Después de un intenso periodo de discusión, los trabajadores de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) acordó con las cámaras empresarias del sector nuevos incrementos salariales para los Convenios Colectivo de Trabajo 122/75 (clínicas, sanatorios, geriátricos y neuropsiquiátricos), 108/75 (centros de diagnóstico y establecimientos sin internación) y el 103/75 (hospitales de comunidad).
El acuerdo imparte nuevas subas acumulativas en el salario básico y se liquidará en tres tramos: el 3,7% en junio, un 2% en julio y un 1,6% en agosto. Además otorgará asignaciones no remunerativas fijas, ya que se incorporará un bono mensual complementario de $90.000 en junio, $90.000 en julio y descenderá a $80.000 en agosto.
Por otro lado, el entendimiento incluye un blanqueo y una reestructuración en agosto, debido a que se agregarán $12.000 de forma directa al salario básico de la categoría más baja del convenio, aplicándose de manera proporcional al resto del escalafón técnico y administrativo, por lo que se absorberá $10.000 de la suma no remunerativa previa.
Desde el gremio sanitario que encabeza Javier Pokoik, destacaron que la obtención de los incrementos “sólo fue posible gracias a la fuerza de la organización sindical y a la unidad de todos los trabajadores de Sanidad”.
¿Cómo quedaron las escalas?
Dentro del convenio 122/75, el de los trabajadores de sanatorios, establecimientos geriátricos y sanatorios privados de neuropsiquiatría, los bioquímicos, nutricionistas, farmacéuticos y kinesiólogos percibirán por agosto $1,5 millones.
En el 108/75, que comprende a los empleados de institutos médicos y odontológicos sin Internación; laboratorios biológicos y de análisis clínicos, rayos X, o similares, los profesionales bioquímicos, nutricionistas y kinesiólogos cobrarán una remuneración de $1,5 millones en agosto, mientras que los trabajadores de Primera Categoría, percibirán $1,4 millones.
Y en el 103/75, el de los hospitales de comunidad, a un cabo enfermero profesional le abonarán en agosto $1,4 millones, en tanto, un enfermero profesional, $1,3 millones.
Un acuerdo que demoró
Durante la negociación, los representantes del gremio cuestionaron que “nuevamente, los empresarios de la salud les niegan a las trabajadoras y los trabajadores de sanidad un aumento justo”, al tiempo que consideraron que la anterior fue una “propuesta vergonzosa”, por lo que enfatizaron que “no vamos a aceptar extorsiones ni salarios de miseria”.
Las cámaras patronales de los sanatorios, clínicas privadas, institutos con internación, geriátricos, hospitales de comunidad y laboratorios de diagnóstico justificaron la demora al apelar a la desorganización financiera originada por por el retraso en los valores que perciben de los grandes financiadores del sistema, como la medicina prepaga y el PAMI.
Sin embargo, los representantes gremiales desacreditaron de plano que la crisis sectorial se utilizara para licuar los ingresos del personal y ratificaron que los reclamos de financiamiento debían dirigirse a las obras sociales y prepagas, sin convertir a los salarios en la variable de ajuste.
El estancamiento mantuvo congeladas las planillas de los trabajadores desde marzo de 2026, lo que empujó a la organización gremial a endurecer su posición para forzar una oferta superadora.