinas están paradas”, sintetizó el presidente de la cámara, Elio Del Re, al describir la magnitud de la crisis. El diagnóstico es contundente: ninguna de las ocho ramas del sector registró números positivos en el período, y ninguna provincia con tradición metalúrgica escapó a la tendencia.
La caída es transversal a toda la cadena productiva. Los subsectores más golpeados en febrero fueron Fundición (-15 por ciento), Bienes de Capital (-14,6 por ciento) y Autopartes (-12 por ciento), seguidos por Equipamiento Médico (-11,6 por ciento), Equipo Eléctrico (-10,2 por ciento) y Otros Productos de Metal (-9,7 por ciento). Las cadenas de valor vinculadas a la industria automotriz cayeron 12,8 por ciento, las de consumo final 10,1 por ciento y las de construcción 9,5 por ciento.
Geográficamente, Buenos Aires registró la mayor contracción (12,9 por ciento), seguida por Córdoba (11,9 por ciento), Mendoza (10,2 por ciento) y Entre Ríos (9,8 por ciento). La provincia de Buenos Aires, que concentra más del 30 por ciento de la producción industrial nacional, acumula además el cierre de más de 5.600 empresas y la destrucción de más de 62 milempleos registrados desde noviembre de 2023.
Empleo metalúrgico
El impacto sobre el empleo metalúrgico a nivel nacional ya es grave y amenaza con empeorar. Según Del Re, el sector perdió 17 mil puestos de trabajo en el sector, con empresas que “comenzaron a despedir fuertemente” y otras que optaron por suspensiones. La UOM de Rosario, por su parte, alertó que entre 300 y 400 nuevos puestos podrían perderse en esa región antes de abril, con la línea blanca como el segmento más amenazado. El secretario general de esa seccional, Antonio Donello, señaló que muchos trabajadores aceptan retiros voluntarios o acuerdos de indemnización impulsados por el miedo a las nuevas leyes laborales o por deudas, mecanismos que en los hechos encubren despidos.
Detrás del derrumbe productivo se combinan dos factores estructurales: el desplome del mercado interno y la apertura indiscriminada de las importaciones. Las importaciones de productos metalúrgicos se encuentran en niveles históricamente altos y crecen, en promedio, a una tasa mensual del 3,5 por ciento desde mediados de 2024, con China, Brasil y Estados Unidos como principales orígenes de los productos que entran al país. En ese contexto, Del Re advirtió que “la fuerte retracción del mercado interno está impactando directamente sobre la producción y deteriorando la rentabilidad de muchas empresas del sector”, en un escenario donde la demanda interna se encuentra, según explicó, en “caída libre”.
Mal pronóstico
Las perspectivas para los próximos meses no generan optimismo. Seis de cada diez compañías no esperan mejoras en la producción durante los próximos tres meses, lo que refleja el pesimismo empresario y la ausencia de señales concretas de recuperación. En ese marco, el secretario de la UOM Rosario trazó un paralelo histórico que resume la gravedad de la situación: “Quienes tenemos ya bastante años debemos recordar que esto ya lo vivimos, pasamos de tener 250 mil afiliados a 55 mil en la época de Menem”.
La comparación remite al ciclo de desindustrialización de los años noventa y pone en perspectiva el riesgo de que la política económica del gobierno de Javier Milei deje secuelas estructurales similares sobre el tejido industrial y el empleo metalúrgico.